Italia y el nuevo autoritarismo en Europa: cuando la tragedia se vuelve rutina
Del neofascismo silencioso en Italia al eco de Javier Milei en Argentina, Europa normaliza la dureza política mientras la memoria histórica pierde fuerza frente a la gestión del miedo y la crisis migratoria.
Italia se convierte hoy en un espejo incómodo del avance del neofascismo y el autoritarismo en Europa. Mientras crecen la crisis migratoria, la retórica securitaria y los liderazgos de extrema derecha —con paralelos visibles en la Argentina de Javier Milei—, la tragedia social deja de interrumpir el orden cotidiano y pasa a formar parte de la gestión política. En un continente marcado por la memoria del fascismo, el verdadero cambio no es el ruido del poder, sino su normalización.
Desde Italia: cuando la tragedia deja de interrumpir
Italia es un buen lugar para observar cómo una sociedad aprende a no detenerse. No porque aquí falten dramas, sino porque se ha perfeccionado el arte de convivir con ellos sin que alteren el ritmo del día.
Las noticias enumeran muertos, expulsados, descartados, con la misma cadencia con que anuncian el tráfico o el clima.
Todo sigue. Eso es lo inquietante.
Europa está entrando en una fase que en América Latina resulta familiar: cuando el poder ya no necesita justificarse, solo repetirse.
No hay golpes ni grandes gestos. Hay continuidad.
Y en esa continuidad, la tragedia empieza a parecer un componente más del paisaje.
No es casual que vuelva a escucharse “Construção”, de Chico Buarque. No como pieza histórica, sino como diagnóstico vigente. La canción describe una vida que se extingue sin producir escándalo, apenas una molestia funcional. El cuerpo cae y lo verdaderamente urgente es que nada se interrumpa.
Esa lógica —la de la tragedia que estorba— es la que hoy se normaliza.
En Italia, el neofascismo no se presenta como ruptura, sino como gestión de lo que se declara inevitable.
No vocifera, no necesita símbolos antiguos. Administra. Decide.
Define qué vidas merecen protección y cuáles pueden quedar expuestas sin que eso sea llamado violencia. El lenguaje es correcto; los efectos, no.
Este desplazamiento no es exclusivo de Italia.
El Reino Unido lo muestra en su política migratoria, Francia en su obsesión securitaria, el norte de Europa en una frialdad cada vez menos disimulada.
El dato inquietante es que la memoria histórica no actúa como freno, sino como ceremonia: se recuerda el pasado sin permitirle incomodar el presente.
América Latina se reconoce antes estos procesos porque ya atravesó ese aprendizaje forzado: primero se relativiza el daño, luego se ridiculiza la compasión, finalmente se convierte la dureza en prueba de lucidez.
Javier Milei en Argentina no es una rareza extravagante. Es un síntoma.
Un tipo de liderazgo que no promete bienestar, sino resistencia al daño; que no oculta el costo humano, sino que lo exhibe como virtud.
No gobierna a pesar de la crueldad, sino desde ella.
Ese modelo empieza a encontrar eco en Europa.
Porque ofrece algo seductor en tiempos de fatiga: la posibilidad de no sentir, de mirar el sufrimiento como dato y no como vínculo, de aceptar que algunos queden al margen —o debajo— sin que eso obligue a revisar nada.
Por eso “Construção” incomoda.
Porque recuerda que incluso el gesto más pequeño —besar como si fuera la última vez— contiene una humanidad que el sistema necesita borrar para seguir funcionando sin fricciones.
La canción no denuncia a un tirano; denuncia algo más perturbador: una sociedad entrenada para no detenerse.
Cuando los de abajo cantan a coro no anuncian una victoria. Hacen algo más básico: señalan que esto no es normal, aunque se lo repita hasta el cansancio. Cantar es una interrupción mínima, pero decisiva, en una maquinaria que exige continuidad absoluta.
Italia hoy no vive una dictadura. Vive algo más difícil de nombrar y de combatir: una calma endurecida, donde el daño se acepta siempre que no altere el orden del día, donde el autoritarismo no necesita imponerse porque ya fue incorporado a la rutina.
Chico Buarque escribió “Construção” cuando el poder debía esconderse.
Hoy la canción vuelve porque el poder ya no se esconde. Se explica. Se justifica. Se presenta como madurez.
La pregunta no es si Europa entenderá lo que está pasando.
La pregunta es cuántas caídas más serán necesarias antes de que vuelva a resultar intolerable
que un cuerpo en el suelo sea apenas un inconveniente que conviene sortear.
Escucha la canción de Chico Buarque “Construção” – https://www.facebook.com/share/p/1DSXbSeUy3/

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