Del nacimiento prodigioso en un pesebre, a las multitudes hacinadas en las pequeñas zonas donde el ocupante israelí las ha acorralado
Donde debiera honrarse a la ética que trajo al mundo Jesús,
se alza hoy un cruel espectáculo de injusticia y crueldad
Belén era entonces una pequeña aldea, cercana a Jerusalén. Nadie les dio acogida. De ahí que María y José tuvieran que refugiarse en un sencillo pesebre, donde ella dio a luz. Jesús, el niño judío quiso que la humildad, la sencillez y el amor entre los seres humanos fueran virtudes principales de la humanidad.
Pero hoy en Gaza, a poco más de 70 kilómetros al sur de Belén, se niegan con crueldad las enseñanzas de Jesús, válidas para creyentes y no creyentes.
El pasado año hubo un tímido regreso a las festividades de Navidad este año. Cristianos y palestinos acudieron el 6 de diciembre a la iluminación de un árbol simbólico, por primera vez en dos años. Lo hicieron más por reclamar el regreso de la paz y la justicia. La ceremonia incluyó el himno palestino y un minuto de silencio por más de 70.000 muertos en Gaza desde octubre 2023.
Mientras tanto, a pocos kilómetros de donde María y José buscaron refugio hace dos milenios, más de dos millones de palestinos han sido desplazados, sus hogares destruidos, sus vidas suspendidas en un limbo sin fin. Bajo las ruinas de la ciudad donde el presidente de Estados Unidos sueña con establecer una Riviera para millonarios, yacen aún cadáveres de palestinos, mujeres y niños incluidos, víctima del poderío sionista.
El plan para Gaza: anatomía de un fracaso anunciado
El Plan de Gaza, presentado con gran fanfarria como la solución a este conflicto tras la devastación provocada por la ofensiva israelí, es otra colección de promesas vacías y objetivos inalcanzables. Desde 1948 el pueblo palestino ha conocido, junto con la represión, una larguísima sucesión de resoluciones de las Naciones Unidas, de guerras regionales, de insurrecciones populares, y sobre todo de propuestas y planes, que han sido deliberadamente frustrados por sus enemigos.
Desde Truman, casi todos los presidentes de Estados Unidos han tenido su iniciativa para el Oriente Medio desde 1948, todas con una clara inclinación hacia el ocupante israelí. Israel piensa más en la Sudáfrica de los bantustanes para la población negra, que en la idea de crear dos estados, palestino e israelí, con igualdad de derechos.
En los últimos tiempos, los Acuerdos de Abraham, promovidos en el primer mandato de Donald Trump, encontraron un raro arreglo: mediaron para que Israel restableciera relaciones con los ricos estados árabes del Golfo. Unas semanas antes de que fuera electo Netanyahu una vez más como primer ministro, un periodista estadounidense le preguntó en una entrevista satelital por la forma en que resolvería el problema palestino.
Netanyahu fue cínico: me dedicaré, dijo casi textualmente, a resolver mis relaciones con los otros vecinos árabes. Los palestinos son el cinco por ciento. Cuando termine con el 95 por ciento, me dedicaré a ellos.
Los Acuerdos de Abraham fueron un acuerdo entre ricos. Solo tangencialmente mencionó a los palestinos. Los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y posteriormente Marruecos y Sudán encontraron una vía para fortalecer sus economías, acceder a tecnología israelí y consolidar lazos con Washington. Arabia Saudita, país principal, no se sumó. El reino saudí tiene un peso simbólico en el mundo musulmán. Son los guardianes de las dos mezquitas que. con Jerusalén. forman los tres lugares santos del Islam, y sus dos últimos reyes han promovido la fórmula aprobada en la Conferencia Árabe de Beirut en 2002: la paz solo a cambio de la devolución de la tierra ocupada por Israel.
La masacre y destrucción de Gaza han sido una mala noticia para las expectativas de los acuerdos de Abraham y congelaron cualquier avance. Los propios Estados que ya habían normalizado relaciones se vieron obligados a moderar su retórica pública. Aunque los negocios continuaran en silencio.
Los puntos del plan: revisión de una utopía tecnocrática
De ahí que Estados Unidos nuevamente ejerciera el papel de zanjar diferencias, a favor de Israel. Su propuesta para Gaza fue presentada como una salida pragmática tras la ofensiva israelí, estructurada en torno al desarme de Hamas, la creación de una administración integrada por tecnócratas y el despliegue de una fuerza internacional de estabilización.
El veterano diplomático Alastair Crooke, en entrevista en YouTube con el juez Andrew Napolitano*, opina que en efecto, se ha cumplido en parte el primer segmento del plan, la liberación de rehenes israelíes y presos palestinos.
Pero el desarme de Hamas, nos dice, es una asignatura pendiente. Es punto de discordia entre Netanyahu y Trump. Netanyahu tiene interés, opina, en esa primera parte del plan. Trump, por el contrario, piensa que luego de establecerse el hasta ahora mítico gobierno y la fuerza de seguridad, Hamas se desarmaría, y no deja fuera la posibilidad de que incluso tenga una representación en él.
Netanyahu está interesado solamente en la primera etapa, y nunca en la segunda. Aunque no lo declare, dejaría que este plan se sumara al gran paquete de iniciativas fallidas.
No hay evidencia alguna de que Hamas se haya desarmado ni que vaya a renunciar a ello. Falta además la confianza entre las partes necesaria en toda negociación. Las estructuras de mando de Hamas han sido descabezadas y sus túneles demolidos en gran medida, pero la organización tiene suficiente fuerza para ser un elemento negociador. Si añadimos el vacío de autoridad que Israel ha creado al destruir cualquier estructura de gobierno civil, Netanyahu ha fortalecido a Hamas como único referente organizativo para muchos gazatíes.
No ha habido hasta ahora evidencias de que se avance en una administración de «tecnócratas independientes» para gestionar Gaza en el periodo de transición. Pero no hay muchos candidatos. Al Fatah, encabezada por el polémico Mohamed Dahlan, tuvo que retirarse de Gaza en el 2007 y la Autoridad Palestina carece allí de autoridad. Los profesionales y académicos gazatíes que podrían conformar tal administración han sido diezmados: muchos han muerto, otros han huido, los que permanecen luchan por sobrevivir. Israel ha vetado sistemáticamente cualquier figura palestina con credibilidad popular.
El plan contemplaba el despliegue de una fuerza internacional que garantizara la seguridad y supervisara el desarme. Las naciones árabes no quieren aparecer como cómplices de la ocupación israelí. Los países europeos, tras sus experiencias en Afganistán e Irak, no muestran entusiasmo alguno. Estados Unidos está exhausto de aventuras militares en Oriente Medio. Nadie quiere ser responsable de la seguridad en un territorio devastado donde cualquier incidente podría desencadenar una nueva crisis. Israel, por su parte, jamás aceptará una fuerza internacional que limite su libertad de acción en Gaza.
En lo que se refiere a la economía, se prometieron miles de millones para reconstruir Gaza y convertirla en un «Singapur del Mediterráneo». La realidad es que ni siquiera ha llegado ayuda alimentaria suficiente. Los camiones que entran son insuficientes, sistemáticamente bloqueados o demorados en los controles israelíes. La población está al borde de la hambruna y más allá. Hablar de megaproyectos de infraestructura cuando la gente busca desesperadamente agua potable es obsceno. Los fondos internacionales existen sobre el papel, pero su desembolso está condicionado a una estabilidad política que no existe ni existirá en el corto plazo.
Al día de hoy, Gaza sigue siendo un infierno humanitario. Las organizaciones internacionales denuncian sistemáticamente los obstáculos impuestos por Israel al ingreso de suministros. El invierno ha llegado y miles de familias viven arremolinadas entre los escombros de la zona.
El alto el fuego parcial está más cerca del mito que de la realidad. La ya famosa línea amarilla,que marca una frontera virtual entre la zona reocupada de Gaza y la zona donde sea acorrala a la población, no es inmune a los disparos sobre palestinos indefensos.
Netanyahu y sus contradicciones
La situación interna de Benjamin Netanyahu añade otra capa de complejidad al panorama. Los juicios por corrupción que se han reanudado, las presiones de su coalición de extrema derecha que exige la anexión total de Gaza y la expulsión de su población, y una buena parte de la opinión pública en desacato, no contribuyen a su felicidad.
Trump ha dejado entrever su impaciencia con Netanyahu. Trump quiere cerrar el asunto de Gaza y pasar a otros temas. Netanyahu, en cambio, necesita prolongar el conflicto para mantener unida su coalición y posponer sus problemas legales.
Es cierto que Trump propuso ante la Knesset que se indultara al primer ministro. Pero el propio presidente israelí Isaac Herzog, con atribuciones como la concesión de indultos o la supervisión de ciertos nombramientos, ha evitado directamente cualquier iniciativa que pueda interpretarse como interferencia política en procesos judiciales.
Entre tanto, abundan las especulaciones. Están preparados varios nombres para la sustitución: Benny Gantz, ex jefe del Estado Mayor y exministro de Defensa, mantiene apoyos entre sectores centristas y aliados internacionales por su experiencia en seguridad. Yossi Cohen, exdirector del Mossad, conserva influencia en ámbitos como la inteligencia y diplomacia. Ninguno de ellos, sin embargo, puede consolidarse sin asumir las alianzas que sostienen a Netanyahu.
Y, ¿dónde está Tony Blair?
El ex primer ministro británico, que durante años fungió como enviado especial del Cuarteto para Oriente Medio, que cobró generosos honorarios asesorando a gobiernos árabes, que escribió planes y más planes para la solución de dos Estados, no aparece en el escenario para el que se le anunció.
Su ausencia es sintomática del abandono occidental de cualquier pretensión seria de resolver el conflicto palestino-israelí. Blair, además, carece ya del prestigio necesario en la región para tal tarea.
Mientras tanto, en Belén, la estrella que supuestamente guio a los Reyes Magos brilla sobre un paisaje de desesperanza. La dimensión humana del conflicto sigue agravándose a pesar del cese parcial de hostilidades. Gran parte de la población de Gaza sigue viviendo en refugios improvisados, tiendas o edificios dañados que son vulnerables a las inclemencias del clima. Las tormentas invernales recientes han inundado campos de desplazados y causado la muerte de al menos una docena de personas, mientras carreteras y viviendas ya dañadas se derrumbaron bajo la lluvia.
Y todo indica que estos planes para Gaza serán nuevamente documentos para historiadores, diplomáticos y periodistas.

Huele a azufre es una plataforma digital de análisis geopolítico contrahegemónico, que busca visibilizar las voces y los discursos silenciados por el poder mediático.
