Cumbre borrascosa en Paraguay: firma del acuerdo Mercosur -Unión Europea

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Con la ausencia del presidente de Brasil Lula Da Silva en el acto protocolar de Asunción del Paraguay se llevó adelante la firma del polémico acuerdo entre los países del Mercosur y la Unión Europea dejando atrás 25 años de espera.

El viernes 16 de enero, Ursula von der Leyen y Antonio Costa, en representación de la Unión Europea llegaban a Río de Janeiro para tener un encuentro con el presidente Lula Da Silva, uno de los impulsores del acuerdo entre ambos bloques, que no participaría del evento en Paraguay.

Fue el único mandatario ausente entre los presidentes del Mercosur en el acto del sábado 17, marcando distancia de esta manera con las posiciones políticas de Milei y de Santiago Peña, quien ostenta la presidencia pro témpore del bloque.

Teniendo en cuenta que el Acuerdo de Asociación y el Acuerdo Interino de Comercio con la Unión Europea fueron suscriptos por los Ministros de Relaciones Exteriores de los Estados partes del MERCOSUR y por el Comisario de Comercio y Seguridad Económica en representación de la Unión Europea, la representación de Brasil estuvo a cargo del canciller, Mauro Vieira, dejando en claro que más allá de los esfuerzos realizados por Brasil para la firma de este protocolo, que tendrá que ser ratificado por los parlamentos de los países miembros en Suramérica y por el Parlamento europeo, la no presencia de lula marca las profundas divisiones que atraviesa el bloque.

Los cancilleres firmantes del acuerdo fueron, por el Mercosur, Rubén Ramírez Lezcano de Paraguay, Pablo Quirno de Argentina, Mauro Vieira de Brasil, Fernando Aramayo de Bolivia, Mario Lubetkin de Uruguay y Javier Martínez-Acha por Panamá y por la Unión Europea, el comisario de Comercio, Maroš Šefčovič. Cabe destacar que, en el caso de la UE, los firmantes son los ministros.

Las discrepancias entre Lula y Santiago Peña vienen desde hace rato y se hicieron más evidentes recientemente cuando se realizó la inauguración del nuevo Puente de la Integración, que une Presidente Franco (Paraguay) con Foz do Iguaçu (Brasil) para aliviar el tráfico pesado, Lula inauguró la cabecera brasileña el 19 de diciembre, mientras que Santiago Peña lo hizo del lado paraguayo el día 20 de diciembre, evidenciando la fata de disposición para realizar una ceremonia conjunta.

Pero fundamentalmente por la reciente alianza estratégica entre Paraguay y Estados Unidos, que se manifiesta en la firma del Acuerdo de Estatuto de Fuerzas (SOFA), que otorga inmunidad jurídica al personal militar estadounidense que se desplace por Paraguay, análoga a la que gozan los diplomáticos, y con la cual se permite la libre circulación para aeronaves, buques y vehículos estadounidenses en territorio paraguayo.

Para los analistas militares brasileros, las operaciones de las fuerzas armadas del gobierno de Trump en países vecinos, siempre crean “efectos indirectos” que podrían perturbar el “equilibrio regional”.

Brasilia ve con recelo la “cooperación militar” estadounidense en la Triple Frontera, una zona estratégicamente sensible y de alta complejidad geopolítica, temiendo que indirectamente interfiera en la lucha que llevan adelante contra el crimen organizado internacional asociado al PCC y al Comando Vermelho.

En su frontera sur, Brasil cuenta con gobiernos aliados y encolumnados en mayor o menor medida con las políticas de Trump, situación que pone en alerta al gobierno de Lula, distante de esas políticas que contemplan a Santiago Peña como el líder destacado por el “inquilino de la Casa Blanca”

Imagen creada con IA

25 años para una firma que genera discordia

El acuerdo firmado el sábado 17 de enero entre la Unión Europea y el Mercosur tiene sus aprobadores y detractores por temas económicos, ambientales y sociales.

En Europa, Alemania, España y Portugal esperan impulsar sus exportaciones industriales y de servicios, recuperando los estándares históricos que tenían en América Latina.

Otro país que pretende beneficiarse con esta oportunidad es Croacia al posicionar a sus empresas pequeñas y medianas.

La Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) rescata la seguridad jurídica y estabilidad regulatoria que se suma a la eliminación de aranceles para los sectores industriales, tecnológicos y de servicios europeos cuya competitividad se ve beneficiada para el acceso a un mercado de más de 260 millones de personas en América Latina.

De esta manera la Comisión Europea entiende el acuerdo como un paso clave para contrarrestar el proteccionismo global y para fortalecer su presencia en la región frente a las políticas de exportación agresivas de países como China y Estados Unidos.

Por otra parte, dentro de Europa hay países que entienden que sus intereses se verán perjudicados con la puesta en marcha de esta asociación. Francia, Italia, Polonia, Austria y los Países Bajos, manifiestan su oposición por el impacto sobre sus agricultores, quienes temen a la competencia de productos más baratos provenientes de América Latina. En este sentido Francia ha calificado al acuerdo como “inaceptable” en su estado actual porque atenta contra la soberanía alimentaria europea.

La Asamblea Nacional francesa ha aprobado resoluciones que se oponen a la ratificación, y en el Parlamento Europeo, diputados de Francia, Polonia e Irlanda se suman al descontento con este acuerdo que propone la eliminación progresiva de más del 90% de los aranceles bilaterales, la reducción de barreras no arancelarias y la unificación de regulaciones en áreas como inversiones, propiedad intelectual y estándares sanitarios y técnicos.

La coalición “Stop EU-Mercosur” que reúne a cientos de organizaciones que rechazan el pacto junto a diversos grupos de agricultores, ambientalistas y activistas por los derechos humanos, argumentan que el acuerdo podría aumentar la deforestación en la Amazonía, promover modelos agrícolas destructivos y afectar la seguridad alimentaria y desestabilizar el ecosistema a nivel planetario.

En el Mercosur, más allá de las diferencias y asimetrías que presentan los diferentes países que integran el bloque, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, estos han manifestado unanimidad política en su apoyo.

Brasil apuesta al aumento de sus exportaciones agrícolas e industriales en USD 7.000 millones en el corto y mediano plazo. Argentina piensa diversificar sus mercados y atraer inversiones. Para los sectores agrícolas y agroindustriales de la región la eliminación de aranceles europeos para productos como carnes, soja y café son una gran oportunidad; mientras que los sectores industriales esperan acceder a tecnología y capital europeo.

Milei catalogó al acuerdo como “el logro más importante de la historia del Mercosur”, al tiempo que remarcaba, “La Argentina no se detiene en este acuerdo. Tenemos que ser más dinámicos y acelerar con una economía global. Argentina continuará impulsando nuevas iniciativas comerciales con todos aquellos socios que compartan una visión de apertura de mercado y libertad”

El presidente Santiago Peña de Paraguay expresó que Europa y Sudamérica “deben unirse para mostrar un camino diferente en un mundo complejo, inestable, peligroso”. “Necesitamos un futuro que reúna lo mejor de la cultura europea con lo mejor de la sudamericana para generar una nueva síntesis. Más integración, más cooperación, más fraternidad y, sobre todo, más humanidad”

Úrsula von der Leyen, líder de la Comisión Europea subrayó que el acuerdo sirve para consolidar la posición de Europa como principal inversor extranjero en la región, beneficiando a 60.000 empresas de ese continente; también subrayó el carácter geopolítico de la asociación entre ambos bloques. “Estamos creando una plataforma para trabajar en una serie de temas globales, desde proteger nuestro valioso entorno natural hasta proponer una competitividad mucho más dinámica y desatarla para la reforma de las instituciones globales; uniremos fuerzas como nunca antes”.

El acuerdo Mercosur–Unión Europea permitiría al Mercosur acceder a un mercado de alto poder adquisitivo, impulsando principalmente las exportaciones agroindustriales, mineras y de manufacturas vinculadas al agro. Para la Unión Europea, fortalecería su presencia en América del Sur, diversificaría proveedores estratégicos y reduciría costos comerciales, con un ahorro anual estimado de hasta 4.000 millones de euros, además de un posible aumento de la inversión europea en la región.

Para la Unión Europea, el tratado sirve para reducir la dependencia de Asia y reforzar su influencia en América del Sur; para Mercosur podrá diversificar alianzas, reducir la dependencia de China y reposicionarse como actor relevante en el comercio global.

Hay que entender que los datos y la dinámica del acuerdo que todavía esta por refrendarse mediante la discusión en los distintos parlamentos puede significar un pacto que perpetúa estructuras comerciales desiguales.

La mayoría de los gobiernos socios en este acuerdo responden a una política de libre mercado que favorece a los sectores económicos concentrados que se manejan entre la exportación de materias primas y la importación de servicios y productos manufacturados, de esta manera el acuerdo Mercosur-UE se centra en la liberalización comercial bilateral, buscando integrar dos grandes bloques económicos para fortalecer su posición en el comercio internacional.

Al mismo tiempo, puede verse como un plan para fortalecer la disputa entre Europa y China en la región para aumentar la influencia de UE en América del Sur, en un contexto en el que China ha fortalecido sus lazos comerciales y de inversión siendo China el principal socio comercial de varios países de Mercosur, pensando que con el acuerdo la UE podría cambiar las dinámicas comerciales existentes.

El Mercosur se caracteriza por una fuerte asimetría económica y política entre sus miembros, donde Brasil y Argentina concentran mayor poder productivo y de decisión frente a economías más pequeñas como Paraguay y Uruguay, lo que se traduce en beneficios desiguales del proceso de integración; si bien existen instrumentos compensatorios como el FOCEM y la integración productiva regional, estos no eliminan completamente las brechas estructurales.

En el plano político, la diversidad de orientaciones ideológicas y de agendas nacionales genera tensiones sobre el rumbo del bloque, aunque el sistema de consenso y los principios democráticos buscan garantizar cierta equidad institucional.

Estas desigualdades y tensiones son marcadas con claridad en las posturas críticas de la izquierda y los sectores nacionalistas tanto en el Mercosur como en la Unión Europea por el acuerdo firmado este fin de semana.

En el predominan los cuestionamientos por el riesgo de profundizar la primarización económica, la desindustrialización, la pérdida de empleos, el daño ambiental y la afectación de derechos sociales e indígenas, así como por la falta de debate democrático y el posible incumplimiento de estándares sociales y ambientales, lo que evidencia que el acuerdo no solo es un tema comercial, sino también político, social y ambiental, atravesado por relaciones de poder desiguales entre países y regiones.

El mantenimiento del dólar y el euro como monedas predominantes en las transacciones, favorece la dependencia específicamente de Estados Unidos, desalentando una tendencia en crecimiento en el sur global hacia la desdolarización.

El acuerdo pone el acento en beneficiar principalmente a las grandes corporaciones y de la mano de los liberales liquidadores del Estado, van a volver a repetir la vieja formula que expresa números positivos en la macroeconomía a costa de la miseria y el sufrimiento del pueblo.

Fuente: PIA Global/Oscar Rotundo

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