Del campo de batalla a la guerra económica: Irán redefine su estrategia

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Mientras Estados Unidos profundiza las sanciones y amenaza con nuevas medidas, Teherán apuesta por la prevención, el control de Ormuz y la reconstrucción de sus capacidades militares.

Los veloces avances militares y de seguridad en la región han llevado a la República Islámica de Irán a consignar nuevas estrategias de disuasión y seguridad.

En una escenario donde el alcance de las amenazas ya no se limita al campo de batalla clásico y componentes como la guerra híbrida, las operaciones cibernéticas, los ataques con drones y misiles, la guerra de la información, la presión económica y los ataques a infraestructuras críticas se han convertido en parte del nuevo patrón de conflicto, la cuestión de la preparación de las fuerzas armadas y su capacidad de respuesta rápida y eficaz ha adquirido una importancia aún mayor.

Las guerras de quinta generación no se caracterizan únicamente por la confrontación militar, sino que ponen a prueba la estructura de defensa de los países, el nivel de resiliencia de la sociedad, la eficacia del equipamiento y las tácticas de las fuerzas armadas.

Tras el Memorando de Entendimiento entre Irán y Estados Unidos, Teherán ha intentado reconstruir parte de su capacidad de combate dañada, utilizando la experiencia adquirida en el campo de batalla para revisar sus métodos operativos y mejorar su preparación.

La República Islámica, según los portavoces de su Guardia Revolucionaria, ha anticipado que la experiencia de la guerra, junto con sus elevados costos, ha proporcionado una base para identificar fortalezas y debilidades y avanzar hacia el diseño de estructuras, equipamiento y tácticas apropiadas para futuros enfrentamientos.

Teherán ha realizado un cambio de enfoque en su doctrina militar, pasando de una táctica defensiva, a una reconfiguración estratégica para fortalecer sus capacidades de blindaje y la respuesta rápida, que pudieran aumentar la disuasión y prevenir errores de cálculo por parte del adversario.

En este escenario, en el que el conflicto está detenido en papeles, mas se encuentra en pleno proceso en la praxis, informes de prensa estadounidenses detallaron que la administración de Donald Trump podría encontrarse escasa en misiles interceptores y equipos vitales en la región de Asia Occidental.

Mientras Washington mantiene un bloqueo naval a los puertos iraníes situados en el estrecho de Ormuz y sus alrededores, el gobierno estadounidense anunció este lunes una nueva estrategia de presión económica sobre Irán.

Operación Marginado Económico

Trump dejó de lado las tácticas militares para centrar su operación en una mayor presión económica sobre Irán. El 24 de agosto, nuevas sanciones a empresas iraníes y a sus socios comerciales fueron emitidas por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent.

Más de 60 personas y organizaciones fueron objeto de sanciones en cinco sectores que Washington acusa de sostener la economía iraní: activos digitales, tecnología, oro, aviación y transporte marítimo. Sin embargo, los sectores petroleros y financieros llevan tiempo sometidos a sanciones.

Las nuevas restricciones afectan a entidades de China, Hong Kong, el Reino Unido, Ucrania, Siria, Francia, Malasia, Singapur y otros países.

Bessent declaró que “si los países y las entidades facilitan las transacciones y forman parte del ecosistema que convierte el petróleo iraní en dinero y en represión, serán objeto de ataques”. Donald Trump ya había realizado llamadas telefónicas a sus homólogos de todo el mundo “con peticiones específicas para que cesen sus interacciones con Irán”.

Según él, el Pentágono lleva tiempo rastreando y mapeando los nodos y redes que la República Islámica ha utilizado para evadir las sanciones en materia de petróleo, que ya se encuentran impuestas desde hace prácticamente una década al país.

Estados Unidos además utiliza hace tiempo como estrategia, las sanciones secundarias. Estas son un mecanismo punitivo que objeta contra Estados o organizaciones que comercialicen con países sancionados.

Este tipo de sanciones efectivizó que muchas instituciones financieras globales dejaran de participar en transacciones con Irán y con otros países como Rusia, por temor a perder sus negocios financieros con Estados Unidos.

Los principales socios de exportación de Irán son China, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Türkiye y Afganistán; mientras sus principales socios de importación son también los Emiratos Árabes Unidos, China, Türkiye la Unión Europea e India.

La operación de imposición de sanciones se vuelve una estrategia fuerte contra varios de esos Estados que mantienen un alta vinculación de negocios con la Casa Blanca, sin embargo en varios sectores de China y Rusia, esta dependencia es mínima, por lo tanto, la influencia de Trump sobre Pekín y Moscú es limitada.

Scott Bessent, Secretario del Tesoro de Estados Unidos. / AFP

Mantener la posición

Frente a las potenciales amenazas realizadas con anterioridad por Estados Unidos, Mohsen Rezaei, el nuevo secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, amenazó el sábado con que Teherán podría atacar a las “empresas petroleras y económicas estadounidenses en Irán y en otros lugares” como represalia.

También hizo énfasis en que los países vecinos del Golfo no se unieran a la “guerra económica” de Estados Unidos, diciendo que si lo hacían, “ni una sola gota de petróleo saldrá del Golfo Pérsico y del Estrecho de Ormuz”.

La carta del control de Ormuz se vuelve un arma fundamental para Irán.

La República Islámica y Omán, los países ribereños del estrecho, iniciaron negociaciones hace más de un mes para centralizar el control sobre el cruce estratégico.

El general de brigada Hossein Mohebi declaró “Si Estados Unidos abandona la obstrucción y regresa al entendimiento, podemos abrir el estrecho de Ormuz dentro del marco del acuerdo alcanzado, por lo que nuestras condiciones deben ser aceptadas por Estados Unidos”.

Este enfoque iraní supone una fuerte posición a mantener las cláusulas del Memorando de Entendimiento, ya finalizados sus 60 días de plazo para su cumplimiento. Irán determinó que la única solución para continuar negociando, y para reabrir Ormuz será que Washington tome sus requisitos.

Estas condiciones incluyen el levantamiento completo del bloqueo económico, el fin sostenible de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano, y la determinación del estatus del bloqueo sobre Yemen.

El Presidente iraní anunció que la estrategia ante el bloqueo financiero se basará en la necesidad de mantener la estabilidad económica y frenar las expectativas inflacionarias: gestionar los mercados clave, especialmente el mercado de divisas y el mercado monetario, promocionando una cooperación entre la institución encargada de la política monetaria, el gobierno y los demás pilares económicos del país.

Si bien Washington parece apostar a que la presión económica debilitará a la República Islámica, la obligará a volver a la mesa de negociaciones y tal vez erosionará su influencia sobre el estrecho de Ormuz, Teherán parece dispuesto a reanudar la confrontación militar directa con Estados Unidos y sus aliados del Golfo en lugar de ceder ante dicha presión.

Presidente iraní, Masud Pezeshkian, dialogando con el sultán de Omán Haitham bin Tariq Al Said. / IRNA

La respuesta de Pekín

China, uno de los principales socios comerciales de Irán y objetivo de las sanciones económicas, podría tomar represalias si Estados Unidos sanciona a sus bancos por procesar fondos iraníes, como ya ha hecho amenazando al Tesoro estadounidense.

El Financial Times señaló que Pekín había expresado su rechazo ante una eventual ampliación significativa de las sanciones secundarias dirigidas contra empresas chinas. En ese sentido, un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China aseguró que el país adoptaría “todas las medidas necesarias” para resguardar sus intereses.

De acuerdo con el medio británico, el funcionario también reafirmó la postura de Pekín contra las sanciones unilaterales que no cuenten con la autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Asimismo, instó a reducir las tensiones y a retomar las negociaciones en torno al conflicto entre Estados Unidos e Irán.

En este contexto, resulta pertinente observar que el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, participará este domingo de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). Esto refleja un interesante enfoque de los países miembros, consignando una postura establecida que no aísla a Irán de sus políticas, sino que por el contrario, lo continúa haciendo parte.

Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) / Flickr

Irán no se doblega

Desde el 28 de febrero, la táctica iraní ha sido reconstruida bajo la intención de mantener su objetivo militar de no abdicar ante la dependencia de Estados Unidos en la región.

Mientras Trump propuso una guerra para derrocar a su gobierno y desestimar su producción nuclear, Teherán dio vuelta el tablero y reconstruyó un escenario en el que se negocia bajo sus propias condiciones.

En este escenario, la posibilidad de una nueva escalada vuelve a instalarse como una preocupación central, ante el temor de que la guerra pueda reanudarse. Frente a esta incertidumbre, Irán sostiene que la respuesta no debe descansar en pronósticos sobre el futuro, sino en una preparación permanente.

Las variables que atraviesan el escenario regional e internacional son demasiado numerosas y cambiantes como para anticipar con certeza su evolución. Por ello, la estrategia debe orientarse a reforzar las capacidades defensivas y de disuasión, especialmente en un contexto en el que cualquier modificación de las relaciones entre Irán, Estados Unidos y los demás actores de Asia Occidental podría alterar nuevamente el nivel de tensión y el equilibrio de seguridad regional.

El escenario actual parece marcar una nueva etapa de la disputa por el equilibrio de poder en Asia Occidental.

Washington, por su parte, intenta trasladar el campo de batalla hacia la economía y utilizar su capacidad de sanción para modificar el comportamiento de Teherán.

Cabe situar que este fenómeno sin embargo es una estrategia repetida de la gobernanza estadounidense, que ha intentado aislar a Irán hace años con condicionamientos financieros.

No obstante, Teherán no ha doblegado sus intenciones ni sus ideales.

Irán apuesta a que la reconstrucción de sus capacidades militares, el fortalecimiento de su disuasión y el sostenimiento de sus vínculos con importantes actores le permitan resistir la presión estadounidense sin renunciar a sus objetivos estratégicos.

La República Islámica continúa contando con respaldo internacional, mantiene fuertes aliados como China y Rusia, y una red de cooperación a través del eje de la Resistencia. Por otra parte, los demás países con los que comercializa no han reaccionado públicamente condenando a Irán, de modo que la estrategia de Trump lleva implícito su propio fracaso.

En esta disputa, la cuestión central ya no parece ser únicamente quién puede ejercer mayor presión, sino quién tiene la capacidad de sostenerla durante más tiempo sin verse obligado a ceder. Mientras las armas permanecen en pausa y las sanciones ocupan el centro de la confrontación, la guerra continúa desarrollándose por otros medios y el equilibrio regional permanece, todavía, lejos de estar definido.

Fuente: PIA Global/Gianna Rosciolesi

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