¿Puede la CIA derrotar a Cuba? De Truman a Trump (Parte I)
Huele a azufre octubre 14, 2026 0
Estados Unidos ha conspirado contra Cuba desde el primer presidente Thomas Jefferson, y más tarde con la CIA como brazo de largo alcance. La historia sostiene que Washington siempre ha sido la principal amenaza a la soberanía cubana. El autor hace un recorrido por las andanzas del imperio contra la isla caribeña.
La actividad de Inteligencia de Estados Unidos contra Cuba comenzó en los albores del siglo XIX. La primera evidencia corresponde a Thomas Jefferson, quien a finales de su primer mandato tramó un desembarco militar para despojar a España de su colonia. Fue disuadido en el último instante por un contexto geopolítico bajo control de Gran Bretaña, pero al abandonar la Casa Blanca persuadió a James Madison arguyendo que con la conquista de Canadá y Cuba —esta última como frontera sur de Estados Unidos—, construirían el imperio más grande visto desde la “Creación”.
No tenían una Armada capaz de derrotar a los británicos en el Atlántico y en 1823 el secretario de Estado, John Quincy Adams, instruyó al embajador en Madrid un modo de actuación que trascendería como “la política de la fruta madura”: veían indispensable la anexión de Cuba y aguardarían a que, una vez separada de España, como cae al suelo una manzana separada del árbol por la fuerza del viento, por las leyes de gravitación política cayera en los brazos de Estados Unidos.
Un espionaje enfocado en la observación activa —en 1884 Estados Unidos era ya la metrópolis mercantil de Cuba— fue desplegado por sucesivas administraciones. No reconocieron al Gobierno de la República en Armas ni en 1868 ni en 1895; por el contrario, obstruyeron el abastecimiento de armas al Ejército Mambí por parte de la emigración y en una operación combinada de Inteligencia con España frustraron el plan de Fernandina con el que José Martí preparaba una guerra relámpago para impedir que los sectores expansionistas aprovecharan la coyuntura y consumaran sus designios, a esas alturas ventilados en el propio Congreso.
En 1898 la victoria cubana era cuestión de breve tiempo y William McKinley pidió un mandato al Congreso para declarar la guerra a España. Una vez pacificada la Isla, no se retiraron como estableció la Enmienda Teller: las autoridades interventoras pusieron a la Inteligencia militar en función de generar intrigas y comprar almas con el objetivo de anexársela, como hicieron en Hawái, Filipinas y Puerto Rico. Por más que intentaron no lo consiguieron; pero la Republica que nació el 20 de mayo de 1902 emergió castrada por la Enmienda Platt. Desde entonces Estados Unidos es la principal amenaza a la soberanía cubana.
En seis décadas de República burguesa los cubanos fueron parias en su propio país, que la burguesía antinacional supeditó estructuralmente a Estados Unidos. Después de que la mediación de su embajada en La Habana frustrara los propósitos iniciales de la Revolución del 33 —y entronizara tras telones al sargento taquígrafo Fulgencio Batista—, la corruptela de los gobiernos de turno no volvió a dar ningún dolor de cabeza a los círculos de poder en Washington.
El 26 de julio de 1947, —como parte de la arquitectura de Estados Unidos para la Guerra Fría— Harry Truman estableció la creación de la CIA. Líderes sindicales y campesinos de ideas comunistas que encabezaron en Cuba la lucha contra la explotación de los consorcios yanquis, como Jesús Menéndez, Aracelio Iglesias y Sabino Pupo, fueron incluidos en una lista negra por orden de Estados Unidos y esbirros de los aparatos represivos los asesinaron a mansalva.
El 20 de enero de 1953 Dwight Eisenhower llegó a la Casa Blanca con un programa que hizo hincapié en la Seguridad Nacional. Su estrategia incluyó la alianza con los sectores más reaccionarios del Planeta y en Cuba halló expresión en el respaldo a Batista —reinstaurado en el poder mediante un golpe el 10 de marzo de 1952—, con suministro de armas, entrenamiento militar y asesoría de Inteligencia.
Mientras Eisenhower se acomodaba en el Despacho Oval, el 28 de enero de 1953 un grupo de jóvenes en formación militar resaltó en la Marcha de las Antorchas realizada en La Habana por el Centenario de Martí. El jefe del destacamento se llamaba Fidel Castro, cuyo liderazgo se extendió progresivamente a todo el país al convertir en programa su alegato de autodefensa en el juicio por el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de julio de 1953.
En la CIA opinaban que Fidel “…era un hombre de pasos largos” (Báez, 2025: 294). Un mes antes de su excarcelación prevista para junio de 1955, —a instancias de Langley— Batista creó el Buró Represivo de Actividades Comunistas (BRAC), a cuyo acto fundacional asistió el director de la agencia, Allen Dulles. El jefe del BRAC y varios de sus oficiales fueron adiestrados en Washington; mientras la estación local asesoraba al Servicio de Inteligencia Militar.
Cuando Fidel se estableció en México para preparar la nueva fase de lucha, un equipo de la CIA continuó su seguimiento en la capital azteca. Afrontó dificultades, incluida la cárcel y el decomiso de una parte de las armas acopiadas con enormes sacrificios. Nada consiguió que incumpliera la palabra empeñada y el 2 de diciembre de 1956 desembarcó por playa Las Coloradas con 81 compañeros.
Dos años duró la gesta en la Sierra Maestra. La estación local estaba tan distraída en el Havana Yacht Club, que perdió todo sentido de la realidad. Un estimado discutido el 24 de noviembre de 1958 en la Junta de Inteligencia de los Estados Unidos (USIB) —aglutinaba a todas las agencias, civiles y militares—, no creyó probable la caída de Batista en los próximos meses. Decía que Fidel no despertaba apoyo popular suficiente y apuntaron a tres líneas de acción para frustrar su victoria:
- reestablecer el equipamiento militar de la tiranía —interrumpido por las presiones de la opinión pública estadounidense debido a los crímenes de la dictadura—;
- aislar al Ejército Rebelde de las fuentes externas de suministro;
- y deponer al tirano mediante una Junta Militar con participación cívica (CIA, SNIE 85-58).
Eisenhower orientó no retomar el tema Cuba en el Consejo de Seguridad Nacional. La CIA proyectó un abastecimiento aéreo de armas al Segundo Frente Nacional del Escambray —conocido como los “come vacas”: su actividad principal—, en el que insertó dos oficiales encubiertos: William Morgan y John Meckples Spiritto —este último, desde 1957 trabajó en la creación de una red de Inteligencia en la zona del Escambray con pastores de iglesias evangélicas (estadounidenses y cubanos). Enajenados de lo que ocurría en el terreno, en Langley se figuraron que de ese modo podrían contrarrestar el influjo del Ejército Rebelde.
El FBI reclutó a un exoficial de la Fuerza Aérea para infiltrarlo en la Sierra Maestra en coordinación con los esbirros de la tiranía con la intención de asesinar a Fidel.
En la tarde del 31 de diciembre la CIA, el Departamento de Estado y el Pentágono evaluaron los acontecimientos al más alto nivel. Sobre la mesa estuvieron todas las variantes, incluido la intervención de los marines. Tenían en contra la popularidad de la gesta rebelde y optaron por una Junta Militar en el cuartel general de las Fuerzas Armadas en Columbia que depusiera al tirano, quien en la madrugada del 1º de enero de 1959 huyó rumbo a República Dominicana. Desde Palma Soriano, Fidel convocó por Radio Rebelde a la huelga general y la Isla se paralizó.
Batista y su legión de matones escaparon con más de cuatrocientos millones de dólares del Banco Central de Cuba —las reservas que sostenían la moneda nacional, entonces en paridad con el dólar. En febrero el presidente del Banco, Felipe Pazos, un hombre reclutado por la CIA en el Gobierno provisional, viajó a Estados Unidos para solicitar un crédito. Regresó sin un centavo, pues Dulles convenció a Eisenhower de rechazarlo. Más allá del beneficio a la banca neoyorkina con aquel dinero tinto en sangre, comenzaba la guerra financiera…
La teoría de la “luna de miel” entre Cuba y Estados Unidos en los primeros meses no tiene sustento. La CIA contaba con una veintena de oficiales entre La Habana y Santiago de Cuba, que no dieron tregua. Trabajaron en cuatro direcciones: consolidar una base armada en la zona del Escambray que les permitiera dominar una parte del territorio cubano; penetrar al Gobierno provisional —reclutaron al primer ministro, al presidente del Banco y a los titulares de las carteras de Hacienda y Obras Públicas—; introducir elementos anticomunistas en el Gobierno, las Fuerzas Armadas, los sindicatos, la prensa, el sector artístico literario, la Iglesia Católica y las organizaciones estudiantiles; y organizar redes de sabotaje.
Y el 11 de diciembre de 1959 el jefe de la División del Hemisferio Occidental recomendó a Dulles: “Se le debe dar una cuidadosa atención a la eliminación de Fidel Castro […] Muchas personas bien informadas consideran que la desaparición de Fidel aceleraría grandemente la caída del gobierno actual”.
A partir de 1960 una Fuerza de Tarea implementó un amplio programa que incluyó entrenar a un contingente mercenario que tomaría una cabeza de playa en las costas de Trinidad —a menos de 50 km del Escambray—, desde la que un Gobierno elegido por la CIA en Miami pediría la intervención militar yanqui. John F. Kennedy asumió la presidencia el 20 de enero de 1961 y prosiguió el plan; aunque cambió el sitio de desembarco para Bahía de Cochinos, lugar apartado sin riesgo de bajas colaterales. Ordenó que no participaran fuerzas estadounidenses, pero Dulles mantuvo pilotos yanquis a quienes se les dijo que si eran capturados se presentaran como mercenarios —cuatro de ellos murieron y en 1976 recibieron medallas en ceremonias que sus familias debieron mantener en secreto
La victoria cubana en las arenas de Playa Girón constituyó un fracaso operativo e institucional para la CIA. Kennedy forzó la renuncia de Dulles antes de escalar en las operaciones encubiertas destinadas a crear el clima necesario a una invasión directa, frustrada cuando la URSS instaló misiles nucleares en Cuba.
La CIA creó una base en Miami: JM/Wave, con 400 oficiales, más de cuatro mil agentes y un presupuesto anual de cien millones de dólares. Hasta su desactivación en 1969, sembraron el terror donde quiera que hallaron un objetivo cubano.
Con Richard Nixon las cifras del terrorismo de Estado, incluidos los planes de asesinato contra Fidel rompieron récords. Y en 1971 comenzó el bioterrorismo con la introducción de la fiebre porcina africana, patología que hasta ese momento no se había reportado en el país —los organismos internacionales especializados lo reportaron como el caso más peligroso y alarmante de la agricultura global ese año. Cuba debió sacrificar una masa de 400 mil cerdos.
Las denuncias en la prensa estadounidense a las actividades criminales de la CIA forzaron al Congreso a proyectarse en 1975: Frank Church encabezó una comisión especial en el Senado; Otis Pike otra en la Cámara de Representantes; mientras en paralelo el ejecutivo constituía la Comisión Rockefeller. Muchas de las imputaciones fueron corroboradas, solo tuvieron una contradicción: Church concluyó que la Casa Blanca estaba ajena a esas actividades y en el interés nacional la CIA había actuado como un caballo sin freno, desbocado; para Pike era esa una tesis insostenible, no había forma alguna de que el ejecutivo se hubiese mantenido al margen.
Después de ese golpe, en Langley comenzó a organizarse el trabajo contra la Isla desde terceros países, con República Dominicana como base de una red de terrorismo internacional conformada a instancias suya.
El 20 de enero de 1977 asumió la presidencia James Carter, portador de una visión que se replanteó la proyección internacional de Estados Unidos. Carter se pronunció contra la Operación Cóndor y prometió no más Chiles ni Vietnam; trabajó en la reducción de la carrera armamentista y de las armas estratégicas nucleares; e hizo de la defensa de los derechos humanos el centro de su gestión.
Para entonces era un tema de reproche en el subcontinente la política de Estados Unidos hacia Cuba. En el primer lustro de los 70 se rompió el aislamiento impuesto por la OEA en Punta del Este en 1962: Chile, Perú, Jamaica, Trinidad-Tobago, Barbados, Guyana, Argentina, Panamá, Venezuela y Colombia restablecieron relaciones políticas y comerciales con la Isla. A su vez, senadores y representantes estadounidenses visitado La Habana, donde sostuvieron encuentros con Fidel; de hecho, entre 1971 y 1975 se presentaron en el Congreso federal varias iniciativas que abogaron por suspender el “embargo” y normalizar las relaciones.
Carter no podía hablar de cambios si ignoraba ese escenario. En su primer año de mandato se establecieron sedes diplomáticas en ambas capitales con rango de secciones de intereses; se firmó un acuerdo sobre pesca y límites marítimos —aún vigente—; las agencias de seguridad establecieron colaboración en la prevención del terrorismo; desapareció la prohibición de visitar Cuba impresa en el pasaporte estadounidense y se redujo la aplicación de las regulaciones del bloqueo.
Aunque la trama de restricciones se mantuvo, hombres de negocios visitaron La Habana y más de doscientas empresas exploraron las posibilidades de comercio, incluido compañías mineras, químico-energéticas, aéreas, de alimentos, agroindustriales, de equipos electrónicos y computación, de entretenimiento e instituciones financieras —algunas fueron nacionalizadas en 1960, pero estaban interesadas en explorar nuevos negocios con una Cuba post bloqueo.
“A pesar del plan de normalización hacia Cuba con que Carter inició su mandato, los factores adversos no se desvanecieron” (Hernández, 2023).
La CIA fue una de las instituciones que más presionó para descarrilar lo avanzado. Hasta la apertura de la Sección de Intereses, recurrió a otros servicios secretos para atender su base operativa en la Isla —sobre todo el español— y fortaleció sus estaciones en lugares de tránsito de cubanos y extranjeros en sus viajes desde y hacia La Habana (París, Madrid, Ciudad México). Restablecido su cuartel en Cuba, a la subversión económica se sumaron operaciones de bioterrorismo que ocasionaron estragos: roya de la caña y el moho azul del tabaco (1978); fiebre porcina africana (1979); cepa de dengue tipo 02 (diciembre 1980) —116 mil 143 personas debieron ser hospitalizadas; 10 mil 312 en estado grave, con 158 fallecidos (101 niños) y pérdidas económicas estimadas en 103 millones de dólares.
No varió tampoco el estímulo a las salidas ilegales y secuestros de embarcaciones, resultado de una política migratoria establecida para denigrar a la Revolución que desembocó en 1980 en el éxodo del Mariel. “Carter recibió a los marielitos con «el corazón y los brazos abiertos», según sus propias palabras” (Hernández, 2023), sin imaginar que unido a la toma de rehenes en la embajada de Estados Unidos en Teherán —52 diplomáticos y oficiales de la estación local de la CIA permanecieron incomunicados por 444 días—, le costaría la reelección.
Cuando en mayo de 2002 visitó La Habana —primer presidente de Estados Unidos en hacerlo luego de abandonar sus funciones—, en su discurso en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) abogó por una convivencia armónica y por el levantamiento del bloqueo. Habló también de derechos humanos… Unos días atrás Cuba había sido condenada por la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra gracias a la presión de Estados Unidos, y en acto de rechazo se concentraron en la Plaza de la Revolución un millón de cubanos. Mirando a Carter con sumo respeto y consideración, Fidel expresó aquel 13 de mayo en la ELAM:
- “…si bien es cierto que muchos reconocen a nuestro país grandes avances en salud, educación, deportes, cual si esos fueran los únicos objetivos, o los objetivos finales de nuestras luchas o de nuestras vidas, habría que decir: Nosotros buscamos algo mucho más noble, buscamos justicia para todos.
- “Cómo puede haber justicia sin saber leer y escribir. Cómo puede haber libertad sin justicia ni igualdad. Cómo puede haber democracia al estilo de aquella Atenas que mencionábamos. Cómo puede hablarse de derechos humanos y en qué mundo vivimos, si al país que en esta época y enfrentando dificultades inimaginables se está acercando y se acerca cada vez más aceleradamente a ese nivel, a ese sueño de justicia, de verdadera libertad, de verdadera democracia, de verdaderos derechos humanos, se le condena en Ginebra como violador de esos derechos” (Castro, 2002).
Bibliografía
Alonso Pérez, Ariel: La guerra biológica contra Cuba. La Habana, Editorial Capitán San Luis, 2008.
Báez, Luis: El mérito es estar vivo. La Habana, Prensa Latina, 2005.
Castro Ruz, Fidel: “Discurso durante la visita del expresidente norteamericano, James Carter, a la ELAM”, 13 de mayo de 2002. Disponible: https://www.fidelcastro.cu/es/discursos/discurso-durante-la-visita-del-expresidente-norteamericano-james-carter-la-elam
Hernández, Rafael: “En busca de un tiempo perdido: Carter y Cuba”, Oncuba (online), marzo 1, 2023. Disponible: https://oncubanews.com/opinion/columnas/con-todas-sus-letras/en-busca-de-un-tiempo-perdido-carter-y-cuba/
Pfeiffer, Jack B.: Historia oficial de la operación de Bahía de Cochinos: evolución de la política anti-Castro de la CIA (de enero de 1959 a 1961), Washington DC, 1979. Documento desclasificado por la CIA, vol. III, 1998. En Archivos del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado.
Weiner, Tim: Legado de cenizas: La historia de la CIA. Randon House Mondadori, S.A., Barcelona, 2008.
Documentos de Archivo
Central Intelligence Agency (CIA): “The Situation in Cuba”, Special National Intelligence Estimate Number 85-58, November 24, 1958. Archivo del Autor.
______________________________: “Developments in Cuba Since Mid-November”, Special National Intelligence Estimate Number 85/1-58 (Suplements SNIE 85-58), December 16, 1958. Archivo del Autor.
______________________________: “Memorándum al Director de la Agencia Central de Inteligencia de parte del jefe de la División del Hemisferio Occidental, J. C. King, enviado a través del Subdirector de Planes de la CIA, 11 de diciembre de 1959”, aprobado hacerse público en 1994, como parte del Programa de Revisión Histórica de la CIA: JFK Assassination Records Act, NARA date 11/13/95, punto 3, inciso d.
Department of State: Document 278, “Despatch from the Embassy in Cuba to the Department of State”, April 14, 1959, in Foreign Relations of United States (FRUS). United States Government Printing Office, Washington, 1991.

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