En Donald Trump no se puede confiar “ni un tantito así”
Huele a azufre julio 15, 2026 0
Donald Trump reanuda los ataques contra Irán tras romper el acuerdo de alto el fuego, reavivando la tensión regional y el riesgo de una crisis global.
Parodiando al Che en su calificación del imperialismo yanqui, con la reanudación de la guerra en Irán mediante justificaciones indecentes, se puede decir que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se confirma como el gran embustero y demuestra que en él “no se puede confiar ni un tantito así”.
Todavía con la tinta fresca del memorando de entendimiento firmado el 17 de junio, mediante el cual Trump aceptó de facto el fracaso de su aventura militar en el Golfo, exactamente 20 días después reanudó con gran violencia los ataques, violando el acuerdo rubricado y su propia palabra de que terminaba la guerra, se retiraría del campo de batalla y abandonaría el bloqueo al estrecho de Ormuz.
No es que haya sorprendido a nadie, y menos todavía a los iraníes, porque la falta de crédito de su palabra, el cinismo con que miente, son parte sustantiva de su personalidad y responden a una prepotencia descontrolada que raya en la perversidad. Los iraníes estaban preparados para rechazar una recurva tras la firma de un documento de esa naturaleza.
Teherán lo había advertido antes, en medio y después de las negociaciones y la firma, al poner en duda la honestidad del mandatario republicano, a quien le advirtieron que, si no cumplía lo acordado y reanudaba los ataques, la respuesta sería demoledora, y es lo que está ocurriendo.
Más allá de todo eso, lo importante es desentrañar por qué lo han hecho. ¿Qué llevó al jefe del Pentágono, a los generales de las tres fuerzas, a los caciques del establishment, a los demás secretarios de Estado, al lobby judío, a reanudar la guerra cuando en todos ellos hubo conciencia de que ganarla era un imposible militar y político?
¿Por qué —si fue admitido por ellos que Trump había perdido mucho en cuanto a imagen hacia los electores debido a que se había dejado imponer los criterios aberrantes de Benjamin Netanyahu—, no reaccionó a la insubordinación de este contra la firma del memorando que ponía en su lugar a «Israel», ni paró en serio los ataques sionistas a Líbano, ni las provocaciones a Irán con la intención de hacer abortar lo acordado en Islamabad?
¿Por qué volver atrás en la guerra a riesgo de que genere una votación en las elecciones intermedias de noviembre contraria a su deseo, y lo lleven al borde del abismo, al punto de aumentar las probabilidades de un juicio político?
Es muy importante buscar respuestas acertadas a esas interrogantes para precisar el rumbo que llevará el conflicto a partir de ahora. Todo hace indicar que va a ser más encarnizada de lo que fue hasta el 17 de junio, sobre todo cuando Washington había afirmado en reiteradas ocasiones que el alto al fuego se mantendría. Casi no hay dudas de que el orden internacional va a ser más impactado de lo que ya está.
Las interrogantes cierran con la más angustiante de todas ellas: ¿Qué va a pasar a partir de esta escalada en la cual el Pentágono está usando nuevas y más sofisticadas armas, y dando un uso sin precedentes a la inteligencia artificial con fines militares?
Parece que no habrá que esperar mucho tiempo para conocer las desgracias que se avecinan por la recurva de Trump. Estas son algunas hipótesis sobre esas interrogantes que se escuchan en los corrillos políticos y diplomáticos continentales:
El más peligroso y posible: una profundización de la crisis energética de la que EE. UU. busca beneficiarse y perjudicar a Europa —en general a todos los consumidores, incluidas China, Japón y Corea del Sur—, la cual puede concluir en una generalización de los conflictos militares actuales o nuevos, en particular el de Ucrania, en razón de que la Unión Europea se aleja cada vez más de una salida negociada porque el actual liderato de los países del bloque no ha sabido o no ha querido gestionar racionalmente el conflicto.
Evidentemente, al establishment estadounidense tampoco le interesa ponerle fin, y hasta ahora todo lo que ha dicho al respecto Donald Trump no ha sido respaldado ni corroborado por la realidad. Ucrania puede convertirse en el enterrador de la Unión Europea.
Otra hipótesis: el respiro que se tomó Trump, forzando de mentiritas un alto al fuego, le dio oportunidad de restablecer los inventarios diezmados del Pentágono por el primer ciclo de la guerra y crear nuevos medios. Esto, bajo la creencia improbable de que esta vez sí podrán derrotar a Irán y regresar al objetivo de controlar toda Asia Central. A China no le quedaría más alternativa que actuar si ese escenario se concretara.
Una más: intentar bloquear de nuevo el estrecho de Ormuz a fin de tomar la resistencia que ya hacen los iraníes para impedirlo como justificación para el uso de armas nucleares tácticas. De allí los anuncios de Trump de que cobrará aranceles de un 20 por ciento a toda embarcación que cruce el embudo, aun cuando los iraníes no se lo permitirán. Tampoco es seguro que los “usuarios” acepten la oferta, pues quienes deciden sobre el estrecho son los iraníes, no EE. UU..
La hipótesis de política interna: llevar al extremo la guerra en Irán para forzar una suerte de convulsión interna mediante la cual pueda anular las elecciones intermedias de noviembre y conjurar el peligro de perder la mayoría calificada en el Congreso y ser sometido él y sus secretarios, como los de Estado y Guerra, a juicio político y ser expulsados del gobierno.
Los expertos relacionan ese objetivo con ciertos casos como trabas para obstaculizar el registro de votantes, limitar el voto por correo y el desmantelamiento de la Comisión Federal de Seguimiento de las Elecciones, aun cuando es un órgano independiente.
También creen que hay algún tipo de conexión con ese objetivo de política interna, la convocatoria de Marco Rubio a 60 países a una “cumbre” contra la «extrema izquierda» este mes de julio.
Estiman que las resoluciones que tome allí el ultraconservadurismo mundial serán aplicadas con fiereza a lo interno del país para justificar un golpe legislativo y la represión a quienes se manifiesten contra Donald Trump y sus secretarios.
No vale la pena seguir especulando y esperar a que todo se desarrolle, pero bajo la alerta global de que el 3 de noviembre ya está pasando a ser una fecha crucial no solo para la historia de Estados Unidos, sino de la humanidad.

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