Cuando el neofascismo toca la puerta
La antipolítica pisa fuerte y hasta gana elecciones, como lo confirman Trump, Milei, en Argentina; Bolsonaro en Brasil y Giorgia Meloni, en Italia. No tiene seguidores o militantes, tiene fans o fanáticos. No propone un plan de gobierno, sino destruir el Estado social y de derecho. No debate, descalifica. Se abandona la idea de la solidaridad. Es el sálvese quien pueda
“No pueden hacer elecciones sin mí”, lanzó María Machado, en Caracas, aferrándose al relato de la derecha obstinada y recalcitrante. Qué tan cierto sea lo que proclama no tiene la menor importancia.
Ya se sabe que la política y la comunicación política dejaron de ser lo que eran, como espacios privilegiados para el debate y el intento por convencer sobre las bondades de discurso, programas y acciones. Ahora la antipolítica pisa fuerte, mete miedo y hasta gana elecciones, como lo confirman Trump, Milei, en Argentina; Bolsonaro en Brasil y Giorgia Meloni, en Italia.
En cuanto a la comunicación política cabe resaltar que la derecha neofascista hace gala de otra narrativa. Como en los cuentos infantiles, la bruja es la mala. Divide al mundo en buenos y malos. Nosotros y ellos. No hay adversarios sino enemigos. Por tanto, lo que viene es una batalla cultural para borrar, eliminar o desaparecer lo que Milei llama la casta y Trump el pantano. Se proponen aniquilar los derechos para favorecer a los poderosos.
Según Steve Bannon, asesor de campañas políticas y electorales, existe un Estado profundo, que está en todas partes y es muy activo en imponer una hegemonía cultural que favorece las políticas sociales estatales, que protege a los migrantes, los indígenas y a los más pobres, y actúa en contra del capital. A cualquier política pública desde el Estado se le descalifica o se le tilda de socialista.
Natacha Strobl, autora del libro La nueva derecha. Un análisis del conservadurismo radicalizado(1), resume que estamos en un tiempo en el que las certezas se están desvaneciendo. Ella distingue entre dos conservadurismos: el clásico y el radicalizado, el cual en sentido estricto es el de las formas neofascistas actuales.
Para leer sobre las reflexiones hecha por Natacha Strobl en torno a su libro
El conservadurismo clásico considera que capital y trabajo son complementarios y se sustentan en valores de orden y propiedad, y en una supuesta armonía de clases. Son todos estos partidos conocidos que llegan al poder e intentan administrar la crisis del capitalismo.
“Ese es el proyecto del neofascismo venezolano de Machado, López y Capriles: acabar con el mapa de derechos, con las políticas públicas y mercantilizar todo lo que mueve.”
En cambio, el neofascismo no busca preservar ni restaurar el Estado, quiere cambiarlo de raíz, borrarlo, sin medias tintas. Se busca destruir lo que se ha conocido como democracia y justicia social. Es un pensamiento político autoritario, cada vez más visible. En palabras de Strobl, se abandona la idea de la solidaridad y se sustituye por el sálvese quien pueda, mediante el fetiche de la meritocracia, la responsabilidad personal, la eficiencia, el rendimiento y la utilidad. Es el desprecio hacia los más pobres.
Ese es el proyecto que levanta Milei: acabar con el Estado argentino, pasando por encima de los derechos sociales, políticos y laborales conseguidos hasta ahora. Por eso eliminó el Ministerio de la Mujer y tiene entre sus metas la privatización de las empresas públicas.
Ese es el proyecto del neofascismo venezolano de Machado, López y Capriles: acabar con el mapa de derechos, con las políticas públicas y mercantilizar todo lo que mueve.
Distintas etiquetas o denominaciones intentan hacer el registro de este movimiento. Nueva derecha, conservadurismo radical, ultraderecha, neoliberales o mejor neofascismo, porque es el regreso a fórmulas conocidas, totalitarias y fanáticas, contrarias a las corrientes humanísticas.
La distopía, en vivo y directo
El neofascismo actúa en el espacio de la pre-política y desde allí agrede, insulta, quiebra las reglas y desconoce el Estado social y de derecho. Todo le da igual.
Digamos que da su curiosa batalla por la hegemonía, para ningunear lo colectivo y comunitario, con frases como: “Ese no es un asunto mío”, “la política es una mierda”, “ninguno sirve para nada”, “hay que acabar con esto como sea”. Se apoya en imágenes, memes, noticias falsas y videos y se reproduce en el campo digital, muchas veces desde el anonimato con sus “laboratorios” de trolls o troles, buscando instalar la mentira. O ni siquiera la mentira, sino la irrealidad.
El neofascismo no tiene voceros o dirigentes, tienen “influenciadores”. No tiene seguidores o militantes, tiene fans o fanáticos. No propone un plan de gobierno, sino destruir el Estado social y de derecho. No debate, hace lo contrario, insulta y descalifica. Hace lo posible para que la pelea sea en el barro. Es la distopía, en vivo y directo.
Forma y fondo del discurso
Forma y fondo se juntan en el discurso. El neofascismo en desarrollo muestra sus fines disruptivos. No busca introducir mejoras. Quiere destruir cualquier avance. En días pasados unas soldadas israelíes se hicieron un selfie en Gaza, teniendo como fondo las casas y edificios destruidos por su ejército. ¿La finalidad? Asustar, meter miedo, presentarse como invencibles y dispuestos a todo.
Eso es lo que de igual modo se proponen los referentes del neofascismo. Como muestra representativa de sus formas discursivas aquí tenemos este breve corpus.
Según el resumen de la revista Nueva Sociedad(2), Bolsonaro declaró de una congresista que la única razón por la que no la violó, fue porque no lo merecía por fea. El golpe de Estado de 1964 fue para él “una revolución”. Dijo que quienes viven en las reservas (tierras indígenas) son “parásitos”. Afirmó que los quilombolas (miembros de la comunidad negra, descendientes de esclavos que huían) “ni siquiera son aptos para la cría”. Del expresidente Fernando Henrique Cardozo acuñó que debería ser “fusilado en una plaza pública”.
Milei se caracteriza por sus dichos violentos, misóginos, racistas y supremacistas, aderezados con una teatralidad que muestra a un personaje agresivo y áspero. “Zurdo de mierda”, “burro” o “burra”, según sea el caso; “boludo” —necio o estúpido—, “imbécil” y “tarado”, “gusano arrastrado”, “pelado asqueroso”, son algunas de sus expresiones comunes.
Para leer más sobre las políticas discriminatorias de Javier Milei en Argentina
Al Papa Francisco lo llamó “comunista enviado del maligno a la Tierra”. En un comunicado la Asociación Síndrome de Down de la República Argentina (Asdra) repudió el uso, por parte de Milei, de la palabra “mongólico”, como un insulto contra sus adversarios.
Finalmente, Trump, el de los huevos de la serpiente. Ha utilizado: “países de mierda”, “hablamos inglés, no español”, “México envía drogas, crimen y violadores”. “Por qué no regresan y arreglan los lugares totalmente destrozados e infestados de crimen de donde vinieron”.
Ir hasta la raíz
Esto es lo que hay. La ultraderecha o neofascismo pretende avanzar llevándose todo por delante. A veces lo consigue, como en Argentina. Cabe esa advertencia. También son una amenaza ese avance de la ultraderecha de Bolsonaro, en Brasil, y las pretensiones de Machado, López y Capriles, en Venezuela.
García Linera(3) advierte el fenómeno y explica que lo que llama el progresismo y las izquierdas no pueden aplicar un neoliberalismo con “rostro humano”, “verde” o “progresista”. “Las izquierdas, si quieren consolidarse, deben responder a las demandas por las que surgieron y, si quieren en verdad derrotar a las extremas derechas tienen que resolver de manera estructural la pobreza de la sociedad, la desigualdad, la precariedad de los servicios, la educación, la salud y la vivienda. Y para poder realizar eso materialmente, tienen que ser radicales en sus reformas sobre la propiedad, los impuestos, la justicia social, la distribución de la riqueza, la recuperación de los recursos comunes en favor de la sociedad”.
El iceberg está a la vista. Es demasiado obvio y torpe, agresivo y pendenciero. De vos, tú y yo, nosotros, depende que el presente y que lo que viene sea terreno fértil para la solidaridad y la vida plena.
Qué te parece si vivimos felizmente levantados, como lo recomienda el poema de Enrique Falcón(4): “No adoptes nunca el nombre que te dé la policía/ No acerques tu caricia a la piel del invasor/ No comas de su trigo, no bebas más su leche/ No dejes que tu alberca la vuelvan lodazal (…) / No reces en su lengua, no bailes con sus ropas/ (…) No lleves a tu amigo a los pies del impostor/ No dejes que su lengua fructifique tras tu casa/ No permitas a tus hijos,/ nunca dejes a tus hijos/ esconderse en su jardín».
Autor: Orlando Villalobos Finol
IG: @orlandovillalobos26/ X: @pasionporeldiscurso
Referencias
(1) Natacha Strobl (2022) La nueva derecha. Un análisis del conservadurismo radicalizado. Editorial Katz.
(2) Pedro Henrique Leal (2017). Bolsonaro y la extrema derecha brasileña. Disponible en https://www.nuso.org/articulo/bolsonaro-y-la-extrema-derecha-brasilena/
(3) Alvaro García Linera (2024).»Para derrotar a la ultraderecha, las izquierdas deben ser radicales”. «Disponible en: https://jacobinlat.com/2024/01/02/si-las-izquierdas-quieren-derrotar-a-la-ultraderecha-tienen-que-ser-radicales/
(4) Enrique Falcón (2013). Porción del enemigo, Madrid, Calambur Editorial.

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