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Desde el 2 de diciembre de 1823, hace 200 años, la Doctrina Monroe mal convive entre nosotros. Se trata de una política exterior avizorada y formalizada por el entonces presidente de los EE.UU., James Monroe.

Con dicha doctrina se estableció un hemisferio de área de influencia y control de Estados Unidos, a la par, puso límites a los países europeos frente a su posible injerencia en la región. Eran épocas de gestas independentistas.

Argumenta allí, el país del norte, que cualquier territorio en América es de su interés exclusivo y cualquier país que intente relaciones o intervenciones de cualquier orden sería considerado como una amenaza a su seguridad nacional.

En este planteamiento quedó claro que tanto América del Sur, centro América y el Caribe eran esenciales a los intereses nacionales de Estados Unidos, lo que dio como resultado una política recia, agresiva de conservación de sus intereses. Se trataba sin duda alguna, de un neo-colonialismo Norteamericano sobre Latinoamérica.

No son pocos los ejemplos de la injerencia e intervencionismo de los EE.UU. en Nuestraamérica, algunos de los múltiples ejemplos: Golpe de Estado en Guatemala (1954), invasión a Cuba (1961), golpe de Estado en Chile (1973), invasión a Panamá (1989), guerra con la contra en Nicaragua (1980); solo por mencionar unos pocos ejemplos.

Simón Bolívar siempre advirtió sobre los peligros de caer en manos de una potencia extranjera, manifestó su abierta preocupación ante las ambiciones del país del norte en la región. En varias de sus comunicaciones lo expresaba. En la Carta de Jamaica, escrita en 1815, hace un análisis de la situación de América Latina y expone su deseo de un continente “libre y unido”, y enfatiza en la necesidad que los países latinoamericanos se mantengan alertas ante cualquier amenaza externa a su independencia y soberanía.

Ahora, en pleno siglo XXI, la historia le sigue dando la razón a Bolívar. Pasando por los inhumanos bloqueos a países no subordinados, injerencias en asuntos internos; aplicación de diferentes estrategias que incluyen desestabilizar una sociedad para ganar posición y fortalecer su presencia; el golpe blando, apoyo a sectores ultra-conservadores reaccionarios; la supuesta lucha contra los cárteles del narcotráfico como excusa de intervención, entre otros.

Ya es bastante conocida la conferencia de Laura Richardson ofrecida a uno de los tanques de pensamiento de la OTAN, el Atlantic Council, donde re-potencia la doctrina Monroe en todo su esplendor —con variantes, claro está, pues ahora los enemigos son Rusia y China en medio del avance de un nuevo orden multipolar—; en este contexto manifiesta que van a “hacer lo que sea necesario” para mantener el control de la región. Además, expresa con detalles su abierto y cínico interés en el control de los recursos como el litio, agua, cobre, gas, petróleo, entre otras.

Traza una ruta de acción —tipo guerra híbrida— que combina diversas estrategias como el llamado golpe blando, la fuerte matriz comunicativa, el uso de la psicología de masas y de guerra; para que gobiernos con una tendencia hacia la defensa de la autonomía y soberanía caigan, no se sostengan, impedirles su gestión, generar caos social; ejemplos de esta acción son Haití, Ecuador o Perú. Lo harán todo para sacar adelante su reposicionamiento en la región, ante el avance comercial de China e India y las relaciones con Rusia.

Esta realidad, en medio de un nuevo orden emergente multipolar, tiende a profundizarse y acelerarse. Y, en este contexto, aparece la cereza en el pastel: El Plan “Simón Bolívar” para re-colonizar a Nuestramérica.

Este plan busca, según el documento filtrado por funcionarios de la embajada de EE.UU. en Bolivia —elaborado por el Centro de Estudios Geopolíticos Multidisciplinarios (CEGAM)— con título “América Latina en el ojo de la tormenta” busca, entre otras, dividir América Latina con el fin de evitar que el posible avance de la Unidad en instancias como la CELAC o los BRICS o acuerdos bilaterales y otras, ponga en riesgo los intereses de los EE.UU.

El documento filtrado —y con un incoherente nombre— plantea, entre otros, estos objetivos:

  • Evitar que América Latina deje de depender de EE.UU. y siga abriendo su mercado hacia China e India.
  • Asegurar el control de los recursos naturales estratégicos en la región.
  • Mantener la hegemonía estadounidense en medio de un mundo multipolar.

Esta es una amenaza real, y es importante aprender de la historia para que la memoria garantice y vigile la NO repetición.

En este punto, la unidad de América Latina es urgente, necesaria, no sólo para contrarrestar la influencia de los EE.UU., sino también de cualquier otra potencia, la Unidad fortalece la capacidad de negociación, de poner condiciones y permite avanzar hacia la cooperación entre países, entre los pueblos, ganar en autonomía y soberanía. 

Para ver entrevista con el abogado y periodista boliviano, Hugo Moldiz, sobre la aplicación del plan de desestabilización de EE.UU. en Bolivia y Américalatina

Ahora bien, los pueblos de Nuestramérica, en esta etapa re-potenciada de la doctrina Monroe, debemos estar alertas, cualificar las luchas por la defensa de los territorios, el medio ambiente, la cultura de los pueblos, su identidad. 

Esta Unidad de los pueblos es aún más necesaria y urgente pues es la garantía de permanencia y existencia, la lucha continúa y debe irse adaptando a las lógicas y retos que nos depara la emergencia de un nuevo contexto geopolítico.

 

Autor: Antonio García

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