Colonialismo de ayer y hoy
El 23 y 24 de mayo pasado, en Nairobi, Kenia, se desarrolló por primera vez en el continente africano la cuarta edición de la Conferencia Teórica Internacional con ponencias de Congo, Chipre, Guatemala, Indonesia, Irak, Irlanda, Kenia, Kurdistán, Nepal, Pakistán, Palestina, Filipinas, Sudán, Sudán del Sur, Turquía, Uganda y Zambia sobre el capitalismo comprador y burocrático en las neocolonias.
El análisis buscó identificar situaciones comunes entre países del Sur Global donde el capitalismo extractivo y la economía semi-feudal conviven tras unas independencias que fueron inmediatamente reemplazadas por políticas imperialistas y neocoloniales.
La puesta en común de las experiencias permite identificar los enemigos comunes de los pueblos de las periferias del Sur Global, como lo son los Planes de Ajustes Estructurales del Fondo Monetario Internacional y las políticas del banco mundial, considerados como «el instrumento especial para exigir al Estado-cliente un gasto excesivo de fondos públicos en infraestructuras a expensas del desarrollo industrial, el empleo y los servicios sociales, con el fin de perpetuar el intercambio colonial de exportaciones de materias primas e importaciones de productos manufacturados y de desposeer a los campesinos y los pueblos indígenas…».
Estas historias de tierras lejanas podrían ser las de Colombia, cuando describen el despojo, la miseria programada y la formación social con una clase dominante parasitaría que entrega el país a los intereses transnacionales. Reproducimos acá un extracto de la ponencia hecha por Cosmas Musumali, Secretario General y Vicepresidente Primero del Partido Socialista de Zambia.
Colonialismo de ayer y hoy
Bajo la red del sistema capitalista mundial, el imperialismo es un fenómeno complejo. La gran mayoría de los Estados africanos han cumplido seis décadas de independencia del dominio colonial, pero muchos países africanos siguen hoy sumidos en una lucha desesperada contra los altos niveles de analfabetismo, ignorancia, enfermedades e inseguridad alimentaria crónica. Por ejemplo, los zambianos soportan índices de pobreza muy elevados. Millones de hogares pobres —entre ellos un gran número de la clase media— sufren la inhumanidad del hambre y la pobreza. Seis de cada diez zambianos viven por debajo del umbral de la pobreza, mientras que casi la mitad de la población se ve condenada a las formas más extremas e inimaginables de subsistencia a pesar de tratarse de un país fértil y rico.
Cabe señalar que lo que cambió al inicio de la independencia fue la «forma» y no el «contenido». La independencia política —1964— no puso fin a la explotación económica y la opresión. Tras la independencia política, surgió una nueva clase intermediaria pequeñoburguesa. Para perpetuar el neocolonialismo, una clase parasitaria, capitalista, intermediaria y compradora sobrevive subastando activos estratégicos de la economía a empresas transnacionales, de las que obtiene comisiones ilegales. La clase compradora puede pertenecer al sector privado o al público. Puede surgir del sector empresarial, de los círculos religiosos, del mundo académico, de los sindicatos o de la sociedad civil y los círculos políticos. Utilizando sus activos intelectuales o su influencia social, esa clase es contratada para negociar acuerdos entre las empresas transnacionales y los agentes estatales. África tiene presidentes que forman parte de la clase compradora pequeñoburguesa.
Capitalismo burocrático y clase compradora
Se trata de un fenómeno en el que los burócratas gobernantes se constituyen como una burguesía burocrática que apoya a los imperialistas, a los compradores y a la élite propietaria. Esta capa de la gran burguesía acumula riqueza mediante el control del Estado. En última instancia, lo que tenemos es un continente completamente saqueado de su riqueza social, facilitado por una burocracia que se ha convertido en un apéndice del capital extranjero.
La corrupción y el capitalismo burocrático se entienden comúnmente como una sola cosa, aunque este último es más que eso. El capitalismo burocrático es el uso de altos cargos públicos para enriquecerse. Los capitalistas burocráticos más poderosos pueden ser presidentes y algunos miembros del gabinete. Estos altos funcionarios públicos colaboran con sus compinches —familiares y amigos— en el sector privado o con los llamados grandes compradores.
En su mayoría, los presidentes títeres se confabulan con las empresas transnacionales para defraudar a un país. Muchos países africanos sufren a manos de líderes títeres. Por ejemplo, a las empresas mineras transnacionales en Zambia se les ofrecen exenciones fiscales astronómicas e irrazonables, por las que el país pierde aproximadamente 2.000 millones de dólares anuales en ingresos.
Cabe señalar también que, en su forma actual, la deuda controlada por el imperialismo es una reconquista de África hábilmente gestionada, cuyo objetivo es someter su crecimiento y desarrollo a las normas extranjeras. Así, cada uno de nosotros se convierte en esclavo financiero; es decir, en un verdadero esclavo, como lo señalaba Thomas Sankara (líder de Burkina Faso, asesinado en 1987 por “fuego amigo” encendido por los imperialistas).
A pesar de representar solo el 14,2 % de la población mundial, los 49 países del Norte Global representan el 40,6 % del PIB mundial, según la Paridad del Poder Adquisitivo (PPA). Al controlar el capital y la producción de materias primas, la propiedad intelectual, la ciencia y la tecnología, todo ello parte del legado del colonialismo. Los Estados del Norte Global siguen asegurándose de acumular una mayor parte de la riqueza del planeta (Tricontinental, Batalla de las ideas, página 52).
África tiene en su seno una clase parasitaria de pequeña burguesía que equivale a los colonialistas y colonos, ya que vive en posiciones privilegiadas: una pequeña minoría reaccionaria y mezquina entre una vasta masa de personas explotadas y oprimidas sin piedad. Aunque, aparentemente, fuertes gracias al apoyo de sus amos imperialistas, son extremadamente vulnerables. Su supervivencia depende del apoyo extranjero. Una vez roto este vínculo vital, se vuelven incapaces de mantener sus posiciones y privilegios. Ellos, junto con la «mano oculta» de los imperialistas que apoyan y fomentan la explotación, tiemblan ante la creciente conciencia de la lucha de clases de los trabajadores en África.
Panafricanismo como camino de emancipación
El panafricanismo actual sigue girando en torno a la emancipación: esta vez del neocolonialismo y el capitalismo neoliberal que perpetúan la explotación y la opresión de nuestras masas trabajadoras.
«La deficiencia ideológica, por no decir la ausencia total de ideología, dentro de los movimientos de liberación nacional constituye una de las mayores debilidades de nuestra lucha contra el imperialismo, sino la mayor… Solo hay dos caminos posibles para una nación independiente: volver a la dominación imperialista (neocolonialismo, capitalismo, capitalismo de Estado) o tomar el camino del socialismo» (Amílcar Cabral, 1966).
Debe haber una línea clara entre la caridad y la solidaridad basada en los principios de afinidad e intercambio mutuo. La afinidad es justo lo que parece: la idea de que podemos trabajar más fácilmente con personas que comparten nuestros objetivos, y que nuestro trabajo será más sólido cuando nuestras relaciones se basen en la confianza, la amistad y el amor. El intercambio mutuo es la idea de que todos tenemos interés en la liberación de los demás y que, cuando actuamos desde esa interdependencia, podemos compartir entre nosotros como iguales.
La solidaridad es la afirmación de que ningún pueblo está solo, ningún pueblo está aislado en la lucha por el progreso. La solidaridad es la alianza consciente de las fuerzas revolucionarias progresistas y amantes de la paz en la lucha común contra el neocolonialismo, el capitalismo y el imperialismo. En resumen, contra la explotación del hombre por el hombre. Y esta lucha puede tener lugar en Asia, en Europa o en América, o puede tener lugar en África, pero es la misma lucha.
La descolonización significa la ruptura de las estructuras coloniales y su sustitución por otras nuevas orientadas a los intereses panafricanos. Hasta ahora, eso no ha ocurrido en ningún lugar de África. La persistencia de las propias fronteras coloniales atestigua que el monstruo imperialista sigue vivo en África con sus garras tan afiladas como siempre y que África no ha sido descolonizada. La descolonización no se produjo precisamente porque no redundaba en los intereses económicos y geopolíticos de los amos coloniales. Estos intereses exigían la existencia de Estados africanos lo suficientemente débiles política y económicamente como para ser dominados, de modo que pudiera continuar la relación neocolonial de explotación.
En la lucha posterior a la independencia está surgiendo un nuevo liderazgo político de base. Este se basa en el apoyo de los trabajadores y los campesinos, y está comprometido no solo con la conquista de la libertad política, sino también con la transformación completa de la sociedad. Este liderazgo revolucionario, aunque necesariamente asociado a los socialdemócratas, es inquebrantable en la búsqueda de los objetivos socialistas. El presidente Ibrahim Traore es un ejemplo ilustre.

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