{"id":3366,"date":"2025-11-03T18:10:48","date_gmt":"2025-11-03T18:10:48","guid":{"rendered":"https:\/\/hueleaazufre.com\/wordpress_a\/?p=3366"},"modified":"2025-11-03T18:10:48","modified_gmt":"2025-11-03T18:10:48","slug":"mali-el-relato-como-campo-de-batalla-jnim-y-la-disputa-por-la-hegemonia-mediatica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hueleaazufre.com\/wordpress_a\/index.php\/2025\/11\/03\/mali-el-relato-como-campo-de-batalla-jnim-y-la-disputa-por-la-hegemonia-mediatica\/","title":{"rendered":"Mal\u00ed: el relato como campo de batalla. JNIM y la disputa por la hegemonia medi\u00e1tica"},"content":{"rendered":"<p><strong>El avance del JNIM en Mal\u00ed no s\u00f3lo refleja la violencia del terrorismo sino la l\u00f3gica del neocolonialismo contempor\u00e1neo: potencias que fabrican el caos, financian el desorden y luego lo administran. Mientras los medios occidentales instalan la narrativa del miedo, el pueblo maliense intenta recuperar su voz, su territorio y su verdad.<\/strong><\/p>\n<blockquote>\n<p class=\"wp-block-heading\"><em>\u00a0\u201cEl terrorismo en \u00c1frica no surge del vac\u00edo: es la herramienta m\u00e1s eficaz del neocolonialismo contempor\u00e1neo.\u201d<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>El avance del Jama\u2019at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM) en Mal\u00ed no puede comprenderse sin reconocer la trama geopol\u00edtica que lo sostiene. Lejos de ser un fen\u00f3meno espont\u00e1neo o puramente religioso, el auge del yihadismo en el Sahel responde a una estrategia hist\u00f3rica de las potencias occidentales: crear, financiar y mantener estructuras de caos controlado que aseguren su dominio econ\u00f3mico, militar y simb\u00f3lico sobre \u00c1frica. Los mismos actores que dicen combatir el terrorismo \u2014Estados Unidos, Francia, la OTAN y sus socios del Golfo\u2014 han sido los principales beneficiarios de ese desorden, usando a grupos como JNIM o Al Qaeda como instrumentos para mantener abiertas las venas coloniales del continente.<\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Terrorismo inducido y econom\u00eda del caos<\/strong><\/h2>\n<p>El auge de JNIM y de las franquicias de Al-Qaeda en el Sahel no es un fen\u00f3meno espont\u00e1neo: es el resultado de una arquitectura del caos montada tras la destrucci\u00f3n del Estado libio en 2011, que liber\u00f3 armas, combatientes y rutas clandestinas hacia Mal\u00ed, N\u00edger y Burkina Faso. Paneles de expertos de la ONU documentaron desde 2012 el flujo sostenido de armamento y violaciones del embargo que \u201cderramaron\u201d inestabilidad hacia el Sahel, creando el ecosistema material en el que hoy se mueven los grupos yihadistas.<\/p>\n<p>En el plano humanitario, el costo es masivo y creciente. Para 30 de junio de 2025, los reportes operativos de ACNUR registran cientos de miles de personas desplazadas internamente y flujos de refugiados en y desde Mal\u00ed; las actualizaciones del segundo trimestre de 2025 confirman el deterioro en m\u00faltiples regiones por violencia y bloqueos. En paralelo, la propia p\u00e1gina pa\u00eds de ACNUR sit\u00faa el orden de magnitud en ~400.000 desplazados internos y ~334.000 refugiados malienses en el exterior. Estas cifras no son \u201cruido de fondo\u201d: son el resultado directo de la estrategia de guerra social de JNIM (hostigamiento de rutas, cierres de escuelas, presi\u00f3n sobre mercados y combustible).<\/p>\n<p>Los patrones de violencia confirman el salto cualitativo. Los partes regionales de ACLED para 2024-2025 describen picos de actividad y expansi\u00f3n a corredores antes \u201cmarginales\u201d, con ofensivas y acciones coordinadas que incluyen sabotaje log\u00edstico y ataques a convoyes (incluidos camiones cisterna) que sostienen la vida urbana \u2014un indicio claro de la guerra econ\u00f3micaque el grupo despliega para deslegitimar al Estado.<\/p>\n<p>Esa guerra econ\u00f3mica se monta sobre una econom\u00eda pol\u00edtica del conflicto: oro artesanal, contrabando transfronterizo, secuestros y tributaci\u00f3n coercitiva. La UNODC detalla c\u00f3mo el tr\u00e1fico de oro en el Sahel \u2014con Mali, Burkina y Mauritania como nodos\u2014 se ha convertido en vector central de ingresos il\u00edcitos para actores armados; la FATF (GAFI) y el CTED del Consejo de Seguridad subrayan el v\u00ednculo entre explotaci\u00f3n de recursos naturales y financiamiento del terrorismo, con esquemas que mutan r\u00e1pido y mezclan flujos locales y externos.<\/p>\n<p>En Mal\u00ed, el oro es el coraz\u00f3n de la ecuaci\u00f3n. La producci\u00f3n industrial cay\u00f3 32% interanual a 26,2 t a agosto de 2025 por el parate de Loulo-Gounkoto (Barrick) y tensiones regulatorias; al mismo tiempo, el segmento artesanal (fuente clave de rentas para intermediarios y grupos armados cuando el Estado no logra controlarlo) ronda unas 30 t anuales, seg\u00fan reportes de prensa y medidas recientes del gobierno para frenar accidentes y cerrar la brecha de seguridad en ese circuito. El choque entre declive industrial, presi\u00f3n artesanal y rutas il\u00edcitas crea un tri\u00e1ngulo perfecto para la captura de valor por actores violentos.<\/p>\n<p>La prensa maliense recoge el rostro cotidiano de esa estrategia: ataques y quema de cisternas en ejes Kayes-Bamako y Sikasso, checkpoints y amagos de \u201cblocus\u201d de carburante que paralizan ciudades y fuerzan a las FAMa a escoltar convoyes. Aun con desmentidas oficiales puntuales, la evidencia period\u00edstica local muestra una capacidad sostenida de interrupci\u00f3n log\u00edstica que impacta en escuelas, hospitales y abastecimiento urbano. El mensaje pol\u00edtico es transparente: sin gobernanza territorial ni soberan\u00eda econ\u00f3mica, la capital es vulnerable.<\/p>\n<p>El \u201cterrorismo\u201d en Mal\u00ed opera como dispositivo de disciplinamiento estructural: se alimenta de los escombros geopol\u00edticos de 2011, monetiza recursos (oro y corredores comerciales), y usa el bloqueo econ\u00f3mico para partir la legitimidad del Estado. El resultado \u2014desplazamiento, par\u00e1lisis, ca\u00edda productiva\u2014 no es un efecto colateral: es el objetivo de una econom\u00eda del caos que beneficia a intermediarios locales y a intereses externos que administran la inestabilidad.<\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La arquitectura financiera y geopol\u00edtica del terrorismo<\/strong><\/h2>\n<p>El terrorismo en el Sahel no sobrevive solo con fusiles. Se alimenta de una red financiera transnacional que combina contrabando, lavado de dinero, oro, hidrocarburos y cooperaci\u00f3n de actores estatales y privados que se mueven entre la legalidad y la sombra. Los informes del GAFI (2024) y del Centro de Contraterrorismo de la ONU (CTED) confirman que el financiamiento del JNIM y de sus ramas afines depende de tres pilares:<\/p>\n<p>1. Econom\u00edas il\u00edcitas locales (oro artesanal, tr\u00e1fico de ganado, secuestros, impuestos a rutas y comercio);<\/p>\n<p>2. Flujos regionales y externos desde redes del Golfo P\u00e9rsico y actores privados de seguridad;<\/p>\n<p>3. Tolerancia o connivencia de potencias occidentales que usan el terrorismo como instrumento de control geopol\u00edtico.<\/p>\n<p>En el caso de Mal\u00ed, el oro es el coraz\u00f3n del conflicto. La producci\u00f3n industrial cay\u00f3 32% en 2025, mientras la miner\u00eda artesanal \u2014dif\u00edcil de fiscalizar\u2014 aument\u00f3 su peso y se convirti\u00f3 en la principal fuente de ingresos para los grupos armados. La UNODC calcul\u00f3 que entre 30 y 40 toneladas de oro salen anualmente por canales no declarados, financiando redes de contrabando y estructuras armadas en el Sahel occidental. El pa\u00eds es el cuarto productor africano con exportaciones estimadas de unos 60 t anuales, aunque casi la mitad sale por canales no declarados. El oro artesanal, explotado en zonas como K\u00e9ni\u00e9ba, Yanfolila o Kangaba, genera ingresos paralelos que los grupos armados transforman en efectivo mediante contrabando hacia Senegal o Mauritania.<\/p>\n<p>A esto se suman los flujos financieros externos: fundaciones \u201ccaritativas\u201d del Golfo, contratistas occidentales en el sector minero y empresas de seguridad que operan en zonas grises. En varios casos, los mismos actores que proveen asistencia militar son los que controlan los contratos extractivos. La guerra se convierte as\u00ed en un modelo de negocio. La inestabilidad se transforma en una industria global, donde las potencias que dicen combatir el terrorismo son las que m\u00e1s se benefician de \u00e9l.<\/p>\n<p><em>En Mal\u00ed, el oro se ha convertido en el principal lubricante del conflicto.<\/em><\/p>\n<p>Informes de la UNODC de 2024 estiman que los grupos vinculados al JNIM pueden obtener entre 100 y 150 millones USD anuales de esa econom\u00eda informal, combinando \u201cimpuestos\u201d y control de rutas.<\/p>\n<p>El tr\u00e1fico de armas sigue otro circuito: proviene de los arsenales libios, pasa por N\u00edger y Argelia, y se redistribuye hacia el Sahel occidental. La OTAN, al desmantelar Libia en 2011, abri\u00f3 un corredor que sigue activo: un \u201cefecto boomerang\u201d del intervencionismo europeo.<\/p>\n<p>A ello se suma el factor financiero externo. Diversas investigaciones independientes \u2014incluyendo las de The Intercept y Middle East Eye\u2014 han se\u00f1alado financiamiento indirecto desde fundaciones y bancos del Golfo hacia redes isl\u00e1micas en \u00c1frica occidental. Los capitales pasan por fundaciones de caridad o proyectos de desarrollo que terminan filtrando dinero a mediadores tribales o religiosos vinculados a los grupos armados. En paralelo, contratistas de seguridad privados occidentales operan en zonas mineras estrat\u00e9gicas, muchas veces \u201csin registro p\u00fablico\u201d y con cobertura diplom\u00e1tica. En esos espacios grises, el terrorismo y la seguridad se confunden: un mismo circuito de dinero alimenta al enemigo y al contratista que cobra por combatirlo.<\/p>\n<p>As\u00ed, la \u201cguerra contra el terrorismo\u201d funciona como una industria multinacional. Las potencias que financian operaciones antiterroristas son, a la vez, beneficiarias del oro, el uranio y el petr\u00f3leo africanos. La inestabilidad no es un costo: es el modelo de negocio.<\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La narrativa occidental: fabricar el enemigo, borrar las causas<\/strong><\/h2>\n<p>Si el terrorismo es el cuerpo de la dominaci\u00f3n, los medios occidentales son su voz. Ning\u00fan sistema de poder subsiste sin relato, y el relato del Sahel se construye desde Par\u00eds, Londres o Washington, no desde Bamako o Gao. En los discursos de The Guardian, Reuters o Le Monde, el Sahel aparece como un territorio fallido y sin futuro, incapaz de sostenerse sin tutela extranjera. Esa narrativa reemplaza el an\u00e1lisis pol\u00edtico por la administraci\u00f3n del miedo.<\/p>\n<p>La prensa hegem\u00f3nica europea repite los mismos marcos desde hace dos d\u00e9cadas: \u201cterrorismo islamista\u201d, \u201cEstados fallidos\u201d, \u201cintervenci\u00f3n humanitaria\u201d. Detr\u00e1s de esa aparente neutralidad hay un proyecto ideol\u00f3gico: reinstalar la necesidad del control colonial bajo el disfraz de la seguridad global. Entre enero y septiembre de 2025, el 90 % de las notas publicadas por Reuters, Le Monde, BBC Africa y The Guardian sobre Mal\u00ed usaron las expresiones \u201cyihadistas\u201d, \u201cextremistas\u201d, \u201ccolapso\u201d o \u201cestado fallido\u201d. En cambio, menos del 8 % mencionaron t\u00e9rminos como \u201cneo-colonialismo\u201d, \u201ccontrol de recursos\u201d o \u201cinterferencia extranjera\u201d.<\/p>\n<p>La estad\u00edstica no es trivial: muestra que el lenguaje del miedo sustituye el an\u00e1lisis estructural.<\/p>\n<p>Mientras tanto, en los portales malienses, los titulares son distintos: \u00abBlocus du carburant: le pays \u00e0 l\u2019arr\u00eat\u00bb (Bloqueo de combustible: el pa\u00eds paralizado), \u00abLes djihadistes imposent la zakat sur les routes du Sud\u00bb (Los yihadistas imponen el zakat en las carreteras del sur), \u00abLes villages abandonn\u00e9s se r\u00e9organisent autour de la r\u00e9sistance\u00bb (Las aldeas abandonadas se est\u00e1n reorganizando en torno a la resistencia). All\u00ed no se habla de \u201cEstado fallido\u201d sino de pueblos resistiendo. La prensa africana \u2014Maliweb, L\u2019Essor, Sahel Tribune\u2014 presenta un relato que reconoce la gravedad del conflicto pero lo enmarca en una lucha por la soberan\u00eda. Las notas describen los bloqueos de combustible, la par\u00e1lisis urbana, los impuestos religiosos y la respuesta popular. No hablan de \u201ccolapso\u201d, sino de \u201cresistencia\u201d. En esa diferencia sem\u00e1ntica se juega la dignidad africana.<\/p>\n<p>Los medios occidentales omiten, adem\u00e1s, un detalle esencial: la expansi\u00f3n del JNIM coincide con la retirada francesa y la reducci\u00f3n de la presencia militar extranjera, y cada informe alarmista sobre el \u201cavance del extremismo\u201d se publica justo cuando la Confederaci\u00f3n del Sahel (Mal\u00ed-Burkina \u2013 N\u00edger) fortalece su cooperaci\u00f3n. El mensaje impl\u00edcito es claro: sin Occidente, \u00c1frica se hunde.<\/p>\n<p>El control de la narrativa medi\u00e1tica es, entonces, una forma de guerra psicol\u00f3gica. Se criminaliza la independencia africana y se santifica la injerencia extranjera. Se convierte al terrorismo en enemigo \u00fatil y al soberano africano en villano autoritario.<\/p>\n<p>As\u00ed se produce lo que Achille Mbembe llam\u00f3 \u201cla administraci\u00f3n del miedo\u201d: un r\u00e9gimen discursivo que paraliza la imaginaci\u00f3n pol\u00edtica africana y legitima la vigilancia permanente sobre el continente.<\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Voces del Sahel y soberan\u00eda informativa: reconstruir la realidad desde adentro<\/strong><\/h2>\n<p>En el coraz\u00f3n del\u00a0<a href=\"https:\/\/noticiaspia.com\/confederacion-de-estados-del-sahel-herramienta-o-futuro-africano-para-la-descolonizacion\/\">Sahel<\/a>, la guerra contra JNIM tambi\u00e9n se libra en el terreno de la informaci\u00f3n. Los medios locales, comunicadores populares y el propio Estado maliense disputan el derecho a narrar su historia sin intermediarios coloniales. All\u00ed, medios locales, comunicadores populares y el propio Estado maliense libran una guerra simb\u00f3lica por recuperar el derecho a nombrar su realidad sin filtros coloniales.<\/p>\n<p>En Maliweb.net, las cr\u00f3nicas del 2025 describen con detalle los bloqueos de combustible, la quema de camiones cisterna y el impacto directo de la guerra en la vida civil: escuelas cerradas, mercados vac\u00edos, mujeres obligadas a caminar kil\u00f3metros para encontrar gasoil o alimentos. No es una ret\u00f3rica alarmista, sino un retrato de un pa\u00eds que enfrenta una guerra econ\u00f3mica y psicol\u00f3gica planificada, donde el enemigo no s\u00f3lo dispara, sino que impide que la naci\u00f3n respire.<\/p>\n<p>La cobertura no idealiza al Estado, pero se aparta del fatalismo occidental: habla de una sociedad que se reorganiza desde abajo, que improvisa estructuras comunitarias y que sostiene la moral de resistencia pese a la asfixia. Los peri\u00f3dicos estatales, como L\u2019Essor o los boletines de la Agence Malienne de Presse et de Publicit\u00e9 (AMAP), adoptan una narrativa de defensa nacional. Informan sobre operaciones del ej\u00e9rcito (FAMa), homenajes a las v\u00edctimas, cooperaciones regionales y acuerdos con socios estrat\u00e9gicos como Rusia o Burkina Faso.<\/p>\n<p>Su discurso subraya la idea de reconstrucci\u00f3n soberana: un pa\u00eds en guerra no s\u00f3lo contra el terrorismo, sino contra la dependencia. \u201cControlar la informaci\u00f3n es tambi\u00e9n defender el territorio\u201d, sintetiz\u00f3 un editorial de L\u2019Essor en septiembre de 2025, en referencia a la expulsi\u00f3n de France 24 y RFI.<\/p>\n<p>El gobierno de Assimi Go\u00efta comprende que la comunicaci\u00f3n es una trinchera pol\u00edtica. Las potencias occidentales moldearon durante d\u00e9cadas la imagen de Mal\u00ed como un Estado fallido, y hoy \u2014ante el intento de emancipaci\u00f3n pol\u00edtica y militar\u2014 despliegan una guerra informativa para reinstalar la narrativa del caos.<\/p>\n<p>Frente a esa ofensiva, Bamako apuesta por una estrategia de soberan\u00eda medi\u00e1tica: fortalecer medios nacionales, promover una prensa regional alineada con la Confederaci\u00f3n del Sahel y tejer redes informativas con pa\u00edses que comparten la ruptura con el viejo orden colonial.<\/p>\n<p>Las cifras acompa\u00f1an este viraje. En 2025, el Estado maliense destin\u00f3 m\u00e1s del 2 % de su presupuesto p\u00fablico a comunicaci\u00f3n estrat\u00e9gica y medios p\u00fablicos, duplicando el gasto de 2022. Paralelamente, los acuerdos con Rusia y China incluyen infraestructura de telecomunicaciones y programas de formaci\u00f3n de periodistas africanos. Se trata de reconstruir la infraestructura simb\u00f3lica del pa\u00eds, tanto como la material.<\/p>\n<p>Esta pol\u00edtica comunicacional \u2014criticada por ONG europeas como \u201ccensura\u201d\u2014 es entendida en el Sahel como una forma de autodefensa cognitiva. No se trata de silenciar disensos, sino de romper la dependencia narrativa de agencias como AFP o Reuters, cuya cobertura sigue sirviendo a los intereses econ\u00f3micos y militares de sus gobiernos.<\/p>\n<p>En esa direcci\u00f3n, medios como L\u2019Essor, Sahel Tribune o Radio Mali desempe\u00f1an hoy un rol doble: informan sobre el frente interno, pero tambi\u00e9n reconstruyen la legitimidad simb\u00f3lica de un Estado que hab\u00eda sido reducido al silencio. Las radios rurales, por su parte, han asumido una tarea pedag\u00f3gica: explicar a la poblaci\u00f3n los objetivos del gobierno, desmontar rumores y combatir el miedo que propagan tanto los grupos armados como la prensa occidental.<\/p>\n<p>Esa revoluci\u00f3n medi\u00e1tica africana forma parte del mismo proceso que encabezan los gobiernos de transici\u00f3n en\u00a0<a href=\"https:\/\/noticiaspia.com\/mali-burkina-faso-y-niger-la-triada-anticolonial-del-sahel\/\">Mal\u00ed, Burkina Faso y N\u00edger<\/a>, unidos en la Confederaci\u00f3n de Estados del Sahel. All\u00ed la soberan\u00eda no se mide s\u00f3lo por el control del oro o de las fronteras, sino por la capacidad de nombrar el mundo con voz propia.<\/p>\n<p>La prensa del Sahel no es un simple instrumento del poder: es una herramienta de emancipaci\u00f3n pol\u00edtica y cultural, heredera del esp\u00edritu de Thomas Sankara y de la palabra panafricanista de Patrice Lumumba. Al devolver al pueblo la posibilidad de reconocerse en su propia narrativa, los Estados del Sahel est\u00e1n reescribiendo la historia reciente de \u00c1frica, una historia donde el silencio impuesto por Occidente deja paso a la afirmaci\u00f3n de la identidad y la verdad africanas.<\/p>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>La independencia del siglo XXI se escribe en el Sahel<\/strong><\/h2>\n<p>Mal\u00ed no est\u00e1 solo enfrentando una organizaci\u00f3n terrorista: est\u00e1 enfrentando el modelo global que produce y administra el caos. El JNIM, Al Qaeda y las m\u00faltiples c\u00e9lulas que operan bajo su bandera no son causas, sino s\u00edntomas de un sistema mundial que necesita el desorden para sobrevivir. All\u00ed donde un Estado africano intenta liberarse, aparecen las armas, el hambre o la \u201ccrisis humanitaria\u201d como herramientas de castigo.<\/p>\n<p>La resistencia del Sahel \u2014liderada por Mal\u00ed, Burkina Faso y N\u00edger\u2014 es, en ese sentido, la primera revoluci\u00f3n anticolonial del siglo XXI. Ya no se trata de expulsar soldados, sino de desarmar los mecanismos invisibles del dominio: la deuda, la propaganda, el miedo. En un contexto donde la dominaci\u00f3n ya no se impone s\u00f3lo por ca\u00f1ones, sino por narrativas y algoritmos, la independencia debe ser tambi\u00e9n epistemol\u00f3gica y comunicacional.<\/p>\n<p>La lucha de Mal\u00ed es doble: territorial y simb\u00f3lica. En el plano militar, enfrenta una guerra h\u00edbrida donde los enemigos son tanto los grupos armados como las potencias que los sostienen. En el plano medi\u00e1tico, combate la colonizaci\u00f3n del sentido, la idea fabricada de que \u00c1frica s\u00f3lo existe en el relato de otros. Cada titular europeo que anuncia \u201cel colapso del Estado maliense\u201d es una bala m\u00e1s en esa guerra semi\u00f3tica que busca negar el derecho del pueblo africano a autodefinirse.<\/p>\n<p>Las cifras reflejan la magnitud de esa disputa: m\u00e1s de 7.000 muertos y 2 millones de desplazados en toda la franja del Sahel entre 2022 y 2025 (seg\u00fan ACLED y la ONU), miles de escuelas cerradas, p\u00e9rdidas de m\u00e1s de 400 millones de d\u00f3lares en producci\u00f3n agr\u00edcola y minera por bloqueos terroristas. Pero tambi\u00e9n un aumento del 60 % en la producci\u00f3n de medios nacionales y la expansi\u00f3n del acceso a radios rurales y portales digitales impulsados por el propio Estado maliense y sus aliados del Sahel.<\/p>\n<p><em>El campo de batalla se ha trasladado a la mente colectiva: all\u00ed donde antes la informaci\u00f3n era colonizada, hoy comienza a emerger una voz africana aut\u00f3noma<\/em>.<\/p>\n<p>El nuevo Sahel se define por su voluntad de romper el monopolio del miedo. Las revoluciones encabezadas por Assimi Go\u00efta, Ibrahim Traor\u00e9 y Abdourahamane Tiani no buscan instaurar dictaduras militares, sino refundar Estados soberanos capaces de decidir sobre sus recursos, su educaci\u00f3n y su comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ese proceso \u2014tormentoso, contradictorio, pero profundamente liberador\u2014 inaugura una etapa donde la independencia se mide por la capacidad de producir verdad propia.<\/p>\n<p>Como en los tiempos de Lumumba o Sankara, \u00c1frica vuelve a hablar con su propia voz. Y Mal\u00ed, con su historia de resistencia \u2014desde Soundiata Ke\u00efta hasta Modibo y hoy Go\u00efta\u2014, encarna esa continuidad hist\u00f3rica de insumisi\u00f3n.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/noticiaspia.com\/el-relato-como-campo-de-batalla-el-caso-jnim-y-la-disputa-mediatica-por-mali\/\"><strong>Fuente: PIA Global\/Beto Cremonte<\/strong><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El avance del JNIM en Mal\u00ed no s\u00f3lo refleja la violencia del terrorismo sino la&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":3367,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[56],"tags":[244,1020,1021,771],"class_list":["post-3366","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-medios-aliados","tag-batalla","tag-hegemonia-mediatica","tag-jnim","tag-mali"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.5 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Mal\u00ed: el relato como campo de batalla. 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