{"id":4661,"date":"2026-08-17T18:36:38","date_gmt":"2026-08-17T18:36:38","guid":{"rendered":"https:\/\/hueleaazufre.com\/wordpress_a\/?p=4661"},"modified":"2026-08-17T18:36:38","modified_gmt":"2026-08-17T18:36:38","slug":"el-declive-de-estados-unidos-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hueleaazufre.com\/wordpress_a\/index.php\/2026\/08\/17\/el-declive-de-estados-unidos-ii\/","title":{"rendered":"El declive de Estados Unidos II"},"content":{"rendered":"<p>Las enormes adversidades que afronta Estados Unidos son vistas en los principales c\u00edrculos del poder como contratiempos pasajeros. No reconocen el declive, ni tampoco el rechazo externo al belicismo norteamericano o la p\u00e9rdida de incidencia geopol\u00edtica del pa\u00eds. Esa negaci\u00f3n es conceptualizada con argumentos dis\u00edmiles por los autores liberales y neoconservadores, que cierran los ojos frente a los contundentes indicios de esa regresi\u00f3n.<\/p>\n<p>El declive es en cambio avizorado por los te\u00f3ricos del realismo, que registran la evidencia de la ca\u00edda y por analistas del liberalismo cr\u00edtico, que observan un retroceso relativo causado por desaciertos de la pol\u00edtica exterior o por deformaciones en la gesti\u00f3n interna. Esta amplia gama de opiniones influye de manera muy variable, sobre las corrientes pol\u00edticas que disputan primac\u00eda en la elite gobernante.<\/p>\n<h2>EL NEGACIONISMO LIBERAL<\/h2>\n<p>Lo te\u00f3ricos liberales suelen reflotar los mitos de la identidad estadounidense, para justificar su postura antideclinista. Algunos estiman que el pa\u00eds sigue siendo el principal referente internacional de un orden global de convivencia y progreso. Estiman que el tradicional rol norteamericano de \u201cciudadano prominente\u201d de ese sistema, tiende a perdurar por el excepcional legado que concentra la primera potencia (Ikenberry, 2018).<br \/>\nCon m\u00e1s recato que en el pasado, este diagn\u00f3stico recrea la vieja idealizaci\u00f3n de Estados Unidos, como una potencia singular que despierta admiraci\u00f3n, respeto o envidia del resto del mundo. Esa visi\u00f3n omite todos los indicios de p\u00e9rdida de esa centralidad y contin\u00faa enalteciendo al pa\u00eds, como un caso excepcional que lo exime de los infortunios afrontados por otros imperios.<\/p>\n<p>Esa mirada olvida que todas las potencias proclamaron su invariable supremac\u00eda, alegando inimitables singularidades. Los ingleses exaltaban su origen aristocr\u00e1tico, los franceses su liderazgo cultural y los alemanes su capacidad organizativa. Todos alud\u00edan a virtudes de su identidad nacional, que los glorificadores de Estados Unidos suponen exclusiva.<br \/>\nEl \u201cdestino manifiesto\u201d en que se asienta esa ponderaci\u00f3n se nutri\u00f3 de alegatos de primac\u00eda anglosajona, frente a los abor\u00edgenes exterminados, los negros esclavizados y los latinos explotados. La apropiaci\u00f3n de la denominaci\u00f3n \u201cAm\u00e9rica\u201d tan solo para Estados Unidos, supuso de entrada una descalificaci\u00f3n del resto del continente. Esa desvalorizaci\u00f3n se acentu\u00f3 con la identificaci\u00f3n de la prosperidad, el bienestar o el padrinazgo con el Norte y el subdesarrollo, la corrupci\u00f3n o la incapacidad para autogobernarse con Am\u00e9rica Latina.<br \/>\nPero esa contraposici\u00f3n ha quedado erosionada por el declive del imperio. \u201cAm\u00e9rica\u201d persiste como sin\u00f3nimo corriente de Estados Unidos, pero sin la carga de elogio, admiraci\u00f3n o reverencia del pasado.<\/p>\n<p>Muchos liberales desechan ese distanciamiento, se\u00f1alando que Estados Unidos conserva grandes capacidades para recrear su preeminencia internacional. Afirman que el declive es una falsa percepci\u00f3n, alimentada por cuestionamientos internos, heridas autoinfligidas o malestares en el humor de su poblaci\u00f3n. Atribuyen las tesis decadentistas a esa mutable psicolog\u00eda de los propios ciudadanos del pa\u00eds (Nye, 2024a). Pero esos registros no son volubles impresiones, ni cambiantes sensaciones, sino capturas reales de las transformaciones que afronta Estados Unidos. El ocaso del sue\u00f1o americano se verifica en el acentuado deterioro del nivel de vida de la poblaci\u00f3n, que ilustran los indicadores de ingresos, salud, educaci\u00f3n, esperanza de vida o movilidad social. El n\u00famero de personas encarceladas, los decesos por armas de fuego y las quiebras familiares por endeudamiento confirman ese diagn\u00f3stico. El alica\u00eddo estado de \u00e1nimo refleja los dramas de una sociedad fracturada, violenta y desigual.<\/p>\n<p>La mirada convencional ignora o menosprecia estas evidencias, porque identifica a Estados Unidos con la auto confianza y la consiguiente capacidad para sobreponerse a cualquier malestar (Nye, 2024b). Pero no se entiende por qu\u00e9 raz\u00f3n esa cualidad ser\u00eda tan exclusiva de esa naci\u00f3n. La historia del siglo XX indica que un gran n\u00famero de pa\u00edses han logrado superar situaciones m\u00e1s traum\u00e1ticas, que las padecidas por Estados Unidos. Ese pa\u00eds siempre libr\u00f3 guerras fuera de sus fronteras y nunca tuvo que lidiar con la tragedia de las invasiones, que por ejemplo sufrieron Rusia o China.<\/p>\n<p>El antideclinismo liberal postula que Estados Unidos encarna los valores universales del liberalismo y tiende a exportar esos ideales al resto del mundo. Ser\u00eda el portador de la democracia a todos los rincones del planeta y esa promoci\u00f3n de la civilizaci\u00f3n lo diferenciar\u00eda de otros imperios (Ikenberry, 2024).<br \/>\nPero esa autoasignaci\u00f3n de virtudes educativas oculta la hipocres\u00eda de una potencia, que utiliza estandartes altruistas para justificar incursiones brutales. Esos operativos invocan los derechos humanos, la justicia, la contenci\u00f3n de enemigos impiadosos o el auxilio de poblaciones afectadas, cuando en los hechos simplemente apuntalan los negocios de los capitalistas. Con alabanzas a la concordia y la cooperaci\u00f3n, consuman matanzas para favorecer a la elite de enriquecidos que comanda al pa\u00eds. Adem\u00e1s, Washington siempre emiti\u00f3 mensajes salvadores para edulcorar intervenciones, que invariablemente empeoran los escenarios a enmendar.<\/p>\n<p>El imperialismo norteamericano ha ejercido desde la mitad del siglo XX un control militar del planeta, a trav\u00e9s de un sistema de bases militares que sustituy\u00f3 al dispositivo colonial europeo. Asent\u00f3 su predominio en un coercitivo mecanismo, ubicado en las ant\u00edpodas de cualquier cooperaci\u00f3n.<br \/>\nLa duplicidad liberal oculta ese basamento, recreando los enga\u00f1os de respeto a la soberan\u00eda ajena. Esa tolerancia siempre tuvo un alcance limitado para los socios o vasallos y fue directamente nula para los adversarios o desafiantes. El liberalismo persiste como el principal transmisor de las falacias estadounidenses y por eso desconoce el descreimiento que actualmente suscitan esas falacias.<\/p>\n<h2>EL MITO DEL PODER BLANDO<\/h2>\n<p>Cada tanto, los te\u00f3ricos liberales reconocen el declive de Estados Unidos, pero asign\u00e1ndole una escala acotada. Destacan que su pa\u00eds conserva ventajas de geograf\u00eda (rodeado por oc\u00e9anos), moneda (primac\u00eda del d\u00f3lar), demograf\u00eda (renovaci\u00f3n de la fuerza laboral) y tecnolog\u00eda (especialmente digital) (Nye, 2024a).<br \/>\nPero desconocen las nuevas adversidades en esos campos e ignoran la limitada relevancia de esas \u00e1reas, en comparaci\u00f3n al desmoronamiento industrial y la baja productividad de la econom\u00eda estadounidense.<\/p>\n<p>Las miradas condescendientes suelen considerar que Estados Unidos vencer\u00e1 a China por atributos de larga data. Con anteojeras eurocentristas, no registran que el desafiante asi\u00e1tico est\u00e1 conquistando, uno tras otro, todos los podios en disputa. La f\u00e9rrea defensa que exhibe Beijing del libre comercio, contra el renacido proteccionismo de Washington, trasparenta qui\u00e9n detenta la mayor competitividad.<br \/>\nPasando por alto estos cruciales basamentos econ\u00f3micos, el antideclinismo liberal proclama que Estados Unidos vencer\u00e1, por el poder blando de atracci\u00f3n que mantiene frente a un rival carente de esa cualidad (Nye, 2024a). Destacan la enorme capacidad de persuasi\u00f3n que conserva la potencia dominante, para que otros hagan lo que ella anhela. Estiman que Estados Unidos puede recrear y actualizar esa modalidad de poder para perpetuar su primac\u00eda.<\/p>\n<p>Pero esa enorme influencia ideol\u00f3gica, cultural y pol\u00edtica no deriva de los valores universales, que el liberalismo remarca e idealiza, sino de la pujanza que exhibi\u00f3 el capitalismo yanqui en el pasado. En ese vigor econ\u00f3mico y productivo se asent\u00f3 el americanismo, como ideolog\u00eda exaltadora del capitalismo en estado puro.<br \/>\nLos mensajes de contractualismo espont\u00e1neo, conveniencias de la desigualdad social y m\u00e9ritos de la privatizaci\u00f3n ilimitada -que tradicionalmente difundi\u00f3 Estados Unidos- atrajeron la admiraci\u00f3n de las clases dominantes de todo el mundo. Todas quedaron fascinadas por la adulaci\u00f3n de la empresa, como un campo de cristalizaci\u00f3n del talento, que despliega el esp\u00edritu aventurero de los inversores y la creatividad de los gerentes.<\/p>\n<p>Ese elogio de la firma fue complementado con la veneraci\u00f3n del individualismo, como virtud suprema de la personalidad y la exaltaci\u00f3n de la acumulaci\u00f3n, como una larga traves\u00eda de capitalistas heroicos. El poder blando de Estados Unidos se afianz\u00f3 por la internacionalizaci\u00f3n de esa ideolog\u00eda, que reverencia al capitalismo en forma irrestricta.<br \/>\nLa posguerra fue edad de oro de ese americanismo, que logr\u00f3 una sobrevida adicional bajo el neoliberalismo. Pero esa ideolog\u00eda actualmente pierde atractivo, en estricta correspondencia con el declive su inspirador. Estados Unidos ya no es visto como un exportador de bienestar, sino como art\u00edfice de tremendos procesos destructivos y su poder blando no resucitar\u00e1 por simple nostalgia de un contexto ideol\u00f3gico que ha desaparecido.<\/p>\n<p>El ensalzamiento general del capitalismo persiste, fue revitalizado por el neoliberalismo y alcanz\u00f3 un nuevo cenit con la ultraderecha, pero ha perdido su asociaci\u00f3n con la superioridad o primac\u00eda de Estados Unidos. La celebraci\u00f3n del mercado y las expectativas de r\u00e1pido ascenso social, ya no son sin\u00f3nimo del sue\u00f1o americano.<br \/>\nEl liberalismo desconoce ese cambio cualitativo, imaginando que Estados Unidos persiste como una sociedad innovadora y potente, capaz de proyectar su poder sobre el resto del planeta por el dominio ideol\u00f3gico que forj\u00f3 en el pasado.<\/p>\n<p>Pero esa mirada sobrevalora la capacidad que mantienen las mercanc\u00edas culturales, los consumos medi\u00e1ticos y los controles de las redes sociales, para sostener esa influencia. No alcanza con la consolidaci\u00f3n del ingl\u00e9s como lengua franca, o con la cooptaci\u00f3n educativa de las distintas elites del mundo por los centros acad\u00e9micos norteamericanos. El poder blando opera sobre esas aristas, pero no puede recrearse y pierde efectividad, por el gran retroceso que sufren los basamentos productivos de ese mando.<br \/>\nEl liberalismo comparte el diagn\u00f3stico globalista, que presenta la regresi\u00f3n estadounidense como un episodio coyuntural, derivado de la alocada gesti\u00f3n de Trump. Supone que, una vez reconstruida la institucionalidad mundial quebrantada por el magnate, Estados Unidos recuperar\u00e1 su autoridad moral y su preponderancia ideol\u00f3gica (Nye, 2024a). Imagina que tan solo bastar\u00e1 con reconstruir las alianzas multilaterales del pasado, para recuperar el mando yanqui de Occidente, resucitando la influencia de Washington que Trump degrad\u00f3 hasta un piso nunca visto (Ikenberry, 2024).<\/p>\n<p>Pero el deterioro de esos atributos precedi\u00f3 a Trump y se consum\u00f3 bajo la gesti\u00f3n de sus antecesores liberales y globalistas. Del fracaso de esas administraciones emergi\u00f3 el magnate y sus fallidos han confirmado, que el declive del poder blando, no obedece tan solo a la prepotencia despectiva del magnate. Fue el desplome de la globalizaci\u00f3n neoliberal, lo que potenci\u00f3 la erosi\u00f3n de esa fuerza. La confianza liberal en que Estados Unidos puede sobreponerse a sus desventuras -y recuperar hegemon\u00eda por su gran capacidad de adaptaci\u00f3n a las nuevas circunstancias- es un simple mito.<\/p>\n<p>El declive de largo plazo que afronta la primera potencia demuestra lo contrario. El pa\u00eds exhibe una manifiesta dificultad para reconocer y amoldarse al escenario multipolar. Por eso depende de acciones militares, que los propios promotores del poder blando observan como un recurso insoslayable para sostener la primac\u00eda mundial. Auspician especialmente en Ucrania, pol\u00edticas ultra belicistas, que contradicen la relevancia formalmente asignada al poder blando (Slaughter, 2026).<br \/>\nEse contrasentido no es la \u00fanica, ni la menor contradicci\u00f3n que rodea al liberalismo. La negaci\u00f3n del declive les impide comprender el problema b\u00e1sico que afronta el pa\u00eds (Wolff, 2026a, 2026b).<\/p>\n<h2>LA CRUDEZA DEL PODER FUERTE<\/h2>\n<p>La variante neoconservadora de negaci\u00f3n del declive, comparte con su par liberal la exaltaci\u00f3n de los valores universales, que Estados Unidos exportar\u00eda al resto del mundo. Pero discrepa sobre el pilar de esa fuerza ben\u00e9vola. En lugar de situar ese cimiento en el poder blando de Occidente, lo atribuye al poder fuerte que exhibe el Pent\u00e1gono.<br \/>\nEsa mirada enfatiza el rol de la primera potencia como custodio del planeta e imperio ben\u00e9volo (Kagan, 1998). Destaca que el abandono de ese papel, quebrantar\u00eda el orden mundial y desembocar\u00eda en un escenario de inmanejable caos. Recuerda que Washington hace valer su protecci\u00f3n del mundo mostrando fuerza y que la renuncia a esa ostentaci\u00f3n, afectar\u00eda el liderazgo que necesita la civilizaci\u00f3n para subsistir (Kagan, 2026a).<\/p>\n<p>Este enfoque resalta la deuda que todo el mundo mantiene con Estados Unidos por el sost\u00e9n que el Pent\u00e1gono brinda a la democracia, la libertad y el progreso. Repite esos lugares comunes del discurso liberal, con un agregado de expl\u00edcita agresividad belicista. Este a\u00f1adido militarista aporta el ingrediente neoconservador espec\u00edfico al discurso cl\u00e1sico del americanismo (Sanz, 2014).<\/p>\n<p>Kagan es un renombrado auspiciante de estos mensajes, que concentra en su propia trayectoria la furia militarista de su vertiente. Fue uno de los principales te\u00f3ricos del \u201cnuevo siglo americano\u201d en los a\u00f1os de Bush y justific\u00f3 sin ning\u00fan reparo la invasi\u00f3n a Irak y la devastaci\u00f3n de Afganist\u00e1n. Posteriormente, estuvo involucrado en el golpe de Estado perpetrado en Ucrania, para promover el ingreso de ese pa\u00eds a la OTAN y provocar una confrontaci\u00f3n con Rusia.<br \/>\nEn la actualidad es un estrecho aliado del genocida Netanyahu, rechaza cualquier reconocimiento del escenario multipolar, exige el rearme de Europa y Jap\u00f3n y auspicia alianzas internacionales reconstructoras de la supremac\u00eda norteamericana.<\/p>\n<p>\u00daltimamente asumi\u00f3 una postura de indignado halc\u00f3n contra la humillaci\u00f3n propinada por Ir\u00e1n. Despotrica contra la actitud vacilante del Pent\u00e1gono, que a su juicio expresa la conducta de una \u201csuperpotencia rebelde, que no quiere luchar\u201d (Kagan, 2026b). Propone embarcar al imperio en la escalada que Trump intent\u00f3 soslayar, luego efectiviz\u00f3 a medias y por momentos abandona con inveros\u00edmiles maquillajes.<br \/>\nEn la \u00f3ptica neoconservadora, el declive no es un estado de \u00e1nimo pasajero, sino un efectivo peligro derivado del repliegue b\u00e9lico de Estados Unidos. A diferencia de los liberales no disimulan, ni relativizan la centralidad de la acci\u00f3n armada, para sostener el status dominante de la primera potencia. Subrayan sin ning\u00fan filtro esa caracter\u00edstica, la ponderan como un ADN del pa\u00eds y recuerdan que el Pent\u00e1gono es art\u00edfice de todas las ventajas logradas por el gigante del Norte.<\/p>\n<p>Esa reivindicaci\u00f3n de la coerci\u00f3n se inserta en la narrativa tradicional de un pa\u00eds, que naturaliz\u00f3 la guerra, como devenir inexorable de un pueblo elegido para cumplir con mandatos patri\u00f3ticos. Ese relato oculta la violencia ejercida en los pa\u00edses invadidos y las masacres cometidas por los marines. La dureza de la guerra es simplemente asumida como un dato invariable y por esa raz\u00f3n, el escenario b\u00e9lico ha quedado incorporado al sentido de com\u00fan de gran parte de la poblaci\u00f3n estadounidense.<br \/>\nEl matrimonio de Hollywood con el Pent\u00e1gono contribuy\u00f3 a generalizar esa ideolog\u00eda, disolviendo el contenido sanguinario de la guerra en la fascinaci\u00f3n de las im\u00e1genes. Permiti\u00f3 masificar la apariencia misionera de los marines, como salvadores de una civilizaci\u00f3n amenazada por cambiantes enemigos. La fisonom\u00eda racial, idiom\u00e1tica y nacional de los adversarios fue peri\u00f3dicamente modificada para penalizar a comunistas, musulmanes o narcotraficantes, seg\u00fan la conveniencia de cada momento.<\/p>\n<p>El trumpismo soberanista retom\u00f3 esa exaltaci\u00f3n del militarismo estadounidense. Captur\u00f3 con ese mensaje a una masa plebeya receptiva a los mitos del americanismo y descontenta con las elites globalistas de las Costas. Esas leyendas no solo realzan la genialidad de los estadounidenses, sino que enrostran ingratitud al resto mundo por desconocer lo que Estados Unidos ha hecho por ellos.<br \/>\nTodo el discurso de MAGA se asienta en creencias de ese tipo. El mensaje de restaurar la grandeza de Estados Unidos, est\u00e1 siempre emparentado con una retribuci\u00f3n pendiente al benefactor yanqui. El proteccionismo, las exigencias monetarias, los reclamos de reindustrializaci\u00f3n o las demandas de territorios, recursos naturales y localidades estrat\u00e9gicas que brutalmente formula Trump, se basan en ese presupuesto de recompensa adeudada al fil\u00e1ntropo yanqui.<\/p>\n<p>El trumpismo resalta, adem\u00e1s, el fundamento religioso del credo neoconservador, que presenta a Estados Unidos como un pa\u00eds elegido por Dios, para consolidar la superioridad anglosajona y las creencias protestantes. Marco Rubio complementa ese cimiento con un revival de la ideolog\u00eda macartista. Esos prejuicios de la guerra fr\u00eda, le asignan a cualquier acci\u00f3n de Occidente un contenido salvador de la \u00fanica civilizaci\u00f3n, que merece perdurar y gobernar al g\u00e9nero humano.<\/p>\n<h2>DIAGN\u00d3STICOS REALISTAS<\/h2>\n<p>Las miradas negacionistas pierden actualmente auditorio ante la manifiesta contundencia del declive estadounidense. Por el contrario, sus adversarios declinistas ganan terreno con explicaciones de distinto \u00edndole. La influencia de este campo se verifica en los te\u00f3ricos realistas de la disciplina Relaciones Internacionales, que reconocen el retroceso asign\u00e1ndole un cimiento geopol\u00edtico.<\/p>\n<p>Afirman que Estados Unidos desperdici\u00f3 el momento unipolar que sucedi\u00f3 a la implosi\u00f3n de la URSS, librando guerras in\u00fatiles, para instalar gobiernos del propio cu\u00f1o en Irak, Afganist\u00e1n, Libia, Siria, L\u00edbano, Sud\u00e1n y Somalia. Estiman que la primera potencia dilapid\u00f3 sus energ\u00edas y derroch\u00f3 sus recursos en esos inservibles operativos, que han generado consecuencias negativas de mayor gravedad en Ucrania. Destacan que Estados Unidos quebrant\u00f3 alianzas y perdi\u00f3 influencia pol\u00edtica por sus fracasadas aventuras militares.<br \/>\nEsta mirada estima que los desaciertos de varios gobiernos desubicaron a la primera potencia, frente al nuevo escenario multipolar. Convocan a registrar que Estados Unidos ya no puede imponer su agenda y debe considerar las demandas de otros jugadores, especialmente las exigencias de sus dos grandes rivales de Rusia y China. Proponen la adopci\u00f3n de pol\u00edticas de amoldamiento al mundo actual (Mearsheimer, 2023).<\/p>\n<p>Pero con este enfoque, enaltecen el pragmatismo y eluden indagar la existencia de procesos determinantes de la regresi\u00f3n estructural que afecta a la primera potencia. Por eso el declive no ocupa un lugar significativo en su visi\u00f3n. El realismo evita evaluar la din\u00e1mica hist\u00f3rica subyacente de los procesos de auge y ca\u00edda de las potencias. No conecta en ning\u00fan momento esos ciclos con contradicciones del capitalismo o con desequilibrios estructurales de ese sistema.<br \/>\nEl realismo tan solo estudia las relaciones entre potencias, entendiendo que est\u00e1n determinadas por la tensi\u00f3n, desconfianza o rivalidad que genera la disputa por el poder. Resalta la presencia de actores que buscan supremac\u00eda, guiados por impulsos de predominio o autopreservaci\u00f3n y se\u00f1ala que estas percepciones suscitan agresividad, miedo o desconcierto. La din\u00e1mica socio-hist\u00f3rica determinante de estos cursos es tan ignorada, como su pilar en el capitalismo. Desconocen la forma en que ese r\u00e9gimen social condiciona todas las tensiones en juego.<\/p>\n<p>Esa indagaci\u00f3n es reemplazada por la mera evaluaci\u00f3n del estado de los conflictos entre las potencias, a partir de un diagn\u00f3stico de invariable provisionalidad de la supremac\u00eda lograda por alg\u00fan contrincante. Destaca que el predominio global nunca puede eternizarse en el largo plazo y que la proyecci\u00f3n de poder solo es estable a una escala regional de menor alcance. La propia superioridad militar que disuade a los rivales, est\u00e1 siempre sujeta a la erosi\u00f3n de ese comando por los avances b\u00e9licos que consigue el enemigo (ESFAS, 2026).<\/p>\n<p>En ese marco anal\u00edtico, el declive de Estados Unidos es visto como un episodio de rivalidades eternas, que irrumpen con cierta contundencia en el contexto actual. Se observa a ese retroceso, como resultado de la simple acumulaci\u00f3n de poder por parte de una potencia, que suscita la respuesta equilibradora de sus contrincantes.<br \/>\nEn el siglo XXI, esa reacci\u00f3n contra el hegemonismo estadounidense es vista como un inevitable correctivo de la prepotencia exhibida por los auspiciantes del \u201cnuevo siglo americano\u201d, que desbalancearon el equilibrio mundial (Waltz, 2000). Esta mirada induce a buscar pol\u00edticas de amoldamiento de la primera potencia al nuevo contexto global.<br \/>\nTrump intent\u00f3 seguir ese rumbo con su estrategia inicial de contenci\u00f3n b\u00e9lica, buscando reposicionar a Estados Unidos en el plano econ\u00f3mico frente al avasallante competidor chino. Pero al cabo de un a\u00f1o de fracasado proteccionismo retom\u00f3 la receta militar, que es el curso familiar a todos los gobiernos yanquis para lidiar con sus fracasos. El magnate se ha empantanado en su ensayo de alg\u00fan camino sustituto del aventurerismo militar, porque enfrenta el mismo dilema sin soluci\u00f3n de todas las administraciones confrontadas con el declive de Estados Unidos.<\/p>\n<p>Los te\u00f3ricos del realismo no registran el fracaso de esta experiencia reciente de su propio recetario y repiten propuestas correctivas, sin ofrecer soluciones a las disyuntivas que genera el retroceso de la primera potencia. Reafirman ciertas obviedades -como la imposibilidad de eternizar el dominio de un hegem\u00f3n- omitiendo los determinantes hist\u00f3ricos de esa incapacidad.<\/p>\n<p>En los hechos, participan de las mismas fluctuaciones pol\u00edticas, que exhiben los pensadores de otras corrientes de la elite gobernante. El realismo aporta argumentos de justificaci\u00f3n a la pol\u00edtica exterior de los trumpistas, anti trumpistas, soberanistas, aislacionistas o neoconservadores.<br \/>\nApuntalan en ciertas circunstancias al americanismo y en otras al globalismo, porque la propia concepci\u00f3n realista tan solo jerarquiza una acertada evaluaci\u00f3n de las relaciones de fuerza internacionales y el consiguiente comportamiento de sus actores protag\u00f3nicos. No cuenta con un diagn\u00f3stico del sentido hist\u00f3rico de la regresi\u00f3n que afronta Estados Unidos.<\/p>\n<h2>SOBRE EXPANSI\u00d3N MILITAR<\/h2>\n<p>Algunos exponentes del liberalismo cr\u00edtico han expuesto diagn\u00f3sticos del declive de Estados Unidos, centrados en la sobre expansi\u00f3n militar de esa potencia. Es una mirada de larga data que se ha renovado en forma peri\u00f3dica y en contraposici\u00f3n a sus pares convencionales, reconoce la regresi\u00f3n y le atribuye un determinante b\u00e9lico.<br \/>\nUn exponente cl\u00e1sico de esta mirada, estima que el gigante norteamericano repite un s\u00edndrome que afect\u00f3 a todos sus antecesores hist\u00f3ricos, centrado en la ruptura del equilibrio entre el desenvolvimiento econ\u00f3mico y el poder militar. Considera que esta segunda esfera se ampli\u00f3 por encima de sus posibilidades, en creciente conflicto con el cimiento productivo que lo sostiene (Kennedy, 1989: 539-577).<\/p>\n<p>Su enfoque objeta la dilataci\u00f3n b\u00e9lica de Estados Unidos, se\u00f1alando que luego de conquistar el dominio mundial con ventajas econ\u00f3micas, el gigante norteamericano qued\u00f3 entrampado por la adversidad militar. Ilustra c\u00f3mo ese deterioro ha sido convalidado por todos los ocupantes de la Casa Blanca.<br \/>\nRemarca, adem\u00e1s, el impacto negativo del belicismo sobre todas las \u00e1reas de la econom\u00eda y recuerda que ese mismo tipo de d\u00e9ficit fiscal y endeudamiento, afect\u00f3 al reinado espa\u00f1ol, al imperio otomano y demoli\u00f3 tanto a los Habsburgo en el siglo XVII, como a Gran Breta\u00f1a en el XIX.<\/p>\n<p>La explicaci\u00f3n del declive yanqui por su sobre expansi\u00f3n militar fue especialmente expuesta en los a\u00f1os 80, cuando Reagan inaugur\u00f3 el neoliberalismo e instaur\u00f3 un modelo de ofensiva del capital sobre el trabajo, para recomponer los beneficios de las clases dominantes. Busc\u00f3 por esa v\u00eda restaurar la deteriorada econom\u00eda estadounidense frente a la alta competitividad de las exportaciones japonesas y se propuso relanzar la primac\u00eda militar norteamericana con amenazas a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica.<br \/>\nEl rearme del Pent\u00e1gono a trav\u00e9s de la \u201cguerra de las galaxias\u201d, fue en esos a\u00f1os un t\u00edpico ejemplo del uso del poder militar, como instrumento de compensaci\u00f3n del retroceso econ\u00f3mico. Aport\u00f3 n\u00edtidas evidencias de los efectos negativos de esa expansi\u00f3n b\u00e9lica.<\/p>\n<p>Pero esa adversidad qued\u00f3 enmascarada por la inesperada implosi\u00f3n de la URSS y la consiguiente extinci\u00f3n del denominado campo socialista. Ese acontecimiento redujo tambi\u00e9n la incidencia conceptual de la sobre expansi\u00f3n imperial estadounidense, que hab\u00eda logrado una alta recepci\u00f3n en los a\u00f1os 80 y qued\u00f3 relegada a \u00e1mbitos minoritarios en la d\u00e9cada posterior. El desplome de la URSS recre\u00f3 la imagen un poder perdurable de Estados Unidos, primero con el epis\u00f3dico revival del reaganismo y luego con el espejismo unipolar (Kennedy, 2003)<\/p>\n<p>Ese transitorio per\u00edodo -equiparable al pasajero renacimiento que tuvo Gran Breta\u00f1a a principios del siglo XX (Belle Epoque)- fue observado como el reinicio de \u201cun siglo americano\u201d. Suscit\u00f3 lecturas equivocadas, que ignoraron la din\u00e1mica prolongada de los declives generados por el descontrol militar. Esos retrocesos de largo plazo pueden ser interrumpidos por ef\u00edmeros resurgimientos, que no alteran el repliegue estructural de la potencia. Esa regresi\u00f3n subyacente resurgi\u00f3 a pleno posteriormente en la Bush y se verifica a pleno en la actualidad.<\/p>\n<p>La guerra de Irak, la ocupaci\u00f3n de Afganist\u00e1n, la incursi\u00f3n contra Libia, la devastaci\u00f3n de Siria y el conflicto de Ucrania, ilustraron la forma en que opera la sobre expansi\u00f3n militar, como un rasgo de per\u00edodos decadentes. Ese declive no obedece tan solo a pol\u00edticas exteriores espec\u00edficas de uno u otro gobierno, sino que deriva de los nocivos efectos que generan los desbordados operativos imperiales.<\/p>\n<p>En todos los casos, la embestida comienza con gran aliento, cantos de victoria y expectativas de florecientes negocios, pero al poco tiempo los invasores quedan atrapados en el mismo pantano que anticip\u00f3 Vietnam. Los \u00e9xitos de la edad ascendente del imperio ya no se repiten y la guerra se convierte en una carga insostenible para su iniciador.<br \/>\nEse efecto es un dato abrumador de las \u00faltimas d\u00e9cadas. Salta a la vista que Estados Unidos ha sobre expandido su capacidad de acci\u00f3n, con o sin tropas propias. En el caso m\u00e1s reciente de Ir\u00e1n soslay\u00f3 esa presencia y sufri\u00f3 la misma derrota, comprometiendo un descomunal despilfarro de recursos en acciones con resultado adverso.<br \/>\nEl diagn\u00f3stico de la sobrecarga imperial ha sido formulado por otros autores, que remarcan su efecto nocivo sobre la estabilidad de la primera potencia. La evidencia m\u00e1s palpable es el deterioro de la competitividad, a medida que los contratistas del Pent\u00e1gono acrecientan ganancias, a costa del grueso de la econom\u00eda (Ortiz Garc\u00eda, 2023).<\/p>\n<p>Este efecto negativo del militarismo no es un principio invariable de cualquier \u00e9poca o coyuntura, ni una desventura para todos los dominadores. Depende de la era en que se encuentra cada imperio. El belicismo apuntal\u00f3 la econom\u00eda estadounidense en la primera mitad del siglo XX y se convirti\u00f3 a posteriori en su gran desdicha. Es la preeminencia de etapas de auge o declive lo que determina ese resultado dis\u00edmil.<\/p>\n<p>En un per\u00edodo del primer signo, las nuevas tecnolog\u00edas desarrolladas en el \u00e1rea militar se reconvierten en rentables innovaciones de la esfera civil. Por el contrario, en las etapas opuestas esa mutaci\u00f3n queda bloqueada. Lo mismo ocurre en la industria. El est\u00edmulo militar a los nuevos procesos de fabricaci\u00f3n en cierta fase, se transforma en su opuesto obstructor en los momentos inversos. Basta observar la desindustrializaci\u00f3n y la baja productividad fabril de Estados Unidos, para notar en qu\u00e9 per\u00edodo de esa secuencia se encuentra el pa\u00eds. El contrapunto con China confirma ese retrato.<\/p>\n<p>Los autores que sit\u00faan el determinante del declive estadounidense en la sobre expansi\u00f3n b\u00e9lica, suelen proponer la reducci\u00f3n del gasto militar como el remedio a la enfermedad que socava al pa\u00eds. Postulan un repliegue imperial que corrija esa afecci\u00f3n, repitiendo la trayectoria que sigui\u00f3 Gran Breta\u00f1a.<br \/>\nPero ese curso tendr\u00eda enormes implicancias para un orden mundial forjado en torno a la supremac\u00eda estadounidense. El an\u00e1lisis de esos efectos exige situar la teor\u00eda de la sobre expansi\u00f3n militar en el marco conceptual de dos nociones -capitalismo e imperialismo- que el marxismo privilegia y el liberalismo cr\u00edtico relativiza o ignora.<\/p>\n<h2>\u00bfDECLIVE RELATIVO?<\/h2>\n<p>En los an\u00e1lisis sobre el declive son muy frecuentes las descripciones, las evaluaciones del debate y los registros de opiniones, que evitan definir el acierto de una u otra postura. Se destacan, por ejemplo, las cambiantes funciones que cumplen los planteos declinistas y antideclinistas, como argumentos de las elites para justificar distinto tipo de pol\u00edticas exteriores (Slaughter, 2026).<\/p>\n<p>En otros casos, se retrata c\u00f3mo un enfoque consigui\u00f3 m\u00e1s relevancia que el opuesto, en los variables escenarios de la historia norteamericana contempor\u00e1nea. En esas revisiones, se recuerda que hasta los a\u00f1os 60 prevalec\u00eda un optimismo sin referencias al declive, mientras que en la d\u00e9cada posterior se impuso ese se\u00f1alamiento, al comp\u00e1s de lo ocurrido con Vietnam, la crisis del petr\u00f3leo y el avance de los procesos socialistas (Reguera, 2021).<br \/>\nLas tesis antideclinistas volvieron a primar en los a\u00f1os de unipolaridad y confianza en el resurgimiento del \u201csiglo americano\u201d, pero perdieron nuevamente relevancia en las \u00faltimas dos d\u00e9cadas de retroceso econ\u00f3mico y fracasos b\u00e9licos.<\/p>\n<p>Las miradas descriptivas suelen aportar fundamentos para los enfoques que buscan situarse en un punto intermedio de relativizaci\u00f3n del declive. No niegan el retroceso, pero moderan su alcance, acotan su relevancia o destacan la existencia de una ca\u00edda contrarrestada a trav\u00e9s de secuencias c\u00edclicas.<br \/>\nEsos enfoques intermedios repasan los debates entre los exponentes de una u otra postura, para constatar la perdurable reaparici\u00f3n de la controversia. Consideran que esa problem\u00e1tica aparece, se disuelve y resurge peri\u00f3dicamente, sin quedar nunca zanjada (D\u2019Eramo, 2022). Estiman que esa oscilaci\u00f3n conceptual refleja la din\u00e1mica de un proceso de regresiones contrabalanceadas. Lo que Estados Unidos suele perder en el plano econ\u00f3mico lo recuperar\u00eda en la esfera militar, tecnol\u00f3gica o financiera, introduciendo l\u00edmites que le permitir\u00edan concretar un peri\u00f3dico renacimiento.<\/p>\n<p>Pero esa mirada impide reconocer cu\u00e1les son las tendencias subyacentes que determinan el devenir general del pa\u00eds. Computan la existencia de fuerzas en direcciones contrapuestas suponiendo que no definen resultados. Con ese enfoque no logran explicar el problema. La forma agresiva, descontrolada y autodestructiva que asume el belicismo yanqui es divorciada del declive y esa disociaci\u00f3n obstruye la comprensi\u00f3n de la l\u00f3gica de un militarismo desenfrenado.<br \/>\nLas tesis de la regresi\u00f3n relativa tuvieron gran predicamento en los a\u00f1os de unipolaridad, en pol\u00e9mica con la tesis de la continuada declinaci\u00f3n norteamericana. Objetaron las exageraciones de este \u00faltimo enfoque, cuestionando su desconocimiento del repunte logrado por la primera potencia. Convocaron a estudiar todo el problema como una contradicci\u00f3n y no como un inexorable curso de la historia.<\/p>\n<p>Pero el declinismo no es una petici\u00f3n de principio, que organiza el an\u00e1lisis de Estados Unidos presuponiendo un destino predeterminado para esa potencia. Constituye un registro de tendencias efectivas, que reproducen comportamientos an\u00e1logos de los imperios precedentes. Con esa mirada se explica por qu\u00e9 raz\u00f3n el epicentro del capitalismo mundial sostiene a este sistema, con un vandalismo militar acorde a la decadencia de ese r\u00e9gimen social. El declive de Estados Unidos expresa la p\u00e9rdida de poder de la primera potencia, en un sistema afectado por su propia regresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Esa gravedad de la crisis norteamericana -por el car\u00e1cter capitalista de la estructura que intenta apuntalar- ilustra a pleno el escenario actual. Estados Unidos intenta contrapesar desequilibrios propios y sist\u00e9micos con incursiones externas. La din\u00e1mica del capitalismo y del imperialismo se entrecruzan en su accionar, mediante una confluencia may\u00fascula de desequilibrios.<\/p>\n<h2>CONTRAPESOS SIN TENDENCIAS<\/h2>\n<p>Ciertos autores definen el declive absoluto, como una situaci\u00f3n que definitivamente impide a la potencia afectada revertir su regresi\u00f3n. Consideran que Estados Unidos no se encuentra en ese estadio, sino que puede recobrar poder con pol\u00edticas adecuadas.<br \/>\nEncaran esa evaluaci\u00f3n mediante un an\u00e1lisis emp\u00edrico del declive norteamericano, en comparaci\u00f3n al afrontado por otras diecis\u00e9is potencias desde 1870 hasta la fecha. Indagan el retroceso del producto interno bruto y tambi\u00e9n la solvencia geopol\u00edtico-militar de los involucrados. De ese contrapunto deducen la presencia de un declive estadounidense acotado y reversible (Mac Donald; Parent: 43-68).<\/p>\n<p>Pero la propia evaluaci\u00f3n en esos t\u00e9rminos no parece procedente, porque el lugar dominante que alcanz\u00f3 Estados Unidos, no se asemeja a cualquier gama de contendientes. El gigante del Norte alcanz\u00f3 un grado de primac\u00eda may\u00fasculo, cuyo devenir debe contrastarse con las potencias que alcanzaron ese podio, como Roma, Espa\u00f1a, los Otomanos o Gran Breta\u00f1a.<\/p>\n<p>La insistencia en subrayar el alcance acotado del declive estadounidense actual, apunta a se\u00f1alar que el pa\u00eds experimentar\u00e1 desventajas en la pr\u00f3xima d\u00e9cada frente a China, pero con efectos manejables. Podr\u00eda sobreponerse a ese impacto y lograr\u00eda timonear ulteriormente el nuevo escenario. No afrontar\u00eda una categ\u00f3rica ca\u00edda, ni tampoco conseguir\u00eda un rotundo \u00e9xito frente a su retador.<\/p>\n<p>Pero ese cauteloso optimismo constituye una simple profesi\u00f3n de fe, que soslaya los procesos determinantes de la pugna en curso. Estados Unidos declina porque concentra desequilibrios capitalistas, que China logra gestionar con un Estado regulador y aut\u00f3nomo de las clases dominantes. Su oponente carece de ese atributo y opera con una administraci\u00f3n sometida a los milmillonarios del mundo digital. Esa diferencia no se corrige con ning\u00fan cambio de pol\u00edticas oficiales.<br \/>\nChina evita, adem\u00e1s, el uso de la fuerza frente a un competidor que intenta recuperar primac\u00eda con desenfrenado belicismo. De esta contraposici\u00f3n pueden deducirse pron\u00f3sticos muy variados, pero omitiendo esos determinantes, no hay forma de ensayar previsiones de alguna consistencia (Katz, 2026).<\/p>\n<p>El otro fundamento habitual para postular el car\u00e1cter acotado del declive estadounidense es la continuada preeminencia de ciertos pilares de esa preeminencia.\u00a0 Se afirma que el d\u00f3lar persiste como moneda mundial, Wall Street como epicentro del sistema financiero, los gigantes digitales como l\u00edderes de alta tecnolog\u00eda y el Pent\u00e1gono como cabeza del poder militar global (D\u2019Eramo, 2022).<\/p>\n<p>Estos cuatro factores, efectivamente indican que el t\u00e9rmino primera potencia, a\u00fan se ajusta al lugar que ocupa Estados Unidos en el planeta. Pero lo que est\u00e1 en debate no es ese reconocimiento, sino las evidentes tendencias al retroceso estructural de esa preeminencia.<br \/>\nLa desdolarizaci\u00f3n sigue un curso lento, pero persistente y est\u00e1 erosionando la capacidad de Washington para emitir sin control y endeudar al fisco. Wall Street alberga una nueva burbuja financiera, asentada en la capitalizaci\u00f3n sin contrapartida en los ingresos de los mega empresas digitales.<\/p>\n<p>Esas compa\u00f1\u00edas efectivamente lideran la Inteligencia Artificial, pero se enfrentan con la creciente productividad del rival chino, que fabrica con mayor eficiencia y menores costos los mismos productos. Finalmente, el propio Pent\u00e1gono debe lidiar con guerras que pierde, utilizando su obsoleto arsenal en operativos fallidos. El declive de Estados Unidos es un proceso estructural estrechamente asociado a la din\u00e1mica del capitalismo y del imperialismo. Soslayando esos dos condicionantes, las explicaciones no logran salir de la superficie.<\/p>\n<h2>\u00bfAUSENCIA DE SUSTITUTOS?<\/h2>\n<p>Un argumento de peso para postular l\u00edmites o contenciones al descenso de Estados Unidos, es la ausencia de un reemplazante para ejercer la dominaci\u00f3n mundial. Esa carencia de sustituto en el liderazgo global es se\u00f1alada como una restricci\u00f3n, que perpetuar\u00eda o al menos recrear\u00eda la supremac\u00eda norteamericana.<br \/>\nLa primera potencia podr\u00eda decaer, pero nadie lograr\u00eda suplantarla y esa ausencia de reemplazante amortiguar\u00eda el descenso, lo tornar\u00eda m\u00e1s lento o le permitir\u00eda a Estados Unidos gestionar su propio repliegue (Mann, 2008).<\/p>\n<p>Pero ese contrapeso no desmiente el declive, sino que describe los l\u00edmites y obst\u00e1culos de esa regresi\u00f3n. La ausencia de un suplente no anula o revierte la tendencia declinante y ese retroceso es el dato central del diagn\u00f3stico.<br \/>\nLa carencia de un sustituto puede, adem\u00e1s, convivir con un escenario de variados dominadores emergentes, en reemplazo del hegem\u00f3n previo. En esa posibilidad se asienta el pron\u00f3stico abierto, que expusieron algunos te\u00f3ricos (como Arrighi o Galtung), al entrever escenarios de irresuelto equilibrio entre varias potencias. Esa opci\u00f3n es incluso avizorada por la propia tesis de un freno al declive por carencia de sucesores.<\/p>\n<p>La ca\u00edda sin reemplazo es una perspectiva abonada por la singularidad del principal desafiante, que no act\u00faa en los hechos como potencia imperial. La cautelosa pol\u00edtica exterior de China, su aversi\u00f3n al uso de la fuerza y su exclusivo \u00e9nfasis en los negocios crea un contexto poco convencional.<br \/>\nEsa peculiaridad de China coexiste, adem\u00e1s, con un marco de multipolaridad y dispersi\u00f3n del poder, que se aleja del cl\u00e1sico retrato de belicosos aspirantes al trono hegem\u00f3nico. Los BRICS no se comportan, por ejemplo, como la entente que forjaron Alemania, Italia y Jap\u00f3n en la entreguerra.<\/p>\n<p>El diagn\u00f3stico de un declive de Estados Unidos impedido por la ausencia de sustitutos, presupone que el futuro repetir\u00e1 el pasado y que la existencia de una potencia hegem\u00f3nica es indispensable para sostener el sistema mundial.<br \/>\nEse presupuesto recuerda lo ocurrido con Gran Breta\u00f1a -que pudo declinar traspasando su dominaci\u00f3n al socio transatl\u00e1ntico- y resalta el hecho que su reemplazante no forj\u00f3 un ahijado del mismo porte. Por eso se considera que la orfandad sustitutiva de Estados Unidos genera una situaci\u00f3n sin salida, para la continuidad del sistema mundial. Pero la emergencia de China y los BRICS ha dado lugar a un escenario distinto.<\/p>\n<p>La tesis de un declive estadounidense -tan solo relativo por la ausencia de reemplazante- pod\u00eda concebirse, en todo caso, para el per\u00edodo de crisis (1990-2008) del sistema imperial, pero ya no para la etapa en curso. En esos a\u00f1os, el coloso del Norte manten\u00eda el lugar de custodio del capitalismo, que todas las potencias occidentales le hab\u00edan delegado con anterioridad.<\/p>\n<p>El guardi\u00e1n cumpli\u00f3 ese rol sofocando levantamientos populares en \u00c1frica, Asia y Am\u00e9rica Latina. Pero ese papel se modific\u00f3 sustancialmente a fin del siglo XX, primero con el reflujo de las revoluciones y la implosi\u00f3n del campo socialista, y posteriormente con la emergencia de China, la multipolaridad y las propias fracturas de la alianza occidental.<br \/>\nNuestra propia mirada del sistema imperial realz\u00f3 la gravitaci\u00f3n de Estados Unidos, tanto en el cenit como en la crisis de esa configuraci\u00f3n. Destacamos el primordial rol contrarrevolucionario del gestor de la OTAN y su funci\u00f3n vigilante del capitalismo, observando c\u00f3mo ese papel interactuaba sobre la crisis econ\u00f3mica de largo plazo que afectaba a la primera potencia. Nuestros se\u00f1alamientos de esa relaci\u00f3n destacaban la existencia de una recomposici\u00f3n peri\u00f3dica del poder estadounidense, que no lograba enmendar la fragilidad de sus bancos y el retroceso de su industria (Katz, 2023: 41-42).<\/p>\n<p>Pero estos diagn\u00f3sticos -que subrayaban la presencia de una contradicci\u00f3n irresuelta- correspond\u00edan a un per\u00edodo ya extinguido y no al contexto actual. Esa diferencia tiene enormes implicancias que analizaremos en los pr\u00f3ximos textos.<\/p>\n<p><strong>RESUMEN<\/strong><\/p>\n<p>La regresi\u00f3n de Estados Unidos es negada por sus gobernantes. El liberalismo justifica ese desconocimiento con falacias de excepcionalidad, superioridad idiosincr\u00e1tica o hipocres\u00edas de valores democr\u00e1ticos. Asigna m\u00edticas cualidades a un poder blando que perdi\u00f3 sus viejos cimientos. Mientras los neoconservadores repiten el mismo mensaje exaltando la fuerza militar, el realismo reconoce la adversidad omitiendo su basamento capitalista. El acertado diagn\u00f3stico de la sobre expansi\u00f3n militar exige una complementaria conceptualizaci\u00f3n del imperialismo y las teor\u00edas del declive relativo retratan escenarios, sin explicar tendencias subyacentes. La ausencia de reemplazantes no altera una ca\u00edda con varios desenlaces posibles.<\/p>\n<p><strong>REFERENCIAS<\/strong><br \/>\n-Wolff, Richard (2026a). La pol\u00edtica de Trump y el declive del capitalismo estadounidense en 2026 https:\/\/sinpermiso.info\/textos\/la-politica-de-trump-y-el-declive-del-capitalismo-estadounidense-en-2026<br \/>\n-Wolff, Richard (2026b). 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