{"id":4592,"date":"2026-08-10T18:52:19","date_gmt":"2026-08-10T18:52:19","guid":{"rendered":"https:\/\/hueleaazufre.com\/wordpress_a\/?p=4592"},"modified":"2026-08-10T18:52:19","modified_gmt":"2026-08-10T18:52:19","slug":"el-declive-de-estados-unidos-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hueleaazufre.com\/wordpress_a\/index.php\/2026\/08\/10\/el-declive-de-estados-unidos-i\/","title":{"rendered":"El declive de Estados Unidos I"},"content":{"rendered":"<p><strong>El retroceso del liderazgo norteamericano es reconocido con mayor \u00e9nfasis que en otros momentos. Actualmente se verifica una generalizada coincidencia en torno a un diagn\u00f3stico, que suscit\u00f3 numerosas controversias en el pasado.<\/strong><\/p>\n<p>Es importante constatar, describir y explicar ese declive para captar la principal tendencia del escenario contempor\u00e1neo. El imperialismo estadounidense intenta contrarrestar con agresiones militares su retroceso econ\u00f3mico y su p\u00e9rdida de primac\u00eda geopol\u00edtica. Busca preservar por la fuerza un comando que ya no tiene los cimientos del pasado.<br \/>\nEsta caracterizaci\u00f3n ordena la evaluaci\u00f3n de los principales acontecimientos mundiales. Permite reconocer qui\u00e9n es el principal responsable de las tragedias b\u00e9licas del planeta y cu\u00e1l es la causa de esas sangr\u00edas.<br \/>\nSi esta evaluaci\u00f3n es relativizada o diluida, el debate sobre la regresi\u00f3n estadounidense queda enmara\u00f1ado en interminables discusiones sobre aspectos espec\u00edficos, como el retroceso del d\u00f3lar, la gravitaci\u00f3n de Wall Street, el impacto Hollywood o la incidencia del Pent\u00e1gono.<\/p>\n<p>En esas discusiones, el declive de Estados Unidos ya no es indagado para clarificar las tremendas consecuencias militares de ese descenso para el resto del mundo. El esclarecimiento de ese impacto, queda reemplazado por especulativas evaluaciones del nivel agudo o acotado de la regresi\u00f3n norteamericana.<br \/>\nEn esas mediciones, el an\u00e1lisis del principal proceso geopol\u00edtico del siglo XXI queda sustituido por ejercicios descriptivos de los factores, que acent\u00faan o contrapesan el declive. Se omite que lo importante de esa ca\u00edda no es su variable intensidad, sino las guerras imperiales que suscita. Indagar el problema con el foco puesto en esas convulsiones, permite comprender las principales consecuencias del declive imperial.<\/p>\n<h2>CRONOLOGIA DEL DESCENSO<\/h2>\n<p>Estados Unidos emergi\u00f3 de la Segunda Guerra Mundial como la potencia preponderante de Occidente, con un in\u00e9dito nivel de primac\u00eda sobre sus rivales. El fin de las conflagraciones entre imperios y la custodia que asumi\u00f3 del capitalismo, le otorgaron un predominio may\u00fasculo entre 1945 y 1970.<br \/>\nEsa superioridad se asentaba en la preponderancia b\u00e9lica y la preeminencia econ\u00f3mica. No solo comandaba la OTAN y controlaba un centenar de bases militares distribuidas por todo el planeta, sino que manejaba la mitad del producto mundial y el 60% de la fabricaci\u00f3n planetaria, con un tesoro que albergaba el 80% de las reservas aur\u00edferas totales. Basta observar que esos porcentuales han ca\u00eddo en la actualidad al 25%, 17% y 25%, respectivamente, para notar la magnitud del poder econ\u00f3mico que detent\u00f3 gigante norteamericano y su dram\u00e1tica reducci\u00f3n actual (Torres L\u00f3pez, 2026)<br \/>\nEl per\u00edodo de auge fue acertadamente denominado la \u201cEdad del Imperialismo\u201d para subrayar esa preeminencia (Magdoff, 1969). Con los marines desplegados por el grueso del planeta, el d\u00f3lar funcionaba con una moneda mundial, aceptada sin ninguna vacilaci\u00f3n por los socios y subordinados del hegem\u00f3n. Con esa conducci\u00f3n oper\u00f3 el imperialismo colectivo de la Triada (Estados Unidos, Europa y Jap\u00f3n), que consagraba el alto nivel de entrelazamiento y sometimiento de dos grandes aliados al comando norteamericano (Amin, 2004).<\/p>\n<p>Bajo esa direcci\u00f3n se configur\u00f3 un sistema imperial con jerarqu\u00edas y funciones definidas por la primera potencia. Las tradicionales diferencias entre los rivales de Occidente perdieron connotaciones b\u00e9licas y se procesaron como acotadas controversias comerciales o financieras (Katz, 2023: 28-44).<br \/>\nEse per\u00edodo de auge estadounidense afront\u00f3 varios momentos de erosi\u00f3n. En los a\u00f1os 60, la acelerada reconstrucci\u00f3n de Alemania y Jap\u00f3n restaur\u00f3 la competitividad de ambas econom\u00edas, que comenzaron a erosionar la superioridad de las empresas norteamericanas. Washington contrarrest\u00f3 esa amenaza con medidas comerciales y monetarias, que sofocaron el desaf\u00edo de sus subordinados. El poder del Pent\u00e1gono sobre los dos grandes perdedores de la Segunda Guerra Mundial bloque\u00f3 por completo ese despertar germano y nip\u00f3n.<\/p>\n<p>En la d\u00e9cada siguiente, la descontrolada emisi\u00f3n de d\u00f3lares y el desbordante endeudamiento del gendarme yanqui, afectaron la confiabilidad de la divisa estadounidense hasta tornarla inconvertible al oro. Frente a esa adversidad, el Departamento de Estado recurri\u00f3 al sost\u00e9n de sus subalternos del mundo \u00e1rabe y apuntal\u00f3 el mecanismo de los petrod\u00f3lares para preservar el reinado del d\u00f3lar. Los monumentales excedentes financieros que generaba la exportaci\u00f3n de crudo del Medio Oriente, fueron reciclados en los mercados bajo control yanqui, para asegurar esa continuidad del imperialismo del d\u00f3lar.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os 80, Reagan a\u00f1adi\u00f3 a ese refuerzo el inicio del modelo neoliberal -con privatizaciones, aperturas comerciales y desregulaciones laborales- que recompusieron los beneficios de las grandes empresas, recortando los salarios y los gastos sociales. Esa agresi\u00f3n contra los trabajadores restaur\u00f3 las ganancias, pero no revirti\u00f3 la continuada regresi\u00f3n estadounidense frente a sus rivales. La decreciente competitividad internacional de la econom\u00eda yanqui no fue modificada y el declive persisti\u00f3 como un problema irresuelto.<br \/>\nPero ese descenso pareci\u00f3 s\u00fabitamente contenido en la d\u00e9cada siguiente por la inesperada implosi\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. El antagonista ruso nunca amenaz\u00f3 a su rival en el plano econ\u00f3mico, pero lider\u00f3 durante d\u00e9cadas un denominado campo socialista, que afect\u00f3 seriamente el poder de Occidente. La existencia de ese contrapeso facilit\u00f3 las revueltas sociales contra el capitalismo y las resistencias nacionales contra las agresiones imperiales.<\/p>\n<h2>ADVERSIDADES AUTOINFLIGADAS<\/h2>\n<p>La imprevista implantaci\u00f3n de un orden unipolar a fin del siglo XX -con preeminencia total de Estados Unidos- le brind\u00f3 a la primera potencia una gran oportunidad, para recrear su preponderancia econ\u00f3mica y geopol\u00edtica. Pero en lugar de consumar esa restauraci\u00f3n, Washington se embarc\u00f3 en una escalada de aventuras b\u00e9licas con resultados adversos. Dilapid\u00f3 recursos, erosion\u00f3 su autoridad, socav\u00f3 sus alianzas y termin\u00f3 agravando el declive precedente.<br \/>\nLas campa\u00f1as militares en el Gran Oriente Medio (Afganist\u00e1n, Irak, Libia, Siria Palestina e Ir\u00e1n), la expansi\u00f3n de la OTAN en Europa del Este, el provocativo rearme en Asia Oriental y el continuado intervencionismo en Am\u00e9rica Latina jalonaron ese desborde belicista, que sepult\u00f3 todos los atisbos de recomposici\u00f3n norteamericana. El Pent\u00e1gono demoli\u00f3 pa\u00edses y destruy\u00f3 sociedades, sin recrear los procesos de inversi\u00f3n requeridos para rentabilizar a las empresas estadounidenses.<\/p>\n<p>La din\u00e1mica del Plan Marshall no se repiti\u00f3 en ninguna de las incursiones de las \u00faltimas d\u00e9cadas y la p\u00e9rdida de posiciones de la econom\u00eda norteamericana se acentu\u00f3 con el nuevo despliegue internacional de los marines. A diferencia de lo ocurrido en Europa durante la posguerra, las intervenciones b\u00e9licas estadounidenses no dieron lugar a negocios florecientes. Esa incapacidad para transformar acciones militares en beneficios econ\u00f3micos retrata la agudeza del declive.<br \/>\nEse retroceso se torn\u00f3 m\u00e1s transparente en los \u00faltimos 20 a\u00f1os, con la extinci\u00f3n del espejismo unipolar. Estados Unidos qued\u00f3 enfrentado a su p\u00e9rdida de primac\u00eda, en un nuevo contexto de creciente distribuci\u00f3n mundial del poder.<\/p>\n<p>Ese escenario emergi\u00f3 a la superficie en la crisis financiera del 2008, cuando el socorro estatal evit\u00f3 el colapso de los principales bancos norteamericanos. El pa\u00eds logr\u00f3 escapar de ese abismo con mayor ox\u00edgeno que sus rivales de Europa o Jap\u00f3n, pero qued\u00f3 como un n\u00edtido perdedor frente a China. Desde ese momento, afronta las duras consecuencias del despertar asi\u00e1tico y del surgimiento de nuevos centros de acumulaci\u00f3n divorciados (o autonomizados) de la tradicional centralidad estadounidense.<br \/>\nEse desplazamiento es una consecuencia imprevista de la globalizaci\u00f3n neoliberal, que Estados Unidos impuls\u00f3 para recrear su dominio y termin\u00f3 padeciendo como una gran desventaja. Beijing (y no Washington) fue el gran favorecido por esa expansi\u00f3n mundial del comercio y por esa raz\u00f3n, contin\u00faa auspiciado las transacciones globales, contra la reacci\u00f3n proteccionista del auspiciante inicial de ese rumbo. Ning\u00fan dato ilumina con mayor nitidez el declive norteamericano, que esa ventaja lograda por el rival chino de un proyecto propiciado por Estados Unidos.<\/p>\n<h2>EL DETERMINANTE ECON\u00d3MICO<\/h2>\n<p>El retroceso del coloso norteamericano tiene un pilar primordialmente econ\u00f3mico. Es un declive perceptible en todos los \u00e1mbitos, pero derivado de la regresi\u00f3n industrial y productiva que padece el pa\u00eds. Esa ca\u00edda se verifica en la financiarizaci\u00f3n y el consiguiente desborde especulativo. El episodio m\u00e1s reciente de esa secuencia fue el rescate estatal del 2008, que evit\u00f3 el quebranto de los bancos, pero leg\u00f3 un endeudamiento may\u00fasculo que mantiene la vulnerabilidad de todo el sistema.<br \/>\nPor esa raz\u00f3n, los temblores que peri\u00f3dicamente afectan a las distintas entidades, suscitan el p\u00e1nico a un reinicio de las grandes convulsiones. Ese temor fue por ejemplo visible en el 2023, con la quiebra del Silicon Valley Bank y en el 2024, cuando el desplome de la Bolsa japonesa hizo temblar a Wall Street.<\/p>\n<p>El pavor a otro estallido financiero se localiza actualmente en la burbuja tecnol\u00f3gica, que ha inflado con incuantificables inversiones a los t\u00edtulos de las siete mega corporaciones del universo digital. En el 2023, esas compa\u00f1\u00edas canalizaban la mitad de las ganancias del principal \u00edndice burs\u00e1til. La capitalizaci\u00f3n de esas firmas -que comandan la Inteligencia Artificial- supera cualquier c\u00e1lculo de ganancias o ingresos acordes a su captura de fondos.<br \/>\nEsos indicadores de continuada financiarizaci\u00f3n de la econom\u00eda estadounidense son la contracara del deterioro productivo. Los bajos rendimientos en la esfera industrial motorizan la emigraci\u00f3n de capitales al \u00e1mbito especulativo, recreando la cl\u00e1sica tendencia de los capitalistas a contrarrestar ganancias reducidas en la producci\u00f3n, con altas remuneraciones en las finanzas.<\/p>\n<p>Ese persistente comportamiento de la elite dominante agrava el estancamiento de la productividad, el deterioro de la base industrial y la p\u00e9rdida de negocios frente a China (Lapavitsas, 2026). En la batalla por bajar costos, aumentar ventas y conquistar mercados -que gobierna la acumulaci\u00f3n capitalista- Estados Unidos tiene a quedar relegado.<br \/>\nEl pasaje de la globalizaci\u00f3n neoliberal al estatismo neomercantilista refleja este nuevo escenario, signado por la retracci\u00f3n del capitalismo estadounidense hacia pol\u00edticas de mayor resguardo interno y menor audacia externa.<\/p>\n<p>El declive econ\u00f3mico de la primera potencia tambi\u00e9n se verifica en una deuda p\u00fablica gigantesca, que se amplifica con el bajo crecimiento del PBI. Cada recuperaci\u00f3n c\u00edclica se consuma con mayores niveles de endeudamiento, financiados por el imperialismo del d\u00f3lar (Hudson, 2024).<br \/>\nEsa dominaci\u00f3n permite solventar las monumentales erogaciones internas, con el sost\u00e9n de una moneda que preserva su reinado mundial, pero afronta la p\u00e9rdida de privilegios. La desdolarizaci\u00f3n es un proceso lento, pero persistente que puede acelerarse s\u00fabitamente si se acrecienta la vulnerabilidad geopol\u00edtico-militar de la primera potencia.<br \/>\nLas reservas en d\u00f3lares de los bancos centrales se mantienen en un alto nivel, pero han ca\u00eddo del indisputado porcentual previo. La mitad de todos los pagos transfronterizos se liquidan en d\u00f3lares, pero esa divisa contin\u00faa perdiendo fortaleza, a medida que China compra oro y reduce la participaci\u00f3n de los billetes norteamericanos en sus caudales (Roberts, 2023).<\/p>\n<p>La tendencia de los BRICS Plus a desdolarizarse se afianza en los mercados de materias primas, que ya operan con otras monedas y en las transacciones de combustible ese viraje es m\u00e1s llamativo. Todo el circuito del petrod\u00f3lar que durante d\u00e9cadas sostuvo la primac\u00eda yanqui est\u00e1 en revisi\u00f3n y muchos expertos observan con atenci\u00f3n, que los extranjeros poseen m\u00e1s activos estadounidenses, que los inversores de ese pa\u00eds en activos for\u00e1neos. En este escenario, los desenlaces geopol\u00edticos desfavorables para Washington, tienen un impacto erosivo muy directo sobre el imperialismo del d\u00f3lar.<br \/>\nLa primera potencia emergi\u00f3 del temblor del 2008, sin resolver ninguno de los desequilibrios estructurales que afronta una econom\u00eda inflada, con capitales sobrantes sin desvalorizar. Los remedios neoliberales y keynesianos -para lidiar en las \u00faltimas dos d\u00e9cadas con esa desventura- fueron infructuosos y por esa raz\u00f3n, la guerra en gran escala despunta como la principal salida que avizora el gran capital. El gasto b\u00e9lico y la reconversi\u00f3n militarista son concebidos como la carta de salvaci\u00f3n al continuado deterioro econ\u00f3mico.<\/p>\n<p>El declive de Estados Unidos no es una mera regresi\u00f3n de un competidor en desgracia, frente a sus ascendentes rivales. Desde hace mucho tiempo, la econom\u00eda del norte opera como pilar del capitalismo mundial y su deterioro es un signo de la alica\u00edda salud de todo el sistema.<br \/>\nEstados Unidos concentra dos grandes desequilibrios de la \u00e9poca actual: la desigualdad social y la cat\u00e1strofe del medio ambiente. Por esa condensaci\u00f3n de trastornos sist\u00e9micos, tambi\u00e9n comanda la devastadora salida militarista que tantea el capitalismo para lidiar con su crisis.<br \/>\nEl imperialismo norteamericano es experto en esa respuesta, porque compensa desde hace d\u00e9cadas su deterioro econ\u00f3mico con belicismo. Ese contrapeso se forj\u00f3 al calor de la primac\u00eda del \u201ccomplejo militar industrial\u201d sobre toda la estructura econ\u00f3mica del pa\u00eds. La posibilidad de financiar con emisi\u00f3n ilimitada en d\u00f3lares acentu\u00f3 esa gravitaci\u00f3n del dispositivo b\u00e9lico.<\/p>\n<p>Estados Unidos ha desarrollado una compulsi\u00f3n militarista que lo empuja a guerrear en incontables rincones del planeta, optando siempre por desenlaces guerreros en desmedro de soluciones negociadas. Ejerci\u00f3 durante todo el siglo XX su dominio con actos de fuerza, bombardeos de la poblaci\u00f3n civil y demolici\u00f3n de sociedades. En ning\u00fan momento de los \u00faltimos veinticinco a\u00f1os introdujo alg\u00fan par\u00e9ntesis en ese destructivo accionar. Pero los resultados de su conducta ilustran otro costado del declive norteamericano.<\/p>\n<h2>LOS FALLIDOS MILITARES<\/h2>\n<p>Los efectos econ\u00f3micos negativos del gigantismo b\u00e9lico se multiplican con el creciente intervencionismo de los marines. El \u201ccomplejo industrial-militar-digital\u201d acrecienta ganancias, a costa del grueso del sistema productivo, que pierde posiciones a escala internacional. Los beneficios que acaparan los proveedores del Pent\u00e1gono erosionan la competitividad de las empresas del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Esas adversas consecuencias se han verificado al cabo de incursiones victoriosas (Yugoslavia) y de palpables fracasos (Afganist\u00e1n, Irak). Estos segundos fallidos han sido la norma de las \u00faltimas d\u00e9cadas. En lugar de forjar una nueva supremac\u00eda mundial, Estados Unidos se auto inmola, agotando su tesoro en largas y costosas conflagraciones que no logra ganar. Esos contratiempos en el campo de batalla se han corroborado tambi\u00e9n en los operativos puntuales contra Somalia o Yemen, en las improvisaciones b\u00e9licas contra Ir\u00e1n y en las desventuras acumuladas en Ucrania.<\/p>\n<p>Esa impotencia b\u00e9lica es rigurosamente ocultada por el Departamento de Estado, mediante manipulaciones del sistema comunicativo global. Los medios desinforman para sostener el mito del poder\u00edo y la invencibilidad de las tropas yanquis.<br \/>\nTransmiten una imagen inflada de las capacidades del Pent\u00e1gono, distorsionando la propia historia de esas fuerzas. Lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial qued\u00f3 incorporado como un patr\u00f3n de esas deformaciones, que la propaganda estadounidense ha repetido en forma invariable.<\/p>\n<p>En esa oportunidad ocult\u00f3 que el nazismo fue doblegado por el hero\u00edsmo de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica que destruy\u00f3 al 75% del ej\u00e9rcito alem\u00e1n, luchando contra las mejores divisiones de la Wehrmacht en el frente oriental. Por el contrario, los Aliados se enfrentaron tard\u00edamente y con gran lentitud a tropas de segundo nivel.<br \/>\nHollywood desvirtu\u00f3 ese desenlace con relatos que glorificaron imaginarias gestas del ej\u00e9rcito norteamericano y extendi\u00f3 la misma adulteraci\u00f3n a lo ocurrido en Vietnam, Irak o Afganist\u00e1n. En esos casos transform\u00f3 humillantes derrotas del invasor en insustanciales episodios, carentes de vencedores o vencidos. Siempre eludi\u00f3 contar el rev\u00e9s sufrido por los marines hiper armados, frente a los resistentes mal aprovisionados que enfrentaban (Nolan, 2025).<br \/>\nEl Pent\u00e1gono mantiene un esquema mundial de bases militares forjado durante la guerra fr\u00eda que ha perdido operatividad. Esa inadecuaci\u00f3n fue muy visible en la reciente guerra contra Ir\u00e1n. El costoso gigantismo naval fue totalmente ineficaz, frente a la efectividad y baratura de los drones, que anticiparon la din\u00e1mica de las confrontaciones contempor\u00e1neas.<\/p>\n<p>Esa inadaptaci\u00f3n se extiende tambi\u00e9n a las pulseadas at\u00f3micas. Todo el sistema de control nuclear -establecido durante la guerra fr\u00eda para contener la proliferaci\u00f3n- ha quedado sepultado. Ya hay ocho naciones con armas nucleares y otras treinta con pericia para construirlas.<br \/>\nLos tratados de equilibrio at\u00f3mico que durante d\u00e9cadas renovaban Washington y Mosc\u00fa han perdido efectividad y Estados Unidos no sabe c\u00f3mo gestionar un escenario que escapa a su mando. Esa desorientaci\u00f3n conduce a replanteos de todo tipo. Algunos generales proponen reconsiderar la estrategia de la Destrucci\u00f3n Mutuamente Asegurada (MAD) y otros retoman la doctrina del primer golpe, para una eventual confrontaci\u00f3n con China (Foster, 2025).<\/p>\n<p>La renovaci\u00f3n de la \u201cguerra de las galaxias\u201d que auspician los consejeros de Trump forma parte de esos replanteos. Las c\u00fapulas doradas -con miles de sat\u00e9lites en el espacio orbital controlados por la Inteligencia Artificial- son concebidas para una conflagraci\u00f3n at\u00f3mica, por la empresa de fabricaci\u00f3n aeroespacial Space X del milmillonario Ellon Musk.<br \/>\nEse tipo de proyectos se inscribe en la privatizaci\u00f3n de las guerras y el creciente uso de mercenarios, que desde hace varias d\u00e9cadas administra el Pent\u00e1gono. Luego del fracaso de Vietnam, esa preeminencia de los contratistas se torn\u00f3 dominante.<\/p>\n<p>Pero la conversi\u00f3n de conflictos b\u00e9licos en un simple campo de negocios introduce dos problemas al intervencionismo imperial. Por un lado, erosiona la legitimidad pol\u00edtica de esas acciones, que son percibidas por el grueso de la poblaci\u00f3n como acontecimientos lejanos y no patri\u00f3ticos. Por otra parte, multiplica el descontrol de los mercenarios, que tienden a autonomizar sus operativos, privilegiando sus intereses o asumiendo metas propias. Fue lo ocurrido con viejos socios de la CIA como Bin Laden y con otros legionarios del yihadismo.<br \/>\nLa capacidad de los imperios para gestionar sus posesiones con tropas de otro cu\u00f1o, siempre dependi\u00f3 de la vitalidad de esas configuraciones. En su esplendor, Roma otorgaba la ciudadan\u00eda a cambio del servicio militar e Inglaterra lleg\u00f3 a manejar casi la mitad de sus fuerzas con reclutas de las colonias. Pero esas modalidades resultaron contraproducentes en el declive de ambas potencias y ese mismo infortunio con los cipayos afecta a Estados Unidos en la actualidad.<\/p>\n<p>La sustituci\u00f3n de la confrontaci\u00f3n b\u00e9lica por el terrorismo es otro indicio de las desventuras que afronta el Pent\u00e1gono. De la misma forma, que ha optado por delegar en vasallos los operativos m\u00e1s riesgosos y que elude el uso de tropas propias, recurre a los m\u00e9todos mafiosos del asesinato selectivo en su acci\u00f3n internacional.<br \/>\nHilary Clinton festej\u00f3 el crimen de Gadafi y Obama celebr\u00f3 el homicidio de Bin Laden, con la misma naturalidad que Trump exalt\u00f3 el magnicidio de Jamene\u00ed. Israel introdujo y generaliz\u00f3 esa modalidad de ultimar opositores, que tradicionalmente diferenci\u00f3 al hampa de la punici\u00f3n estatal.<\/p>\n<p>Ese desprecio por el derecho internacional parece un acto de dominaci\u00f3n, poder o impunidad, pero en los hechos es otro signo de impotencia del declinante imperialismo norteamericano. Como no logra ejercer su tradicional preponderancia, recurre a vetustas modalidades de salvajismo (Chomsky; Prashad, 2012). El uso reciente de la Inteligencia Artificial para programar masacres de civiles en Palestina, L\u00edbano o Ir\u00e1n es otro indicio de la misma tendencia.<br \/>\nEstados Unidos afianza esta variedad de militarismo atropellado, como desorientada respuesta a su p\u00e9rdida de autoridad geopol\u00edtica. Ninguno de sus gobiernos asume que el fin de la unipolaridad obliga a la primera potencia a actuar en un nuevo tablero de disperso poder multipolar.<br \/>\nLos antecesores de Trump ignoraron ese cambio y el magnate ha intentado manejar sin ning\u00fan \u00e9xito este adverso escenario. No logr\u00f3 ese control con amenazas econ\u00f3micas coercitivas en el 2025 y menos a\u00fan con las aventuras b\u00e9licas del 2026. Ese bienio aport\u00f3 nuevas confirmaciones de un declive derivado de tendencias de mayor porte.<\/p>\n<h2>ANTICIPIOS, PERCPECIONES Y ACIERTOS<\/h2>\n<p>El retroceso de largo plazo que afronta Estados Unidos fue diagnosticado con gran anticipaci\u00f3n por varios estudiosos del tema. De ese pelot\u00f3n sobresali\u00f3 un pensador, que subray\u00f3 la triple dimensi\u00f3n del declive en el plano financiero, econ\u00f3mico y militar (Arrighi, 1999: 192-288).<br \/>\nDestac\u00f3 que el primer indicador era caracter\u00edstico del ocaso padecido por todas las potencias en repliegue. Describi\u00f3 c\u00f3mo en el caso estadounidense, la financiarizaci\u00f3n socav\u00f3 el aparato productivo y atribuy\u00f3 esa regresi\u00f3n fabril a la expansi\u00f3n de empresas transnacionales, que erosionaron la cohesi\u00f3n territorial norteamericana. Precis\u00f3, adem\u00e1s, la forma en que el neoliberalismo acentu\u00f3 la sobreacumulaci\u00f3n, afectando a la econom\u00eda del Norte y detall\u00f3 c\u00f3mo el languidecimiento de la actividad productiva agrav\u00f3 la ca\u00edda del beneficio (Arrighi, 1999: 288-390).<br \/>\nPartiendo de esa evaluaci\u00f3n, estim\u00f3 que el ocaso no era contenido con exhibiciones de poder militar, ni por sus efectos en inconsistentes recuperaciones. Record\u00f3, adem\u00e1s, que los fracasos b\u00e9licos inaugurados con Vietnam, no fueron revertidos por ninguna contraofensiva posterior (Arrighi, 2005).<\/p>\n<p>Ese diagn\u00f3stico permiti\u00f3 percibir en forma muy temprana el ascenso de China y se\u00f1alar la existencia de una aguda contraposici\u00f3n entre dos modelos (territorialismo capitalista y econom\u00eda mercantil), determinantes de retroceso estadounidense y del ascenso chino. Fue una mirada que captur\u00f3 en su embri\u00f3n, din\u00e1micas de largo plazo que desbordaban la mera competencia econ\u00f3mica entre Occidente y Oriente (Arrighi, 2007: 217-371).<br \/>\nEn contraste con otras visiones, que situaban el declive estadounidense en un tobog\u00e1n de inexorable autodestrucci\u00f3n de todo el sistema mundial (Wallerstein, 2005: 109-141), ese enfoque avizor\u00f3 distintos desenlaces posibles, sin postular un devenir predeterminado. Evit\u00f3 identificar la crisis del capitalismo norteamericano con un derrumbe cronol\u00f3gicamente previsible, se\u00f1alando que el declive no segu\u00eda un patr\u00f3n de automaticidad econ\u00f3mica. Remarc\u00f3 la conexi\u00f3n de ese retroceso con procesos pol\u00edtico-sociales divorciados de cualquier calendario preestablecido (Katz, 2023: 41-42).<\/p>\n<p>Muchos analistas posteriores han destacado las distintas aristas del declive estadounidense, ilustrando c\u00f3mo la continuada financiarizaci\u00f3n de esa econom\u00eda ha obstruido los intentos de recomposici\u00f3n productiva. Recuerdan, especialmente, que la sostenida exacci\u00f3n de recursos del resto del mundo, no logra ser utilizada internamente para contrarrestar el ocaso.<br \/>\nLos enfoques que subrayan la dimensi\u00f3n multicausal del declive, enfatizan la variedad de procesos que interact\u00faan en esa regresi\u00f3n. Atribuyen la ca\u00edda, al efecto combinado de la explotaci\u00f3n capitalista, el militarismo intervencionista, el hegemonismo pol\u00edtico y la ideolog\u00eda misionera. Con esa visi\u00f3n subrayan la multiplicidad de contradicciones que genera esa interacci\u00f3n (Galtung, 2010: 10-29).<\/p>\n<p>El declive fue avizorado tambi\u00e9n por los cr\u00edticos del comportamiento imperial estadounidense y por personajes de la elite de ese sistema, que en forma circunstancial o sistem\u00e1tica dieron cuenta de esa regresi\u00f3n con el prop\u00f3sito de revertirla.<br \/>\nEl registro de esas lecturas enriqueci\u00f3 la compresi\u00f3n del fen\u00f3meno, especialmente durante el auge de la unipolaridad. Su an\u00e1lisis permiti\u00f3 confrontar con los err\u00f3neos pron\u00f3sticos de resurrecci\u00f3n imperial norteamericana, que al poco tiempo fueron desmentidos de la realidad (Boron, 2014: 8-25).<\/p>\n<h2>ANALOG\u00cdAS CON ROMA<\/h2>\n<p>El declive de Estados Unidos suscita instructivas comparaciones hist\u00f3ricas, especialmente con el antecedente romano, que tambi\u00e9n oper\u00f3 como un sistema de dominaci\u00f3n asentado en normas de coerci\u00f3n, expansi\u00f3n y jerarqu\u00eda. La denominaci\u00f3n latina \u201cimperium\u201d alude a esa estructura, contrapuesta con el concepto griego de hegemon\u00eda, que siempre fue asociado con formas de sometimiento m\u00e1s consensuadas (Ilkowski, 2015).<\/p>\n<p>Muchas comparaciones resaltan similitudes de Estados Unidos con Roma en el terreno de la violencia autodestructiva. Las semejanzas son extendidas a otras esferas, como el estancamiento productivo, la depredaci\u00f3n de los recursos naturales, el despilfarro de las riquezas o la sobre expansi\u00f3n militar.<br \/>\nLas potencias declinantes suelen forzar la extracci\u00f3n de excedentes de sus s\u00fabditos para conservar el poder, quebrantando los equilibrios que facilitaban la prosperidad precedente. Por esa compulsi\u00f3n confiscatoria, Roma termin\u00f3 devor\u00e1ndose a s\u00ed misma, cu\u00e1ndo la expropiaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n circundante no alcanz\u00f3 para financiar el descontrolado gasto militar. Esa pr\u00e1ctica de confiscaci\u00f3n guerrera agot\u00f3 al imperio (Torres L\u00f3pez, 2026).<br \/>\nLa misma corrosi\u00f3n afecta actualmente a Estados Unidos en el plano de los ingresos y la deuda p\u00fablica. Roma colaps\u00f3 cuando el avance de los pueblos vecinos recort\u00f3 su base tributaria, deteriorando la custodia militar de sus fronteras. Esta misma erosi\u00f3n socava el financiamiento de Estados Unidos, a trav\u00e9s de la creciente desdolarizaci\u00f3n de las transacciones mundiales.<\/p>\n<p>Roma ejerc\u00eda su poder mediante la fuerza, pero manteniendo contrapartidas de protecci\u00f3n, seguridad y beneficios con sus s\u00fabitos y aliados. Cuando rompi\u00f3 ese equilibrio, perdi\u00f3 capacidad para preservar su dominaci\u00f3n (Norman, 2025). Esa misma fractura de alianzas afecta a Estados Unidos, desde que tiende a transformar a sus socios en vasallos. Ese cambio de relaciones corroe, por ejemplo, el pacto transatl\u00e1ntico que durante toda la segunda mitad del siglo XX sostuvo al sistema imperial.<br \/>\nUn contrapunto esclarecedor entre los efectos de la expansi\u00f3n agr\u00edcola romana y la globalizaci\u00f3n contempor\u00e1nea, ilustra el boomerang que emparenta al declive de los dos imperios. Al extender sus cultivos fuera de sus fronteras, Roma deterior\u00f3 su vieja primac\u00eda rural a favor de sus vecinos, en un proceso semejante a la mundializaci\u00f3n econ\u00f3mica que inici\u00f3 Estados Unidos y empoder\u00f3 a China.<\/p>\n<p>En ambos casos, las ventajas iniciales de la potencia dominante en sectores estrat\u00e9gicos fueron capturadas por sus adversarios, en la propia din\u00e1mica expansiva del hegem\u00f3n. En las dos situaciones, las metr\u00f3polis plantaron las semillas de su propia regresi\u00f3n. En la Antig\u00fcedad, compartiendo pr\u00e1cticas agr\u00edcolas y en la actualidad, exportando industrias, tecnolog\u00edas y servicios, que fueron recreados con mayor productividad por sus destinatarios (Heather; Rapley, 2024).<br \/>\nOtro rasgo del declive que emparenta a Roma con Estados Unidos es la perduraci\u00f3n temporal de ese descenso, luego del propio agotamiento del sistema. Esa decadencia se extendi\u00f3 durante centurias en la Antig\u00fcedad y se verifica en las \u00faltimas d\u00e9cadas de regresi\u00f3n norteamericana (Galtung, 2010: 10-29).<\/p>\n<p>La analog\u00eda entre ambos imperios, se extiende tambi\u00e9n a la forma en que las contradicciones econ\u00f3micas internas fueron agravadas por la acci\u00f3n militar. La Guerras contra Cartago le permitieron al coloso de la Antig\u00fcedad controlar el Mediterr\u00e1neo y la provisi\u00f3n de esclavos para su econom\u00eda dom\u00e9stica. Pero ese suministr\u00f3 incentiv\u00f3 expansiones militares ulteriores que socavaron esas ventajas. El gendarme norteamericano padece el mismo s\u00edndrome, como custodio internacional de la opresi\u00f3n capitalista (Roberts, 2026).<br \/>\nLas semejanzas tambi\u00e9n se verifican en la virulencia imperial. Esa ferocidad es una consecuencia directa del declive, que reduce la capacidad para generar consensos y desplegar la hegemon\u00eda, generando formas m\u00e1s inestables y violentas de dominaci\u00f3n. Los imperios nunca declinan de manera suave, aceptando pasivamente la p\u00e9rdida de su poder. Multiplican las amenazas, exigen mayor obediencia y se tornan m\u00e1s agresivos.<\/p>\n<p>Esa conducta de Roma, fue reproducida por las atrocidades de la Corona espa\u00f1ola para mantener sus dominios americanos, por el genocidio de los armenios durante el ocaso del imperio otomano, por la crueldad de los brit\u00e1nicos frente la p\u00e9rdida de su joya en la India y por el ba\u00f1o de sangre que perpetr\u00f3 el colonialismo franc\u00e9s para evitar la independencia Argelia (Boron, 2014: 8-25). Desde hace d\u00e9cadas, el imperialismo norteamericano repite esa conducta, con guerras que destruyen pa\u00edses, sin generar ninguna contenci\u00f3n a su declive.<\/p>\n<h2><strong>OTROS CONTRAPUNTOS HIST\u00d3RICOS<\/strong><\/h2>\n<p>La confrontaci\u00f3n entre Estados Unidos y China ha recreado tambi\u00e9n el inter\u00e9s por la moraleja hist\u00f3rica de la trampa de Tuc\u00eddides. Esa referencia es utilizada para ilustrar el resultado adverso que afronta una potencia emergente, cuando intenta destronar a destiempo a su rival dominante. Atenas era la ascendente ciudad-estado mar\u00edtima, que ten\u00eda todo a su favor para doblegar al antiguo dominador terrestre espartano. Pero esas ventajas no le alcanzaron para ganar su apuesta b\u00e9lica.<br \/>\nEse inesperado resultado es recordado, a veces, para imaginar situaciones victoriosas del dominador estadounidense, si el desafiante chino captura Taiw\u00e1n y termina sufriendo la misma derrota que padecieron los atenienses.<br \/>\nPero la reincorporaci\u00f3n de esa isla al territorio unificado de China, sigue una pauta estrat\u00e9gica de otro tipo y ya anticipada por la asimilaci\u00f3n de Hong Kong. Es concebida como un proceso m\u00e1s econ\u00f3mico que militar y no se inscribe en pol\u00edticas imperiales expansivas por parte de China. La analog\u00eda con Atenas y Esparta es adem\u00e1s forzada, porque en el siglo XXI el agresor (Estados Unidos) es una potencia establecida en declive y el agredido (China) es un emergente, que elude el uso de la fuerza.<\/p>\n<p>Justamente por ese posicionamiento, la trampa de Tuc\u00eddides fue expl\u00edcitamente aludida por Xi Jinping en su reciente encuentro con Trump. El presidente chino convoc\u00f3 a evitar el aprisionamiento mutuo en un conflicto b\u00e9lico. Aludi\u00f3 a esa referencia hist\u00f3rica, como un enredo que todos los involucrados deben rehuir para impedir in\u00fatiles sangr\u00edas.<br \/>\nAlgunos autores han estudiado la ense\u00f1anza de Tuc\u00eddides con esa misma finalidad, distinguiendo cu\u00e1les fueron los conflictos entre potencias desafiantes y predominantes, que desembocaron en la guerra y cu\u00e1les sortearon ese desenlace. A partir de ese c\u00f3mputo, destacan que la contienda fue evitada en varios casos y puede ser igualmente soslayada en el futuro. Se\u00f1alan que el ejemplo m\u00e1s reciente de esa tensi\u00f3n sin guerra final, fue la confrontaci\u00f3n que mantuvieron Estados Unidos y la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. Entienden que ese antecedente deber\u00eda ser reproducido en la disputa actual entre Washington y Beijing (Allison, 2017:1-3).<br \/>\nEse escape de la trampa de Tuc\u00eddides ser\u00eda factible, porque al igual que la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica (y a diferencia de Atenas), China no est\u00e1 embarcada en proyectos militaristas ofensivos, sino en desenvolver un escudo defensivo contra el agresor norteamericano.<\/p>\n<p>Otro antecedente ilustrativo -muy distante de lo ocurrido entre la Estados Unidos y la URSS- fue la confrontaci\u00f3n que desat\u00f3 el hegem\u00f3nico imperio brit\u00e1nico (retador), contra el desafiante rival alem\u00e1n (retado), a principio del siglo XX. Pero esa pugna se dirimi\u00f3 en el campo de batalla e involucr\u00f3 a enemigos con estrategias y conductas muy distintas del contexto actual. China no es comparable con Alemania, y Estados Unidos no se asemeja a Inglaterra.<br \/>\nEn el primer caso, porque Beijing est\u00e1 embarcado en una expansi\u00f3n econ\u00f3mica mundial, que no sigue la pauta del militarismo imperialista. Despliega negocios y no invasiones, con la atenci\u00f3n puesta en sostener su crecimiento y no en la ocupaci\u00f3n formal o informal de territorios ajenos. Esta conducta se ubica en las ant\u00edpodas del imperialismo alem\u00e1n de la primera mitad del siglo XX (Katz, 2023: 100-109).<\/p>\n<p>Por otra parte, varias diferencias separan a Estados Unidos de su antecesor brit\u00e1nico, ante todo, en el plano econ\u00f3mico. Inglaterra era un acreedor mundial que exportaba capitales, financiando la inversi\u00f3n mundial con fondos que flu\u00edan desde la metr\u00f3polis hacia la periferia. Por el contrario, Estados Unidos es un deudor que recepta esos capitales. Acumula, adem\u00e1s, un monumental d\u00e9ficit comercial con su retador chino que financia con emisi\u00f3n y endeudamiento (Tooze, 2026).<br \/>\nEs cierto que la industria inglesa declinaba con la misma t\u00f3nica que su sucesor norteamericano actual y que tambi\u00e9n recurri\u00f3 al proteccionismo para contrarrestarla, pero nunca afront\u00f3 la escala que presentan esos procesos en Estados Unidos. Y esa diferencia de intensidades es muy relevante para una potencia norteamericana, que se expandi\u00f3 a partir de su propia base territorial.<\/p>\n<p>Mientras que Gran Breta\u00f1a, que se vio obligada a salir tempranamente al exterior para colocar sobrantes industriales, importar materias primas y asegurar su preeminencia financiera, la econom\u00eda estadounidense se desenvolvi\u00f3 en forma paulatina con par\u00e1metros autocentrados. No emergi\u00f3 de una localizaci\u00f3n peque\u00f1a (como Holanda o Portugal), ni mediana (como Gran Breta\u00f1a o Francia), sino de un enorme asentamiento poblado con torrentes de inmigrantes. El declive actual de su industria afecta duramente esa trayectoria.<br \/>\nEstados Unidos no cuenta, adem\u00e1s, con la flexibilidad que tuvo Gran Breta\u00f1a para consumar su repliegue, amold\u00e1ndose a nuevas circunstancias hist\u00f3ricas. Mientras que Inglaterra pudo realizar su traspaso del comando mundial al socio ascendente, su ahijado no tiene a mano ese candidato y no puede repetir esa transferencia.<br \/>\nLa inflexibilidad norteamericana obedece a fuertes determinantes militares, que lo diferencian del antecesor ingl\u00e9s. La primera potencia ha forjado una estructura b\u00e9lica cualitativamente superior a la construida por Gran Breta\u00f1a, puesto que asumi\u00f3 un rol de protecci\u00f3n del capitalismo mundial que su predecesor nunca desenvolvi\u00f3. Por esa raz\u00f3n, Washington no se embarca en los caminos para deshacer el imperio que sigui\u00f3 Londres y refuerza su ofensiva de guerras imperiales, en todos los rincones del planeta.<br \/>\nExisten tambi\u00e9n comparaciones de la regresi\u00f3n estadounidense con lo ocurrido con la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, pero son contrapuntos poco pertinentes. Omiten que la URSS nunca tuvo una impronta imperial, porque tampoco cobij\u00f3 un sistema capitalista. Careci\u00f3 de una clase propietaria asentada en la acumulaci\u00f3n de plusval\u00eda y sujeta a las reglas de la competitividad entre empresas.<\/p>\n<p>Esa ausencia explica la pol\u00edtica conservadora que desenvolv\u00eda el Kremlin, evitando el expansionismo y bregando por recrear el estatus quo con su par norteamericano. Por el contrario, Estados Unidos es el imperialismo global m\u00e1s agresivo de la historia, porque concentra en su sistema econ\u00f3mico todas las contradicciones del capitalismo del siglo XXI.<br \/>\nEs importante tener presente las diferencias de reg\u00edmenes sociales en que se asientan las potencias en declive. El poder de Roma descansaba en la propiedad territorial, el trabajo esclavo y la expansi\u00f3n fronteriza, mientras que el imperio del capital estadounidense se sostiene en la explotaci\u00f3n del trabajo asalariado, la competencia y la productividad de las empresas. Y lo mismo vale para los contrapuntos con otros casos. Ese reconocimiento es importante, para notar que las semejanzas en los declives de los distintos imperios no suponen desemboques an\u00e1logos.<\/p>\n<p>El inter\u00e9s por mirar el pasado con preocupaciones de futuro siempre fue el prop\u00f3sito de esas comparaciones. Las primeras analog\u00edas de la decadencia de Roma con su posible repetici\u00f3n en Inglaterra (que formul\u00f3 Gibbon en 1776), eran impulsadas por la pretensi\u00f3n de evitar ese descenso, con mayor est\u00edmulo del comercio y la industria.<br \/>\nLa trampa de Tuc\u00eddides es reiteradamente recordada para alertar sobre las inmanejables consecuencias de cualquier chispa b\u00e9lica, pero tambi\u00e9n para postular singularidades de Estados Unidos que lo eximir\u00edan de cualquier declive. Ese negacionismo constituye otro aspecto clave del escenario actual, que analizamos en el pr\u00f3ximo texto.<\/p>\n<p><strong>RESUMEN<\/strong><\/p>\n<p>El imperialismo estadounidense intenta contrarrestar su retroceso con agresiones militares. El predominio del siglo XX qued\u00f3 tan atr\u00e1s como la unipolaridad y es muy visible el declive frente al rival chino. La primera potencia concentra desequilibrios econ\u00f3micos capitalistas y fracasos b\u00e9licos may\u00fasculos, que fueron anticipados por los cr\u00edticos de la resurrecci\u00f3n imperial. Las analog\u00edas con Roma explican la violencia autodestructiva y las comparaciones con Gran Breta\u00f1a ilustran la dificultad para remodelar el imperio.<\/p>\n<p><strong>REFERENCIAS<\/strong><\/p>\n<p>-Torres L\u00f3pez, Ju\u00e1n (2026). El doloroso declive de los imperios https:\/\/rebelion.org\/el-doloroso-declive-de-los-imperios\/<br \/>\n-Magdoff, Harry (1969). La era del imperialismo, Pensamiento Cr\u00edtico, La Habana, n\u00famero 29, p\u00e1ginas 6-159<br \/>\n-Amin, Samir (2004). El imperialismo colectivo, IDEP-CTA, Buenos Aires, 2004.<br \/>\n-Katz, Claudio (2023). 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Yankwashing : c\u00f3mo el imperio borra la verdad<\/p>\n<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"ory0esIIkE\"><p><a href=\"https:\/\/rebelion.org\/yankwashing-como-el-imperio-borra-la-verdad\/\">Yankwashing : c\u00f3mo el imperio borra la verdad<\/a><\/p><\/blockquote>\n<p><iframe class=\"wp-embedded-content\" sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" style=\"position: absolute; visibility: hidden;\" title=\"\u00ab&lt;i&gt;Yankwashing&lt;\/i&gt; : c\u00f3mo el imperio borra la verdad\u00bb \u2014 Rebelion\" src=\"https:\/\/rebelion.org\/yankwashing-como-el-imperio-borra-la-verdad\/embed\/#?secret=ory0esIIkE\" data-secret=\"ory0esIIkE\" width=\"600\" height=\"338\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\"><\/iframe><br \/>\n-Foster, John Bellamy (2025). 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