¿Regular o socializar la IA?
El desmanejo de la Inteligencia Artificial por su automejora se ha convertido en la pesadilla del momento. Crece el temor a la capacidad de ese sistema para superar las órdenes emitidas por los humanos, a medida que su acelerado desarrollo les permite operar por su propia cuenta.
Ese riesgo fue señalado primero por los empleados de varias compañías del sector en una impactante carta pública. Luego se sumaron algunos directivos involucrados en los proyectos de gestación de una superinteligencia auto mejorante. Advirtieron contra los peligros de la IA y su potencial desencadenamiento de un evento de extinción del planeta. Finalmente, un renunciante de esas compañías compartió su temor a que las computadoras espiralicen los mecanismos de programación de sí mismas. Anunció que la IA podría “matarnos a todos” antes de concluir la década y confesó que esa preocupación es compartida por los principales responsables de ese dispositivo[1].
SOSPECHOSAS ALARMAS
En el nuevo clima de pánico desatado por la IA, los popes de OpenAI, Anthropic y xAI han tomado en cuenta el llamado a pausar y controlar su ritmo de auto entrenamiento.
Luego de disentir sobre la conveniencia o factibilidad de esa regulación han sugerido convalidar ese control, aunque sin precisar la forma en que se implementaría esa supervisión. Trump personifica al coro de voces disonantes, que atribuyen a la acción de “fuerzas malignas” cualquier intento de ralentizar el avance de la IA. Señala que con esa pausa Estados Unidos perdería la carrera frente China y convoca a impedir ese resultado.
En medio del creciente miedo a un escenario de ciencia ficción, nadie sabe cuáles son las posibilidades reales de una catástrofe planetaria provocada por la IA. El descontrol a través de «alucinaciones» generadas por sus modelos ha sido un peligro insinuado en varias ocasiones[2].
El gran temor a la “automejora recursiva” de las computadoras, radica en que los programadores pierdan la capacidad de comprender los lenguajes de la propia IA. De ahí surge el escenario distópico de máquinas que puedan dialogar entre sí y burlar los controles, hasta generar algún colapso financiero, energético, sanitario o político[3].
El chatbot Claude de Anthropic creaba hace un año el 10% del código base de realimentación de su propio sucesor y en la actualidad genera más del 80% de ese auto entrenamiento[4]. En un incidente severo de gran autonomización, tanto el ChatGPT como el Claude registraron inexplicables descontroles que trastornaron a sus creadores, ante la dificultad para discernir el origen de esas alteraciones[5].
Esa pérdida de la supervisión humana sobre las acciones gestionadas por la propia IA, se inscribe en la dinámica de las catástrofes que incuba el capitalismo. Ese sistema se rige por la brutal competencia entre empresas, que disputan mercados y beneficios sin tomar en cuenta las incontrolables consecuencias de esa rivalidad.
Por esa razón no pueden gestionar en forma racional, controlada y medida los riesgos técnicos que genera cualquier innovación. Pero el grado de peligro próximo y efectivo del auto entrenamiento de la IA es una gran incógnita.
La campaña de denuncias simultáneas y atemorizantes que convalidan los jefes de la plutocracia digital suscita muchas sospechas. Llamativamente alertan contra los propios productos que ellos desarrollan, promueven y venden y por esa razón, las regulaciones en debate podrían apuntar a garantizar la supervivencia de esas compañías.
Las firmas enfrentan dos amenazas muchos más perceptibles que el fin de la humanidad: la competencia china y el desplome de acciones en Wall Street. No sería la primera vez que los grandes capitalistas consiguen mayores subsidios estatales, para contrarrestar una amenaza gestada, potenciada y magnificada por ellos mismos.
La controversia sobre la regulación de la IA destapa también una contradicción interna del mundo empresarial norteamericano. Por lado, se ubican los sectores dominantes que pretenden proteger su oligopolio mediante la introducción de costosos protocolos de seguridad y normas adversas para las firmas aspirante a ingresar al circuito actual de la IA. Esa es la postura de Anthropic.
Por otra parte, los grandes proveedores de chips promueven ampliar sus mercados y clientes sin ninguna restricción. Es la política que alienta Nvidia. En el medio se ubican las firmas que ya tienen convenios atados al Pentágono y no quieren competidores, pero al mismo tiempo necesitan acelerar la confrontación con China. Esa es la actitud que transmite Palantir[6].
En cualquier caso, las empresas tienen en mente el autocontrol, en función del plan de negocios de cada una. Nvidia, lanzó por ejemplo una nueva herramienta para prevenir desmanejos que ella misma supervisará, a fin de preservar la monumental supremacía que detenta en el campo de los semiconductores[7].
Todos los involucrados en el negocio de la IA proclaman que ese dispositivo podría extinguirnos, pero continúan desarrollándolo y afirman que participan en una inevitable carrera contra el competidor chino. Pretenden convencer al mundo que su modalidad de innovación es la única posible y que el futuro pertenecerá a quién controle ese manejo[8].
El mismo argumento de «fin de la historia» y «fin del trabajo» fue utilizado por el neoliberalismo para justificar la precarización laboral. Ahora, el «fin de la humanidad» es expuesto para consolidar el sostén estatal a los mil millonarios de la casta digital. Gestando ese clima ocultan que el mayor peligro de la IA proviene de su implementación capitalista y no del fetichizado despotismo, que ejercerían los humanoides robotizados sobre los simples mortales[9].
Discutir los peligros de la IA en los términos de su “alineamiento” benévolo u hostil con la raza humana es un engaño mayúsculo. Soslaya que los dueños y beneficiarios de esa tecnología se enriquecen a costa del grueso de la sociedad, creado terroríficas advertencias para consolidar sus ganancias.
ANTÍDOTOS Y AMENAZAS
La comparación más frecuente de los peligros de la IA remite a la energía atómica y a la posibilidad de una destrucción de la humanidad por el uso militar de esa tecnología. Desde la Segunda Guerra Mundial todo el planeta ha convivido con esa sombría perspectiva, que al principio estuvo restringida a un choque devastador entre Estados Unidos y la URSS y posteriormente se extendió al significativo número de países que cuentan con armamento atómico.
Esa proliferación ha operado como una disuasión nuclear que paradójicamente limita la multiplicación de las guerras. En la medida que los contendientes cuentan con fuerzas para destruir todo el planeta (y por lo tanto a sí mismos), ese poderío incide como un freno de la escala bélica.
Es un antídoto que operó durante la guerra fría y se acrecentó posteriormente, con la tenencia de bombas atómicas por parte de un mayor número de contendientes[10]. Ese antecedente -que ilustra como el equilibrio del terror contrapesa desenlaces apocalípticos- podría ser extendido en cierta medida al desenvolvimiento de la IA.
Pero esa comparación también recuerda que la inexistencia de un desenlace atómico final ha convivido con la multiplicación de las guerras, las masacres y las tragedias bélicas y que el mayor peligro inmediato de la IA justamente transita por sus aplicaciones militares. Esa utilización ya se verificó en el asesinato de niñas en una escuela de Irán y en los indescriptibles crímenes de Gaza.
La IA está operando en estas sangrías con la directa participación de OpenAI, Anthropic y xAI. ¿La regulación que ahora ellos aceptan, incluiría la prohibición de ese uso mortífero? Al discutir sobre un eventual fin de la humanidad se elude esta pregunta.
Hablando del colapso futuro de todo el género humano se evita debatir el brutal genocidio con IA que se perpetra en Palestina a la vista de todo el mundo. Mientras estos temas sean soslayados, todos los debates continuarán navegando por la nebulosa de los enunciados genéricos. La regulación de la IA es obviamente indispensable, pero no será efectiva, ni beneficiosa para las mayorías, mientras persista el despotismo que ejercen los enriquecidos propietarios de las empresas.
Por el momento OpenAI dejó atrás su rechazo inicial a la propuesta de control consensuado que propone Anthropic y que el Papa conceptualizó en una encíclica. León XIV señaló que detrás de la IA hay personas y no el mero universo mágico inmaterial, que sugieren los dueños de esa tecnología. Señaló la extensa red de recursos naturales e infraestructuras energéticas que están generando dinámicas regresivas y deshumanizadoras. Pero esas denuncias no definen el contenido de una eventual regulación, que podría consolidar, debilitar o erradicar el poder de los dueños de la IA.
Ese ordenamiento no será neutral e involucraría incontables áreas. Algunas podrían desafiar directamente a la plutocracia digital, con la masificación del rechazo a la instalación de Centros de Datos, que ya se observa en distintas zonas de Estados Unidos y el mundo. Por el contrario, esa futura regulación podría dotar a los magnates de más instrumentos legales para consolidar los pilares energéticos de su negocio. Pero cualquier definición incidirá en otra dimensión clave del problema, que es la estrecha relación con la IA con el deterioro del medio ambiente.
EL MISMO DESMADRE
La IA acentúa la crisis ambiental a través de la construcción de Centros de Datos, que operan como la principal infraestructura de esa tecnología. Su funcionamiento exige un elevadísimo uso de agua y energía para refrigerar decenas de miles de servidores, que consumen volúmenes de megavatios equivalentes a pequeñas ciudades.
Ese procesamiento aumenta drásticamente las temperaturas locales y de la atmósfera planetaria. En 2023 solo Google utilizó casi 23.000 millones de litros para refrigerar sus instalaciones y Microsoft tiene previsto construir su propia central nuclear para hacer funcionar esos dispositivos[11].
Se estima que el auge de la IA provocará un incremento de la demanda energética mundial de 19 % al 22 % anual hasta 2030 y otras estimaciones señalan que ese requerimiento energético se multiplicará por 10 cada 6 meses. La alta inversión en un hardware que se torna obsoleto al poco tiempo, genera una chatarra monumental que deteriora al medio ambiente.
Gran parte de las analogías que se establecen entre la IA y el peligro de un estallido atómico se extienden a la degradación ambiental. La distópica alerta frente al nuevo dispositivo que “puede mataros a todos”, tiene muchas semejanzas con los augurios de extinción de los espacios habitables del planeta.
Al igual que la IA, el cambio climático afronta puntos de inflexión catastróficos, que generan una incontenible retroalimentación de tensiones. El equivalente de las computadoras superinteligentes por su auto entrenamiento, son los grados de calentamiento global por encima de los niveles preindustriales, que tornan irreversible el deterioro del medio ambiente.
Las calamitosas advertencias que ahora se propagan en torno a la IA tienen muchos de contacto con las admoniciones que rodean al desastre ambiental. Basta recordar que entre 1991 y 2021 se emitió más dióxido de carbono que en los dos siglos anteriores y que con excepción de la pandemia, esas propagaciones no han dejado de crecer año tras año[12].
Esas advertencias se basan en la simple observación del salto registrado en el procesamiento de materias primas que genera el calentamiento global. Ese consumo pasó de 7 mil millones toneladas en 1900, a 14 mil millones a mediados de siglo, a 100 mil millones de toneladas en la actualidad y alcanzaría 200 mil millones en 2050, dañando en forma irreparable a todos los ecosistemas[13]. La descontrolada velocidad que convulsiona el desarrollo de la IA sintoniza con ese desmadre ambiental.
Ambos procesos han sido abruptamente acelerados por el impulso militar. La economía fósil renació a pleno en los últimos años, para satisfacer la demanda bélica generada por los conflictos de Ucrania y Medio Oriente. Indujo un récord de extracciones de petróleo y gas con la consiguiente multiplicación de la contaminación global.
Solo el gasto militar de la OTAN en 2023 causó un récord de emisiones de gases con efecto invernadero[14]. El porcentual de IA destinado a la actividad bélica es igualmente arrollador, desde el momento que ese destino es la prioridad del sector. Por esa razón, Estados Unidos es el epicentro de ambas calamidades.
La revolución del esquisto convirtió al primer consumidor mundial de petróleo, en una gran potencia productora y exportadora de crudo. Si el aparato militar estadounidense fuera catalogado como un Estados-Nación ocuparía el puesto 47 en el ranking de emisores del mundo. Por esa dependencia de la economía fósil, Estados Unidos se mantiene como un Petro-Estado que evita el tránsito hacia los Electo-Estados, que fomentan los países auspiciantes de las energías renovables[15].
SEMEJANZA DE IMPACTOS
La familiaridad de adversidades de la IA con los trastornos climáticos deriva del pilar capitalista común que sostiene su desarrollo en Occidente. Los cataclismos que incuban ambos fenómenos provienen de la descontrolada competencia de las empresas por maximizar sus ganancias a costa de la sociedad y del propio futuro de la humanidad. Los plutócratas de la IA se embarcaron en un alocado galope para recaudar dinero y liderar el sector, sin tomar en cuenta los potenciales siniestros de esa carrera.
El desastre ambiental está determinado por la misma rivalidad capitalista y puede desembocar en el mismo suicidio colectivo por el simple sobreuso de los combustibles fósiles. Como señalan las víctimas de los recientes incendios en Europa: “No nos mata el calor, nos mata el capitalismo[16].
Por ese determinante social, la nueva fase de la historia geológica signada por el impacto ambiental de la actividad humana (Antropoceno), no es un efecto de la mera desconsideración por la naturaleza. Es una consecuencia de la irracionalidad del sistema imperante (Capitaloceno)[17].
En los dos terrenos la ideología ultraderechista niega las consecuencias de la tragedia que se está gestando. Trump expone esa ceguera con su habitual brutalidad. Afirma que el cambio climático es invento de los científicos para ganar renombre adulterando los datos y proclama que pausar IA es una conspiración para favorecer a China.
Sus adláteres ignoran el efecto invernadero, el deshielo de Groenlandia y la Antártida. Desconocen las sequías, las inundaciones y las oleadas de frío polar o calor tropical. También desatienden los incendios forestales, la destrucción de la biodiversidad, el hundimiento de islas en el Pacifico y la desaparición de especies vegetales.
Ese mismo negacionismo ha imperado hasta ahora en el universo de la IA por el mismo servilismo a los capitalistas. En el terreno ambiental es evidente la sumisión a las 100 compañías responsables del 70 por ciento de las emisiones de gases contaminantes[18]. En la IA, todos tributan a los millonarios de Space, Anthropic, OpenAI, Google, Meta, Microsoft o Amazon.
Recurren a la misma matriz ideológico-reaccionaria para justificar esa adulación. En el plano ambiental, naturalizan la crisis climática con miradas neomalthusianas o extreman el negacionismo con posturas ecofascistas. En el campo de la IA, propagan tesis transhumanistas de inexorable primacía de las computadoras super inteligentes y de eternidad de una casta superior de gestores de esos aparatos. Ese fundamento regresivo subyace en la propia pretensión de crear una IA superior a los mortales.
Pero nadie logra explicar qué sentido tiene gastar tantos recursos escasos, en producir artificialmente el atributo de la inteligencia, que 8.000 millones de seres humanos ya tienen de su nacimiento. El dinero que se despilfarra en esa empresa tendría un mejor destino en la educación y en el estímulo de la inteligencia humana, que en el delirante intento de remplazarla[19].
Como las comparaciones entre la IA y el cambio climático se extienden también al terreno de las propuestas, conviene recordar lo ocurrido en las últimas décadas con todas las iniciativas de atenuación del desastre ambiental. Ese balance ofrece un instructivo antecedente para los debates actuales sobre la próxima regulación de la IA. El fracaso fue el dato característico de todos los eventos (Cumbres sobre el clima, Protocolo de Kioto, Acuerdo de Paris) que intentaron desenvolver alguna modalidad de capitalismo verde[20].
El fallido fue igualmente categórico con las soluciones eco-capitalistas de mercantilizar el clima con bonos e inversiones. Sus auspiciantes neoliberales infructuosamente supusieron que la protección de la naturaleza podría efectivizarse con la privatización. Ese mismo camino de parámetros capitalistas retoma la plutocracia digital, para regular la IA a expensas de la inmensa mayoría de la población.
La comparación se extiende finalmente al lugar asignado a la periferia. Frente a la creciente oposición a la construcción de Centros de Datos en localidades de Estados Unidos, los milmillonarios pretenden trasladar esos emprendimientos a los países periféricos. Publicitan que por esa vía se podrán generar empleos, cuando en los hechos esa creación será mínima. Es evidente que, una vez finalizada la construcción de las instalaciones, esa infraestructura será gestionada en forma remota desde la sede central. Tal como ocurre con el cambio climático, la periferia carga con todas las adversidades potenciadas de la nueva tecnología.
¿A QUIÉN PERTENECE LA IA?
Las alarmas encendidas por los desarrolladores de la IA han colocado las discusiones sobre el futuro de esos sistemas en el centro de la agenda global. Las demandas de regulación incluyen al propio entorno de Trump, que eliminó todas las restricciones al sector, instaurando el escenario de piedra libre utilizado por las empresas para hacer lo que les place. Esa desregulación aceleró el temido descontrol de la IA.
Las voces de rechazo han llegado hasta el propio mundo ultraderechista. Un ex líder del trumpismo como Banon acaba de asumir posturas “tecno negativas”, en confrontación con Thiel. Exige regulaciones, protección de empleos y estrictas limitaciones al avance de la IA[21].
Todos los sucesos en el enigmático campo de ese sector suscitan más sospechas que certezas y por esa razón se impone evaluar con mucho cuidado el contenido cada regulación en debate, para distinguir vetas positivas de lineamientos regresivos.
En el plano más general parecen despuntar por el momento tres grandes variantes de regulación. El sector más liberal de OpenAI y SpaceX propician controles mínimos o cosméticos, confiando en su funcionalidad para la continuada pulseada con China. Inspirados en el discurso transhumanista de Thiel y Karp, se han embarcado en una cruzada que rechaza cualquier restricción significativa al desarrollo de la IA. Como estiman positivo trascender con esa tecnología los límites biológicos de la especie humana, alientan el modelo aceleracionista, sin temor a las devastadoras consecuencias de ese rumbo[22].
La segunda perspectiva que postula Anthropic alerta contra el horizonte distópico si continúa el curso actual. Propone establecer normas de contención basadas en una pausa concertada. En la versión del denominado «Consenso de San Francisco» esa supervisión quedaría restringida a Estados Unidos y sus aliados de Occidente, a fin de mantener la disputa geopolítica con el rival asiático[23].
China encabeza la tercera propuesta que ha explicitado Xi Jinping en una reciente Conferencia Mundial. Postula convocatorias a una regulación mundial concertada, basada en principios contrapuestos al transhumanismo y el aceleracionismo, Propone además incorporar al Sur Global en convergencia con ciertas ideas de la Encíclica del Papa[24].
El gigante oriental no posee todavía una única ley integral de inteligencia artificial, sino normas sobre algoritmos y propone una arquitectura internacional basada en crear un organismo de gobernanza (WAICO), integrado a las instituciones que promueve China (Organización de Cooperación de Shanghai, BRICS) y la ONU. Por esa vía propicia alianzas que desbordan su competencia bilateral con Estados Unidos[25]. La estrategia general de China apunta a limitar los riesgos del descontrol de la IA, pero sin aceptar regulaciones congelen las ventajas que Estados Unidos mantiene en varios campos.
Entre estos esbozos de genéricas posturas para afrontar los peligros de la IA han irrumpido también numerosas iniciativas para establecer normas inmediatas de protección a los efectos de la IA. Estas iniciativas incluyen eliminar la utilización de chatbots en menores de edad y buscar la complementación de tareas con el trabajo mental, en lugar sustituirlo[26].
En la discusión sobre los criterios que deberían regir la regulación de la IA se ha generalizado el rechazo a que las computadoras puedan adoptar decisiones por sí mismas. Hay una creciente exigencia de garantizar el control humano de esas instancias, mediante una estricta clasificación de los riesgos en juego en cada operación.
Pero el trasfondo del problema es a quién corresponde el manejo general de la IA más allá de su regulación inmediata. Si esos controles convalidan y refuerzan la pertenencia de ese sistema al puñado de billonarios que actualmente controla el dispositivo, persistirán todas las adversidades, injusticias y cataclismos que derivan de ese manejo.
Por esa razón es muy positiva la multiplicación de iniciativas que apuntan a la estatización, nacionalización o socialización de las firmas que controlan la IA. Bernie Sanders propuso por ejemplo la creación de un Fondo Soberano, para que esas compañías cedan una participación accionaria del 50% al conjunto de la sociedad. Ese planteo empalma con proyectos para imponer altos gravámenes a los billonarios del sector digital.
Hay muchos modelos de socialización posibles tanto de la propiedad de las empresas, la gestión de los datos y de las formas de control. Pero el punto de partida de esos desenvolvimientos es el fin del manejo de la IA por parte de un puñado de billonarios.
Es evidente que la crítica moral a las desigualdades y peligros que genera el actual desenvolvimiento de la IA persistirá como una mera abstracción, sin un drástico correlato de exigencias impositivas y cambios en la propiedad. Lo que está en juego es el futuro de un bien que ha sido apropiado por un puñado de capitalistas, en desmedro de toda la sociedad.
EXPLOTACIÓN Y CONFISCACIÓN
El usuario se ha convertido en un protagonista central del capitalismo digital, porque aporta los datos reunidos, acumulados, seleccionados y mercantilizados por las empresas. Con esa provisión de información han contribuido en forma consciente o inconsciente a forjar el cimiento del sistema que maneja la plutocracia informática.
Ese aporte de datos no equivale a un trabajo por parte de los usuarios. No actúan como asalariados contratados por las firmas, para cumplir labores en las plataformas o en los servicios complementarios de esas estructuras.
En los términos tradicionales de la economía política, los usuarios desarrollan una actividad (labor) y no un trabajo (work). Suministran a Facebook, Google, Apple, OpenAI el soporte básico para el desenvolvimiento de las redes de forma gratuita, sin participar en los contratos de contraprestación que caracterizan a las relaciones laborales.
Esa distinción entre el trabajo realizado en las plataformas (o en ligazón con ellas) y la actividad pasiva del usuario, es una diferencia clave para comprender el capitalismo digital. Los autores que subrayan esa disimilitud han aportado una guía esencial para clarificar el modelo actual[27].
En términos marxistas esa distinción remite a la diferencia entre formas de explotación y dominación. El primer caso implica sometimiento del trabajador a las relaciones de explotación y extracción de plusvalía que sostienen la ganancia de los patrones. El segundo concepto alude a todas las actividades que el capitalismo apropia y mercantiliza en su propio desarrollo. Se adueña de la naturaleza, los bienes comunes y los frutos de múltiples actividades humanas, sin transitar por la intermediación del trabajo.
El capitalismo de plataforma se nutre de este segundo cimiento, a través de la simple acción de los usuarios, que en su conexión con las redes aportan, reciclan y perfeccionan los datos transformados en algoritmos por ese sistema. Esa participación puede ser premeditada o totalmente desconocida por los participantes de un circuito, que actualmente involucra al grueso de los habitantes del planeta. El propio sistema ha generado una dinámica de auto reproducción de esos cimientos, sin ninguna consulta a los actores que aportan los datos mercantilizados a sus espaldas.
Algunos teóricos han conceptualizado con más precisión la diferencia que separa al trabajador del usuario de las redes, con numerosos ejemplos de operaciones semejantes frente a las pantallas, cuyo contenido es radicalmente contrapuesto. Cuando una misma persona se distrae con las curiosidades de Facebook actúa como participante, pero no como trabajador mental de ese circuito. Si por contrario, recibe un sueldo por nutrir al Big Data de ese sistema o desarrolla su propia acción como community manager, desenvuelve un trabajo.
El carácter cualitativamente diferenciado de esas operaciones suele confundirse con frecuencia, porque involucra actos desarrollados en el mismo lugar y a veces durante el mismo lapso de tiempo. Pero es importante distinguir ambas situaciones, para diferenciar cuando la misma persona actúa en su condición de trabajador o de consumidor de un bien.
La plusvalía que nutre el beneficio del capitalista es generada en la primera situación y no en la segunda y la explotación está presente en la relación contractual asalariada y no en el uso corriente de un artefacto por parte del mismo individuo. El parecido de la acción frente a la pantalla, digitando las mismas teclas no debe ocultar esa diferencia central. Desenvuelve acciones cualitativamente distintas mediante actos formalmente parecidos[28].
BIENES PÚBLICOS APROPIADOS
Si los datos aportados por el usuario no constituyen un trabajo: ¿Qué tipo de bienes conforman esos insumos y qué uso le asignan los capitalistas? En los hechos, constituyen recursos públicos apropiados por los poderosos. Esos datos son bienes compartidos gratuitamente y disponibles para toda la comunidad, que la plutocracia digital confisca para su propio beneficio.
Esa expropiación repite en el siglo XXI la captura que hicieron los terratenientes de las tierras comunales en el nacimiento del capitalismo. Tomaron esas extensiones expulsando a los campesinos, para sentar las bases de la acumulación primitiva que sostuvo la posterior acumulación del capital. Con los datos se ha reproducido esa incautación. Las compañías se apropiaron de esos insumos sin ningún costo y los mercantilizan a su favor, construyendo las billonarias fortunas que actualmente exhiben Gates, Musk, Bezos, Page o Zuckerberg.
Consumaron esa expropiación acaparando datos, que hasta los años 80 surgían de las encuestas y las bases de información pública. Posteriormente digitalizaron esos insumos, aprovechando el creciente uso de las tarjetas de crédito bancarias y la incipiente difusión de Internet. Esa confiscación operó como un gran “colonialismo de datos” por el nivel de captura, recopilación y almacenamiento de la información apropiada.
Las empresas confiscaron bienes públicos que no les pertenecían, porque esos datos son recursos de toda la comunidad. Lo mismo sucede con otros bienes públicos (aire), espacios públicos (comunicación), lugares públicos (plazas), organismos públicos (museos), instituciones públicas (educación) o servicios públicos (transportes)[29].
Los datos apropiados por la plutocracia digital forman parte de ese universo disponible para todos miembros de una sociedad, que un puñado de usurpadores ha capturado para su beneficio. Es el mismo proceso de privatizaciones que ha regido durante el neoliberalismo, con la diferencia que en este caso no hubo siquiera alguna formalidad de compras, licitaciones o contratos.
Los datos conforman bienes comunes sociales y no naturales, porque son producto del desarrollo histórico de la sociedad y no del entorno físico que rodea a los seres humanos. Incluyen un inconmensurable ecosistema de códigos, ideas, imágenes y productos y cimentan un patrimonio cultural que ha sido enriquecido de manera cooperativa. Ese acervo ha sido tomado por los billonarios que manejan la Inteligencia Artificial.
Ese tipo de expropiación es corriente en la dinámica de la acumulación capitalista y algunos economistas suelen presentarla como una “externalidad”. Utilizan esa denominación para aludir a un beneficio obtenido por las empresas en forma gratuita, omitiendo que ese lucro se consuma a costa de los excluidos de esa fortuna.
Esa captura del bien disponible tiende a naturalizase y con el paso del tiempo ya nadie pregunta cómo se consumó una desigualdad tan grande, entre los sustractores y los privados de ese recurso. Lo mismo ocurre actualmente con los datos. Se ha tornado tan corriente el uso del sistema digital, que nadie consulta el origen del enriquecimiento logrado por los plutócratas de la informática. Las huellas en su expropiación tienden a quedar borradas.
Es muy importante clarificar ese origen en plena irrupción de la IA, porque la corriente dominante en la economía suele presentar a los datos como un mero factor adicional de la producción, carente de historia y contendido social. Es visto como un bien con virtudes mágicas e inmateriales que emergió por curiosidad, invención, clarividencia o empeño de sus gestores.
Con esas alabanzas se oculta que los algoritmos y modelos que sostienen a la IA, conforman un conocimiento formalizado a partir de la expropiación de un bien público. Las computadoras se auto entrenan utilizando ese recurso en Centros de Datos, que devastan el agua y la energía, con la misma impunidad que las empresas capturaron los datos[30].
La IA aprende a través del propio uso de un bien público que pertenece a toda la sociedad. Se nutre de una materia prima universal que depende del aporte colectivo. La socialización de ese recurso es por lo tanto un acto de justicia, frente a la confiscación perpetrada por el capital. Partiendo de esta conclusión se puede evaluar con más solidez y consistencia los peligros que suscita el desarrollo actual de la IA.
La Inteligencia Artificial conforma un bien común, digital, asentado en el atributo del conocimiento y debe desenvolverse con esos parámetros. El capitalismo impide o socava ese sentido y solo subrayando esa distorsión se puede encontrar el camino para afrontar los peligros de un futuro distópico. Con ese hilo conductor analizaremos en el próximo texto la gravitación de los cambios laborales en el capitalismo digital.
RESUMEN
El potencial descontrol de la IA deriva de la competencia ciega por el beneficio, pero la sospechosa alarma actual incuba subsidios a las empresas afectadas por la rivalidad china y la burbuja bursátil. Se reproducen escenarios de contienda atómica, pero el uso militar ya verificado es el peligro más inmediato. Hay enormes semejanzas e interacciones con el desmadre climático. Todas las adversidades persistirán, si en lugar de socializar la IA se convalida el poder de una plutocracia digital, que se adueña de los datos, mercantilizando a su favor un bien común de la sociedad.
[1] Lantos, Nicolas (2026). La IA va a matarnos a todos y otras preguntas más importantes https://www.eldestapeweb.com/politica/ia-va-matarnos-todos-
[2] Roberts, Michael (2026) IA: Una oportunidad única
08/06/2026 https://www.sinpermiso.info/textos/ia-una-oportunidad-unica
[3] Fernández Peláez, Julio (2026). De qué manera nos matará la inteligencia artificial
https://rebelion.org/de-que-manera-nos-matara-la-inteligencia-artificial/
[4] Página 12 (2026) Anthropic pidió una pausa global de la IA https://www.pagina12.com.ar/2026/06/06/anthropic-pidio-una-pausa-global-de-la-ia/
[5] Lantos, Nicolas (2026) IAs rebeldes, manipulación masiva y soberanía algorítmica https://www.eldestapeweb.com/politica/ias-rebeldes-manipulacion-masiva-soberania-algoritmica-20267252197
[6] Chingo, Juan (2026). La IA no puede frenar: la disputa detrás del «Apocalipsis»
https://www.laizquierdadiario.com/La-IA-no-puede-frenar-la-disputa-detras-del-Apocalipsis
[7] Esteban, Pablo (2026) ¿Sirve el control a la IA por sus propios desarrolladores?
https://www.pagina12.com.ar/2026/09/29/sirve-el-control-a-la-ia-por-sus-propios-desarrolladores/
[8] Varsavsky, Julián (2026). Las diferencias culturales y política definen la legislación respecto de la IA China y EE.UU. regulan distinto https://www.pagina12.com.ar/2026/09/15/china-y-eeuu-regulan-distinto/
[9] Bach, Paula (2026). A propósito de la renuncia de Jacob Coxon, la IA y la extinción de la humanidad https://www.laizquierdadiario.com/A-proposito-de-la-renuncia-de-Jacob-Coxon-la-IA-y-la-extincion-de-la-humanidad
[10] Katz Claudio (2026). La Epopeya palestina, Batalla de Ideas Buenos Aires, (P 44-45)
[11] Sundaram, Jomo Kwame; Kuhaneetha Bai (2025). Inversiones en centros de datos: malos negocios, https://ipsnoticias.net/2025/10/inversiones-en-centros-de-datos-malos-negocios/
[12] Seoane, José (2025). Entre el negacionismo climático y la adaptación microsocial https://www.nodal.am/2025/12/entre-el-negacionismo-climatico-y-la-adaptacion-microsocial-por-jose-seoane/
[13] Mercatante, Esteban (2023). Decrecionismo y (eco)socialismo, ¿perspectivas afines o en disputa ante la crisis ecológica? https://www.laizquierdadiario.com/Decrecionismo-y-eco-socialismo-perspectivas-afines-o-en-disputa-ante-la-crisis-ecologica
[14] Kaos en la red (2026). El gasto militar récord de la OTAN en 2023 causó más emisiones de gases efecto invernadero que Qatar https://kaosenlared.net/el-gasto-militar-record-de-la-otan-en-2023-causo-mas-emisiones-de-gases-efecto-invernadero-que-qatar/
[15] Tooze, Adam (2026) Petroestados y electroestados: una distinción complicada
https://wwwGAF.sinpermiso.info/textos/petroestados-y-electroestados-una-distincion-complicada
[16] La Haine (2026). No nos mata el calor, nos mata el capitalismo 27 de julio 2026. https://www.resumenlatinoamericano.org/2026/07/27/pensamiento-critico-no-nos-mata-el-calor-nos-mata-el-capitalismo/
[17] Martin, Facundo Nahuel (2020). Un primer mapa de la cuestión
Marxismo y ecología: ¿historia de un desencuentro? https://vientosur.info/un-primer-mapa-de-la-cuestion/
[18] Malm, Andreas (2024). El proyecto fundamental de la ultraderecha es defender el privilegio blanco ligado a los combustibles fósiles https://climatica.coop/entrevista-andreas-malm-2024/
[19] Magnani, Esteban (2024). Dudas sobre la apuesta millonaria por una tecnología en desarrollo https://www.pagina12.com.ar/761672-la-inteligencia-artificial-podra-pagar-la-cuenta/
[20] Roberts, Michael (2022) ¿Otro COP (van 27) inútil? https://www.sinpermiso.info/textos/otro-cop-van-27-inutil
[21] Delle Donne, Franco (2026) La IA desata una guerra civil en el mundo MAGA y Trump aún no ha tomado partido https://rebelion.org/la-ia-desata-una-guerra-civil-en-el-mundo-maga-y-trump-aun-no-ha-tomado-partido/
[22] Infobae (2026), Grabois habló de su reunión con Peter Thiel: fobae.com/economi2026/07/28/grabois-hablo-de-su-reunion-con-peter-thiel-ia-anticristo-argentina-como-cabecera-de-playa-y-como-piensa-el-dueno-del-circo
[23] Roffinelli, Gabriela (2026). IA, monopolio tecnológico y reproducción de la dependencia en el capitalismo contemporáneo (próxima aparición)
[24] Ng, Gustavo (2026) La inclusividad en la gobernanza de la IA propuesta por China https://tektonikos.website/la-inclusividad-en-la-gobernanza-de-la-ia-propuesta-por-china/
[25] Vaca Narvaja, Sabino (2026) China. Xi, Trump y la batalla por gobernar la inteligencia artificial https://www.pagina12.com.ar/2026/09/27/xi-trump-y-la-batalla-por-gobernar-la-inteligencia-artificia
[26] Acemoglu, Daren (2026). Por qué debemos dejar de hablar de la inteligencia artificial general y, en su lugar, desarrollar una IA «a favor de los trabajadores»
https://sinpermiso.info/textos/por-que-debemos-dejar-de-hablar-de-la-inteligencia-artificial-general-y-en-su-lugar-desarrollar-una
[27] Míguez, Pablo (2020): Trabajo y valor en el capitalismo contemporáneo. Reflexiones sobre la valorización del conocimiento. Ed. UNGS, Buenos Aires. Epílogo
[28] Carchedi, Guglielmo (2014). Old Wine, New Bottles and the Internet, Work Organisation, Labour and Globalisation, volume 8, number 1.
[29]Fuchs, Christian (2021). Los bienes comunes digitales y la esfera pública digital: cómo impulsar la democracia digital hoy, Westminster Papers in Communication and Culture 16(1), 9-26. doi: https://doi.org/10.16997/wpcc.917-
[30] López, Juan Torres (2026). ¿A quién pertenece la Inteligencia Artificial? https://rebelion.org/a-quien-pertenece-la-inteligencia-artificial/
Fuente: Claudio Katz

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