Crisis interna en Malasia por el acuerdo con Trump

0
3a

El gobierno de Anwar Ibrahim prometió 240.000 millones en inversiones a cambio de un arancel del 19%. Cuatro meses después, el pacto es humo y la oposición reclama explicaciones.

El gobierno de Malasia atraviesa horas de desconcierto. Lo que en octubre pasado fue presentado como un triunfo diplomático —un acuerdo comercial con Estados Unidos que garantizaba acceso preferencial al mercado estadounidense a cambio de inversiones y compras por 240.000 millones de dólares— se ha desmoronado con la misma velocidad con la que fue firmado.

El detonante fue una sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos que declaró inconstitucionales los aranceles de emergencia impuestos por Donald Trump. Pero el verdadero problema no es el fallo, sino lo que revela, la fragilidad de cualquier compromiso asumido con una administración que legisla por decreto y cuyas promesas dependen de la próxima decisión judicial.

La confusión alcanzó su punto máximo el domingo pasado, cuando el ministro de Comercio de Malasia, Johari Abdul Ghani, declaró a la prensa que el acuerdo era “nulo y sin valor”. Horas después, su propio ministerio emitió una corrección: el ministro se había “equivocado”. No hubo explicaciones adicionales.

El precio de la prisa

Los críticos lo habían advertido desde el principio diciendo que el acuerdo se negoció a toda prisa durante la visita relámpago de Trump a Kuala Lumpur, en un contexto donde el magnate republicano agitaba los mercados con aranceles impredecibles y acusaba a aliados y adversarios de engañar a Estados Unidos.

Para el gobierno de Anwar Ibrahim, firmar ofrecía una salida al tumulto, pero los ocho diputados que ahora exigen explicaciones señalan que se ignoraron las voces que aconsejaban esperar a una resolución final del Tribunal Supremo. “El acuerdo fue visto como unilateral, desventajoso y perjudicial para la soberanía del país”, sostienen en un comunicado conjunto.

El líder opositor Takiyuddin Hassan fue más directo: “En un momento de creciente incertidumbre en el comercio global, la claridad en la dirección política y la confianza de los inversores son cada vez más importantes”. Y pidió una sesión parlamentaria especial para forzar explicaciones.

El efecto dominó de un fallo

El problema no es solo malasio. La sentencia del Tribunal Supremo estadounidense dejó en el aire acuerdos similares firmados por Japón, Corea del Sur, Vietnam, Bangladésh e Indonesia. La respuesta de Trump fue inmediata: un arancel uniforme del 10% para todos los socios comerciales, eliminando cualquier condición preferencial negociada.

Para rematar, Washington acaba de iniciar investigaciones por “prácticas comerciales desleales” contra casi 60 países, Malasia incluida. Difícilmente puedan justificarse acuerdos preferenciales cuando el propio gobierno estadounidense investiga a sus contrapartes.

La guerra que cambia las reglas

El tablero, sin embargo, no es estático. La guerra contra Irán y el cierre del estrecho de Ormuz han forzado a Trump a levantar sanciones sobre el petróleo ruso, debilitando su posición negociadora. Como señala Vivek Mishra, de la Observer Research Foundation, esto limita la “capacidad de la administración Trump para imponer costes a otros actores”.

Amitendu Palit, del Instituto de Estudios del Sur de Asia de la Universidad Nacional de Singapur, lo resume con claridad: “En esta fase, todos los acuerdos con Estados Unidos son fluidos. La mayoría de los países adoptarán ahora una estrategia de espera y observación”.

Para Malasia, la lección es doble, los acuerdos firmados con un gobierno que legisla a golpe de decreto valen lo que dura un fallo judicial. Y la dependencia de un socio impredecible puede costar más caro que la incertidumbre que se pretendía evitar.

Fuente: PIA Global

Spread the love

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *