{"id":4116,"date":"2026-04-27T15:44:49","date_gmt":"2026-04-27T15:44:49","guid":{"rendered":"https:\/\/hueleaazufre.com\/wordpress_a\/?p=4116"},"modified":"2026-04-27T15:44:49","modified_gmt":"2026-04-27T15:44:49","slug":"mali-el-apocalipsis-que-no-fue-y-la-narrativa-de-derrota-que-necesita-occidente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hueleaazufre.com\/wordpress_a\/index.php\/2026\/04\/27\/mali-el-apocalipsis-que-no-fue-y-la-narrativa-de-derrota-que-necesita-occidente\/","title":{"rendered":"Mal\u00ed: el \u201capocalipsis\u201d que no fue y la narrativa de derrota que necesita Occidente"},"content":{"rendered":"<div class=\"entry-headline\">\n<p><strong>La ofensiva coordinada entre JNIM y facciones tuareg que busc\u00f3 instalar la imagen de un Estado maliense colapsado r\u00e1pidamente qued\u00f3 desmontado a pesar de los agoreros analistas del relato \u201coficial\u201d de la maquinaria occidental.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<div class=\"entry-content\">\n<p>La ofensiva coordinada entre JNIM y facciones tuareg que busc\u00f3 instalar la imagen de un Estado maliense colapsado r\u00e1pidamente qued\u00f3 desmontado a pesar de los agoreros analistas del relato \u201coficial\u201d de la maquinaria occidental.<\/p>\n<p>Lo que s\u00ed ocurri\u00f3 y que muchos analistas decidieron no ver (y\/u ocultar), fue una r\u00e1pida y coordinada respuesta de las fuerzas malienses, que siguen demostrando el camino de ruptura con el viejo esquema de tutela francesa en el que tanto Mali, como los otros pa\u00edses de la AES, est\u00e1n dispuestos a llevar adelante m\u00e1s all\u00e1 de ataques como los de este 25 de abril, dejando al descubierto algo m\u00e1s profundo: no solo se disputa el control del territorio, sino el sentido mismo de lo que ocurre en el Sahel.<\/p>\n<p>Lo cierto es que en las \u00faltimas horas del 25 de abril grupos yihadistas y separatistas tuareg lanzaron una ofensiva coordinada contra Bamako, Kati, Gao y Kidal con un objetivo que exced\u00eda lo estrictamente militar: no se trataba \u00fanicamente de golpear posiciones del Estado, sino de instalar, en tiempo real, la idea de que el gobierno de Assimi Go\u00efta hab\u00eda perdido el control del pa\u00eds, como viene ocurriendo casi sistem\u00e1ticamente en esta regi\u00f3n, aqu\u00ed no podemos dejar de lado los episodios de finales de 2025 cuando la prensa occidental anunciaba la ca\u00edda del gobierno maliense en manos de JNIM, por los bloqueos de las rutas de ingreso a Bamako. Este ataque tambi\u00e9n cumple con esa misma l\u00f3gica: \u201cla dimensi\u00f3n simb\u00f3lica del ataque\u201d. Algo que hoy es tan importante como su ejecuci\u00f3n sobre el terreno. En el Sahel cada d\u00eda se pone en juego las disputa por el relato y el sentido.<\/p>\n<p>Lo que tambi\u00e9n es cierto y que pocos lo dijeron es que las Fuerzas Armadas de Mal\u00ed (FAMa), con apoyo de sus aliados y en articulaci\u00f3n con redes locales de informaci\u00f3n, lograron contener y revertir los ataques en cuesti\u00f3n de horas en los principales centros urbanos. Sin embargo, mientras esa respuesta comenzaba a desplegarse, buena parte de la maquinaria medi\u00e1tica internacional ya hab\u00eda comenzado a construir otro desenlace: el de un Estado desbordado, incapaz de sostener el orden interno tras su ruptura con los esquemas tradicionales de seguridad en la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Los hechos concretos fueron que en la madrugada del 25 de abril, Mal\u00ed despert\u00f3 bajo ataque. De manera simult\u00e1nea, el Jama\u2019at Nasr al-Islam wal Muslimin (JNIM), filial de Al Qaeda en la regi\u00f3n, y el Frente de Liberaci\u00f3n de Azawad (FLA), una coalici\u00f3n de grupos separatistas tuareg, lanzaron operaciones en Bamako, la vecina Kati \u2014donde se encuentra la residencia presidencial\u2014 y ciudades estrat\u00e9gicas del norte como Gao, Kidal, S\u00e9var\u00e9 y Mopti. La ofensiva combin\u00f3 ataques de alto impacto simb\u00f3lico, acciones de hostigamiento y una r\u00e1pida circulaci\u00f3n de contenido en redes sociales que amplific\u00f3 la percepci\u00f3n de descontrol.<\/p>\n<p>En pocas horas, el hecho dej\u00f3 de ser solamente un episodio militar para convertirse en un fen\u00f3meno narrativo. Antes de que existiera un cuadro claro de situaci\u00f3n en el terreno, ya circulaban versiones que hablaban de ciudades \u201ctomadas\u201d, de infraestructuras cr\u00edticas bajo ataque y de un gobierno al borde del colapso. Esa secuencia \u2014primero la interpretaci\u00f3n, luego la verificaci\u00f3n\u2014 no es un detalle menor: es parte constitutiva de c\u00f3mo se construye hoy el sentido de los conflictos. La cobertura medi\u00e1tica en Occidente y sus voceros locales, esos mismos que sistem\u00e1ticamente festejan cualquier rev\u00e9s de los gobiernos soberanos del Sahel, no tard\u00f3 en calificar la situaci\u00f3n como una \u201cjunta desbordada\u201d y un \u201cfracaso del apoyo ruso\u201d. Las redes sociales se llenaron de an\u00e1lisis apresurados, analistas de sill\u00f3n anunciando la ca\u00edda inminente de Go\u00efta y el fin del experimento anticolonial en Mal\u00ed.<\/p>\n<h2><strong>La r\u00e1pida respuesta militar maliense<\/strong><\/h2>\n<p>Lejos del colapso anunciado en las primeras horas,\u00a0<a href=\"https:\/\/noticiaspia.com\/mali-todo-un-pueblo-lucha-por-su-soberania\/\">la respuesta del Estado maliense comenz\u00f3 a delinearse con mayor claridad a medida que avanzaba la jornada<\/a>. El propio ej\u00e9rcito confirm\u00f3 que \u201cgrupos armados terroristas\u201d hab\u00edan atacado posiciones en Bamako y otras ciudades clave, se\u00f1alando que sus fuerzas estaban \u201ccomprometidas en eliminar a los atacantes\u201d y recuperar el control de las zonas afectadas.<\/p>\n<p>Ese dato no es menor. Porque mientras la narrativa inicial hablaba de ciudades ca\u00eddas y de un Estado desbordado, los propios comunicados oficiales indicaban otra cosa: enfrentamientos activos, despliegue militar y, horas despu\u00e9s, la afirmaci\u00f3n de que la situaci\u00f3n estaba bajo control en los principales puntos estrat\u00e9gicos.<\/p>\n<p>Los ataques, efectivamente, fueron de una magnitud inusual. Se trat\u00f3 de una ofensiva coordinada que alcanz\u00f3 Bamako, Kati, Gao, S\u00e9var\u00e9 y Kidal de manera simult\u00e1nea, algo que incluso fuentes internacionales describieron como uno de los episodios m\u00e1s extensos de los \u00faltimos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Sin embargo, esa escala no se tradujo autom\u00e1ticamente en control territorial sostenido. Las propias afirmaciones de los grupos atacantes \u2014como la supuesta toma de Kidal o posiciones en Gao\u2014 no pudieron ser verificadas de manera independiente en el corto plazo, lo que refuerza la idea de que, junto con la ofensiva militar, se despleg\u00f3 una operaci\u00f3n de impacto comunicacional.<\/p>\n<p>En esa capacidad de respuesta aparece otro elemento que no puede ser soslayado. La actual estrategia de seguridad de Bamako, que incluye cooperaci\u00f3n con actores rusos, ha modificado la din\u00e1mica operativa respecto de etapas anteriores. La presencia de estos aliados no evit\u00f3 la ofensiva, pero s\u00ed form\u00f3 parte del dispositivo que permiti\u00f3 contener ataques en puntos sensibles, como la capital y su entorno inmediato, donde incluso se report\u00f3 la defensa de instalaciones clave frente al avance de los grupos armados.<\/p>\n<p>Este punto es clave para ordenar el an\u00e1lisis: la ofensiva existi\u00f3, fue amplia y coordinada, pero no logr\u00f3 consolidar un escenario de colapso estatal inmediato, ni siquiera sostenible del relato. La diferencia entre impacto inicial y resultado efectivo es, precisamente, el espacio donde se construyen las interpretaciones. Para nosotros, no hay tales interpretaciones, como comunicadores comprometidos no podemos hacernos eco de las mismas y solo se\u00f1alar los sucesos como \u201cinformaci\u00f3n en proceso\u201d o \u201cconflicto en curso\u201d deslind\u00e1ndonos la responsabilidad de dar informaciones concretas.<\/p>\n<h2><strong>La batalla por el sentido nos involucra<\/strong><\/h2>\n<p>Si algo dej\u00f3 en evidencia la secuencia del 25 de abril no fue \u00fanicamente la capacidad operativa de los grupos armados o la respuesta del Estado maliense, sino la velocidad con la que se construye una interpretaci\u00f3n dominante antes de que los hechos terminen de desarrollarse. En cuesti\u00f3n de horas, la ofensiva ya hab\u00eda sido le\u00edda como un s\u00edntoma de colapso estatal, incluso cuando los combates segu\u00edan en curso y la situaci\u00f3n en el terreno estaba lejos de estabilizarse.<\/p>\n<p>Este mecanismo no es nuevo, pero en el Sahel adquiere una intensidad particular. La combinaci\u00f3n entre fuentes iniciales poco verificadas, replicaci\u00f3n acelerada en redes y una matriz previa de interpretaci\u00f3n \u2014que tiende a leer los procesos pol\u00edticos de la regi\u00f3n bajo la l\u00f3gica del fracaso\u2014 produce un efecto concreto: instala percepciones que luego son dif\u00edciles de revertir, aun cuando la evoluci\u00f3n de los hechos no confirme esos diagn\u00f3sticos.<\/p>\n<p>Lo ocurrido en Mal\u00ed encaja con precisi\u00f3n en esa l\u00f3gica. Las afirmaciones iniciales sobre la \u201ctoma\u201d de ciudades como Kidal o Gao circularon con fuerza, pero no pudieron ser verificadas de manera independiente en el corto plazo. Sin embargo, ese dato \u2014la falta de confirmaci\u00f3n\u2014 tuvo mucha menos circulaci\u00f3n que la versi\u00f3n original. En otras palabras, la primera narrativa no necesit\u00f3 ser comprobada para instalarse; le bast\u00f3 con ser veros\u00edmil dentro de un marco ya construido.<\/p>\n<p>Ah\u00ed es donde la dimensi\u00f3n medi\u00e1tica del conflicto deja de ser un elemento accesorio para convertirse en un campo de disputa central. No se trata solamente de informar lo que ocurre, sino de definir qu\u00e9 significa lo que ocurre. Y en ese terreno, cada episodio es r\u00e1pidamente absorbido por lecturas preexistentes: el avance de un grupo armado se convierte en prueba de debilidad estatal, mientras que la capacidad de respuesta del gobierno es le\u00edda como una reacci\u00f3n defensiva, nunca como control efectivo.<\/p>\n<p>Esta asimetr\u00eda no implica necesariamente una coordinaci\u00f3n consciente entre actores medi\u00e1ticos, pero s\u00ed revela un patr\u00f3n. El Sahel es, desde hace a\u00f1os, un espacio donde se proyectan diagn\u00f3sticos externos que muchas veces no dialogan con las din\u00e1micas internas. En ese marco, cualquier episodio de violencia tiende a reforzar una narrativa ya instalada: la de Estados incapaces de sostener soberan\u00eda sin tutela externa.<\/p>\n<p>Sin embargo, lo ocurrido el 25 de abril introduce matices que esa lectura no logra absorber del todo. Porque si bien la ofensiva mostr\u00f3 la persistencia y capacidad de coordinaci\u00f3n de actores armados, tambi\u00e9n evidenci\u00f3 que el Estado maliense \u2014con todas sus limitaciones\u2014 mantiene capacidad de reacci\u00f3n, despliegue y recuperaci\u00f3n en plazos relativamente cortos.<\/p>\n<p>La tensi\u00f3n entre esos dos elementos \u2014persistencia de la amenaza y capacidad de respuesta\u2014 es la que queda muchas veces eclipsada por la necesidad de encuadrar r\u00e1pidamente los hechos en categor\u00edas cerradas.<\/p>\n<p>Y es en ese punto donde la pregunta deja de ser qu\u00e9 ocurri\u00f3 en Mal\u00ed, para pasar a ser c\u00f3mo se interpreta lo que ocurri\u00f3.<\/p>\n<h2><strong>JNIM y los Tuareg, la ofensiva local<\/strong><\/h2>\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p><em>\u00a0\u201cEl terrorismo en \u00c1frica no surge del vac\u00edo: es la herramienta m\u00e1s eficaz del neocolonialismo contempor\u00e1neo.\u201d<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Un elemento particularmente relevante de los ataques del 25 de abril fue la coordinaci\u00f3n entre el Jama\u2019at Nasr al-Islam wal Muslimin (JNIM) y sectores separatistas tuareg nucleados en el Frente de Liberaci\u00f3n de Azawad (FLA). Esta convergencia, que en los hechos se expres\u00f3 en operaciones simult\u00e1neas y objetivos compartidos, no es completamente nueva, pero s\u00ed expone con mayor claridad una tensi\u00f3n dif\u00edcil de encubrir: la coexistencia de agendas que, en t\u00e9rminos pol\u00edticos e ideol\u00f3gicos, responden a l\u00f3gicas distintas.<\/p>\n<p>Por un lado, JNIM forma parte de una estructura yihadista regional con v\u00ednculos hist\u00f3ricos con redes asociadas a Al Qaeda, cuyo objetivo no es la autonom\u00eda territorial de una regi\u00f3n espec\u00edfica, sino la construcci\u00f3n de un orden basado en una interpretaci\u00f3n estricta del islam pol\u00edtico armado. Su expansi\u00f3n en el Sahel en la \u00faltima d\u00e9cada se ha apoyado tanto en la debilidad estatal como en la capacidad de insertarse en conflictos locales, adaptando su discurso a demandas espec\u00edficas de cada territorio.<\/p>\n<p>Por otro lado, los movimientos tuareg \u2014con una larga historia de rebeliones en el norte de Mal\u00ed\u2014 han articulado, con distintas variantes a lo largo del tiempo, reivindicaciones vinculadas a la autonom\u00eda, el reconocimiento pol\u00edtico y la distribuci\u00f3n de recursos en regiones hist\u00f3ricamente marginadas por el poder central. Desde las insurrecciones de los a\u00f1os noventa hasta la proclamaci\u00f3n del ef\u00edmero Estado de Azawad en 2012, estas demandas han atravesado procesos de negociaci\u00f3n, fragmentaci\u00f3n y cooptaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La articulaci\u00f3n entre ambos actores no surge, entonces, de una identidad pol\u00edtica compartida, sino de una l\u00f3gica t\u00e1ctica. Frente a un escenario en el que ninguna de las partes logra imponerse de manera individual sobre el Estado maliense, la convergencia permite amplificar la capacidad operativa, coordinar ataques y generar impacto simult\u00e1neo en distintos puntos del territorio.<\/p>\n<p>Sin embargo, esa misma alianza contiene su propia debilidad. La superposici\u00f3n de agendas \u2014religiosa en un caso, territorial en el otro\u2014 limita la posibilidad de construir una base pol\u00edtica homog\u00e9nea y sostenida en el tiempo. De hecho, en experiencias anteriores, la convivencia entre grupos yihadistas y movimientos tuareg deriv\u00f3 en tensiones, rupturas e incluso enfrentamientos internos cuando los objetivos estrat\u00e9gicos comenzaron a divergir.<\/p>\n<p>Este punto resulta central para evitar lecturas simplificadoras. La ofensiva del 25 de abril no puede ser entendida como la expresi\u00f3n de un bloque insurgente cohesionado, sino como la manifestaci\u00f3n de una convergencia circunstancial entre actores que comparten un enemigo com\u00fan, pero no necesariamente un proyecto pol\u00edtico compatible.<\/p>\n<p>A esto se suma otro elemento clave: la relaci\u00f3n con las poblaciones locales. Mientras que los reclamos hist\u00f3ricos de sectores tuareg encuentran alg\u00fan grado de legitimidad en determinadas regiones del norte, la presencia de estructuras yihadistas ha sido, en muchos casos, resistida por comunidades que han padecido su accionar, particularmente en lo que respecta a la imposici\u00f3n de normas sociales y la violencia sobre civiles.<\/p>\n<p>Esa tensi\u00f3n entre legitimidad local y capacidad armada introduce una complejidad adicional. Porque si bien la alianza puede potenciar la acci\u00f3n militar en el corto plazo, tambi\u00e9n dificulta la construcci\u00f3n de un respaldo social amplio, condici\u00f3n necesaria para sostener cualquier tipo de control territorial m\u00e1s all\u00e1 del impacto inicial de una ofensiva.<\/p>\n<p>En ese marco, presentar esta convergencia como una \u201crevoluci\u00f3n unificada\u201d o como la expresi\u00f3n lineal de una insurrecci\u00f3n popular no solo simplifica el escenario, sino que oculta las fracturas internas que atraviesan a estos actores.<\/p>\n<p>Y es precisamente en esas fracturas donde se juegan muchas de las din\u00e1micas futuras del conflicto.<\/p>\n<h2><strong>Francia, Ucrania y la reconfiguraci\u00f3n de la guerra en el Sahel<\/strong><\/h2>\n<p>Esta \u00faltima ofensiva terrorista en Mali tampoco puede leerse por fuera de la disputa geopol\u00edtica que atraviesa al Sahel desde la ruptura entre Bamako y Par\u00eds. Mal\u00ed no enfrenta \u00fanicamente una amenaza armada interna; enfrenta, al mismo tiempo, las consecuencias de haber quebrado una arquitectura de dependencia construida durante d\u00e9cadas alrededor de la tutela militar francesa, la subordinaci\u00f3n regional y la administraci\u00f3n externa de la seguridad.<\/p>\n<p>Ese giro no ocurri\u00f3 en abstracto. Francia anunci\u00f3 en febrero de 2022 el retiro de sus fuerzas de Mal\u00ed, incluyendo la Operaci\u00f3n Barkhane y la fuerza europea Takuba, despu\u00e9s de a\u00f1os de deterioro pol\u00edtico, militar y social de su presencia en el pa\u00eds. El punto central es que esa retirada no signific\u00f3 la desaparici\u00f3n de los intereses franceses en la regi\u00f3n, sino su reacomodamiento. Par\u00eds perdi\u00f3 bases, perdi\u00f3 interlocuci\u00f3n privilegiada y perdi\u00f3 capacidad directa de mando, pero no perdi\u00f3 la voluntad de influir sobre un espacio que durante d\u00e9cadas consider\u00f3 parte de su profundidad estrat\u00e9gica africana.<\/p>\n<p>Ah\u00ed se entiende mejor la importancia del relato. Si Mal\u00ed aparece como un Estado fallido, si la ruptura con Francia se presenta como la causa directa del caos, entonces el viejo esquema colonial queda reivindicado por contraste: \u201ccon nosotros hab\u00eda orden, sin nosotros hay terrorismo\u201d. Esa es la operaci\u00f3n pol\u00edtica de fondo. No hace falta que sea dicha de manera expl\u00edcita; alcanza con repetir una y otra vez que el deterioro comenz\u00f3 cuando Bamako decidi\u00f3 cambiar de aliados.<\/p>\n<p>Pero los datos hist\u00f3ricos incomodan esa versi\u00f3n. La insurgencia yihadista no naci\u00f3 con Assimi Go\u00efta, ni con la salida de Francia, ni con la llegada de asesores rusos. Mal\u00ed arrastra un conflicto abierto desde 2012, y durante buena parte de ese per\u00edodo el pa\u00eds estuvo bajo una intensa presencia militar occidental. La propia Operaci\u00f3n Barkhane comenz\u00f3 en 2014 como continuaci\u00f3n de Serval, con el objetivo declarado de combatir a los grupos vinculados a Al Qaeda y al Estado Isl\u00e1mico en el Sahel. Sin embargo, casi una d\u00e9cada despu\u00e9s, esos grupos no solo no hab\u00edan desaparecido, sino que hab\u00edan extendido su radio de acci\u00f3n hacia el centro de Mal\u00ed, Burkina Faso y N\u00edger.<\/p>\n<p>Por eso la pregunta no puede ser formulada de manera tramposa. No se trata de preguntar si Mal\u00ed vive hoy una situaci\u00f3n de seguridad grave, sino qui\u00e9n construy\u00f3 las condiciones de esa gravedad y por qu\u00e9 los mismos actores que fracasaron durante a\u00f1os en contener la expansi\u00f3n yihadista pretenden ahora presentarse como jueces del nuevo rumbo maliense.<\/p>\n<p>En ese tablero aparece tambi\u00e9n Ucrania, no como actor central del Sahel, sino como pieza de una guerra globalizada que ya no se libra \u00fanicamente en Europa oriental. El antecedente de 2024 es clave. Tras los combates de Tinzaouaten, cerca de la frontera con Argelia, Mal\u00ed rompi\u00f3 relaciones diplom\u00e1ticas con Kiev despu\u00e9s de que un portavoz de la inteligencia militar ucraniana realizara declaraciones que Bamako interpret\u00f3 como una admisi\u00f3n de apoyo informativo a los grupos que hab\u00edan causado fuertes bajas al ej\u00e9rcito maliense y a sus aliados rusos. N\u00edger tom\u00f3 luego una decisi\u00f3n similar, invocando las mismas acusaciones.<\/p>\n<p>Ese episodio debe ser tratado con precisi\u00f3n: Ucrania neg\u00f3 haber participado directamente y los rebeldes tuareg tambi\u00e9n rechazaron haber recibido ayuda exterior. Pero la propia existencia de esas declaraciones, la reacci\u00f3n diplom\u00e1tica de Mal\u00ed y N\u00edger, y la utilizaci\u00f3n del Sahel como escenario indirecto de la confrontaci\u00f3n entre Rusia y Ucrania muestran que el conflicto maliense ya no puede encerrarse en una lectura puramente local.<\/p>\n<p>En ese contexto, la colaboraci\u00f3n rusa funciona como algo m\u00e1s que apoyo militar. Para Bamako, Mosc\u00fa representa la posibilidad de romper el monopolio occidental sobre la seguridad africana. Ese v\u00ednculo no est\u00e1 exento de costos, contradicciones ni l\u00edmites \u2014Tinzaouaten lo demostr\u00f3 con crudeza\u2014, pero forma parte de una decisi\u00f3n soberana: buscar otros socios despu\u00e9s de a\u00f1os de fracaso franc\u00e9s. Reducir esa decisi\u00f3n a \u201cdependencia rusa\u201d es una forma c\u00f3moda de negar la agencia pol\u00edtica maliense.<\/p>\n<p>Lo que est\u00e1 en disputa, entonces, no es solo la eficacia de un dispositivo militar. Es el derecho de un Estado africano a definir sus alianzas sin pedir autorizaci\u00f3n a la antigua potencia colonial. Por eso cada ataque contra Mal\u00ed es le\u00eddo por ciertos sectores con una ansiedad casi celebratoria: si Bamako fracasa, fracasa tambi\u00e9n la hip\u00f3tesis de que el Sahel puede caminar por fuera de la tutela francesa. Y si esa hip\u00f3tesis fracasa, el viejo orden neocolonial puede presentarse no como dominaci\u00f3n, sino como necesidad.<\/p>\n<p>Ese es el verdadero trasfondo de la ofensiva: JNIM y el FLA disparan sobre posiciones militares, pero el relato occidental dispara sobre una idea pol\u00edtica mucho m\u00e1s profunda. La idea de que Mal\u00ed, con todas sus dificultades, tiene derecho a reconstruir su seguridad, sus alianzas y su destino nacional por fuera de los moldes impuestos desde Par\u00eds, Bruselas o Washington.<\/p>\n<p>Lejos de las lecturas apresuradas que decretaron un colapso inminente, lo ocurrido en estas horas en Mali expone algo m\u00e1s inc\u00f3modo para quienes necesitan confirmar la idea de un Sahel condenado al fracaso: Mal\u00ed no solo resisti\u00f3 una ofensiva coordinada en m\u00faltiples frentes, sino que lo hizo en un contexto de reconfiguraci\u00f3n profunda de su sistema de alianzas y bajo una presi\u00f3n constante, tanto militar como narrativa. Eso no cancela las debilidades estructurales del Estado maliense ni la persistencia de la amenaza armada, pero obliga a matizar un diagn\u00f3stico que suele construirse m\u00e1s desde el prejuicio que desde la evidencia.<\/p>\n<p>En ese sentido, el verdadero terreno en disputa no es \u00fanicamente el militar, sino el pol\u00edtico. Porque si cada ofensiva es utilizada para confirmar que los procesos soberanistas africanos son inviables sin tutela externa, entonces el conflicto deja de ser una cuesti\u00f3n de seguridad para convertirse en una herramienta de disciplinamiento. Mal\u00ed, con todas sus contradicciones, est\u00e1 ensayando una ruptura con ese esquema. Y esa decisi\u00f3n \u2014m\u00e1s que cualquier batalla puntual\u2014 es la que explica la intensidad con la que se intentan instalar narrativas de derrota.<\/p>\n<p>Tal vez por eso, m\u00e1s que preguntarse qui\u00e9n gan\u00f3 un enfrentamiento espec\u00edfico, convenga observar qu\u00e9 logra sostenerse en el tiempo. Y ah\u00ed es donde, pese a los agoreros de siempre, aparece un dato dif\u00edcil de ignorar: el Estado maliense sigue en pie, mantiene capacidad de respuesta y contin\u00faa redefiniendo su lugar en un escenario regional en transformaci\u00f3n. No es poco en una regi\u00f3n donde durante a\u00f1os se naturaliz\u00f3 que la \u00fanica estabilidad posible deb\u00eda venir de afuera.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/noticiaspia.com\/mali-el-apocalipsis-que-no-fue-y-la-narrativa-de-derrota-que-necesita-occidente\/\"><strong>Fuente: PIA Global\/Beto Cremonte<\/strong><\/a><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La ofensiva coordinada entre JNIM y facciones tuareg que busc\u00f3 instalar la imagen de un&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4117,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[70],"tags":[1218,942,771,943],"class_list":["post-4116","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-otras-voces","tag-apocalipsis","tag-derrota","tag-mali","tag-occidente"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.4 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Mal\u00ed: el \u201capocalipsis\u201d que no fue y la narrativa de derrota que necesita Occidente -<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"Mal\u00ed. 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