La guerra de Irán, memoria histórica y ceguera estratégica
¿Cómo cambiará el equilibrio la apuesta de Trump y Netanyahu en Irán?
Estados Unidos e Israel —o, más precisamente, Trump y Netanyahu— han lanzado una guerra largamente esperada contra Irán, transformando el entorno de Oriente Medio de una ecuación de “disuasión” a una de “existencial”.
Tras la primera ola, cuyo objetivo era paralizar los mecanismos de toma de decisiones del régimen de Teherán, la muerte del ayatolá Alí Jamenei demostró que los límites de esta guerra no solo los marcan las instalaciones militares, sino también que la doctrina del “cambio de régimen”, archivada en Oriente Medio desde la Primavera Árabe, ha vuelto a la palestra.
Por otro lado, el enfoque populista de Trump, que destruyó su imagen de “presidente que pone fin a las guerras”, y los esfuerzos de Netanyahu por legitimar este proceso por razones teológicas y políticas, revelaron que esta guerra no solo persigue un objetivo estratégico, sino que también es una “apuesta” ideológica a la que ambos líderes han recurrido para superar sus dilemas políticos internos.
La pregunta de por qué Trump, que meses antes promocionó el bombardeo de las instalaciones nucleares de Irán en la guerra de 12 días como una “victoria definitiva”, ahora necesita un ataque renovado y más violento, también expuso la inconsistencia metodológica de la política exterior estadounidense y que la razón de la guerra no es nuclear.
Ceguera estratégica y costos
Mientras Estados Unidos e Israel se encuentran en esta situación, la respuesta de Irán a estos ataques demuestra que el enfoque de disuasión de décadas de Teherán y su doctrina clásica de guerra asimétrica han cambiado drásticamente.
Esto se debe a que los ataques iraníes, que se extendieron a los territorios de países que albergan bases militares estadounidenses, demostraron que consideraba esta guerra existencial, a la vez que revelaron su deseo de actuar con una estrategia de globalización del costo de la guerra.
Esta situación ha hecho añicos el sueño estadounidense de un “cambio de régimen mediante operaciones quirúrgicas”, como se vio en el caso de Venezuela, a pesar del asesinato de Jamenei y altos funcionarios iraníes.
En esta situación actual: la guerra, que Estados Unidos inicialmente planeó para durar 15 días y luego 4 semanas, ahora corre el riesgo de convertirse en una guerra de desgaste que podría durar años y paralizar la dinámica global.
El alineamiento radical de Israel con los compromisos regionales, que Trump dijo que evitaría priorizando a “Estados Unidos primero”, en consonancia con sus supuestas preocupaciones de seguridad y prioridades expansionistas, ahora claramente tiene un potencial que ni siquiera los dos líderes anticiparon.
Por otro lado, este ataque, ocurrido mientras se mantenían los contactos diplomáticos, reveló que la diplomacia no buscaba una solución, sino una cortina de humo táctica para ganar tiempo para los preparativos militares, asestando un duro golpe a la propaganda que Estados Unidos, durante décadas, había mantenido como “país diplomático mediador” en el mundo.
Este proceso, carente de legitimidad tanto en el Congreso estadounidense como en la ONU, y que, en su primer día, resultó en el bombardeo de una escuela y la muerte de decenas de niñas, ha destruido una vez más la credibilidad de las promesas de “liberación” de Occidente ante los pueblos de la región.
Türkiye y el equilibrio estratégico
Para Turquía, esta nueva guerra no es solo un incendio en un país vecino; es un acontecimiento que podría sacudir directamente los equilibrios regionales y la arquitectura de seguridad nacional, convirtiéndola en un asunto mucho más crítico.
Considerando cómo la guerra civil de casi 12 años en Siria ha afectado a Turquía, el debilitamiento o el colapso total de la autoridad central en Irán podría llevar a Turquía a enfrentar una prueba aún mayor y mucho más difícil que la de Siria.
Además, a pesar de competir en numerosos frentes, los profundos vínculos económicos, culturales y energéticos de Turquía con Irán podrían volver a poner a prueba su resiliencia ante nuevas turbulencias.
En esta coyuntura, podría ser crucial para Turquía ampliar la “política de neutralidad” que demostró con éxito en la guerra entre Rusia y Ucrania.
Conclusión: El futuro regional a la luz de la memoria histórica
En definitiva, este nuevo capítulo que se abre en Oriente Medio confirma que Occidente no ha aprendido de sus experiencias en Irak, Afganistán y Siria; más bien, sus ambiciones ideológicas han primado sobre la racionalidad estratégica.
Si este proceso, iniciado por Trump y Netanyahu únicamente por sus propios intereses, no da resultados con la rapidez prevista, conducirá a una situación en la que Estados Unidos y sus aliados se verán estancados, y a un equilibrio de poder global inclinado a favor de Rusia y China.
El mayor éxito de Turquía en este proceso será elevar su estrategia de neutralidad a un nivel superior y demostrar un liderazgo diplomático que minimice los costes humanitarios y políticos de la crisis.
La fragmentación de Irán, ya sea por una guerra civil o una intervención extranjera prolongada, podría dañar irreparablemente no solo las fronteras de la región, sino también su tejido sociológico y político durante las próximas décadas.
Porque, en última instancia, la verdadera pregunta ya no es quién ganará esta guerra, sino cómo se restaurará la estabilidad en la región tras estos acontecimientos.

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