De Orwell a Thiel: El implacable crecimiento de Palantir

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George Orwell publicó 1984 en 1949 como una advertencia contra el totalitarismo. Su Gran Hermano —el líder omnisciente del Partido— representaba la pesadilla de un poder centralizado que todo lo vigila, todo lo controla y reescribe la verdad a su antojo. Setenta y siete años después, la profecía orwelliana no se ha cumplido exactamente como se imaginó, sino que ha mutado en algo quizás más siniestro: el poder ya no reside en un Estado totalitario visible, sino en una constelación de corporaciones tecnológicas que, al servicio del imperialismo estadounidense, las grandes corporaciones y el sionismo, han construido la infraestructura de un nuevo orden de vigilancia global. En el centro de este entramado se encuentra Palantir Technologies.

Fundada en 2003 por el multimillonario reaccionario Peter Thiel —uno de los principales artífices del ascenso de la derecha tecnológica en Estados Unidos— y dirigida por el abiertamente sionista Alex Karp, Palantir no es una empresa tecnológica convencional. Es, como han señalado críticos y analistas, un «frente digital» que conecta a Silicon Valley con la CIA, la NSA, el Mossad y el ejército israelí. Su nombre, tomado del folklore de El Señor de los Anillos —una «piedra vidente» que todo lo ve—, no podría ser más apropiado.

 

El Gran Hermano corporativo: cuando Orwell se privatiza

En 1984, el poder de vigilancia era ejercido por un Estado totalitario. Los «telepantallas» emitían la inconfundible voz del Gran Hermano. Pero como señala el periodista Olivier Tesquet, «la figura de Big Brother se ha convertido en una pantalla más que en una herramienta crítica. Supone un poder centralizado, visible, encarnado por un Estado totalitario. Sin embargo, la vigilancia contemporánea es mucho más difusa, ampliamente privatizada, y raramente asumida como un proyecto político».

Esa es la gran diferencia y, a la vez, la gran traición a la advertencia orwelliana: el monstruo no es el Estado, sino la alianza entre el Estado y el capital tecnológico. Palantir encarna perfectamente esta simbiosis. Sus plataformas —Gotham, el «sistema operativo para la toma de decisiones global» usado por gobiernos, y Foundry, utilizado por corporaciones— permiten a las agencias gubernamentales conectar conjuntos de datos vastos y dispares, construir perfiles de inteligencia y buscar individuos basándose en características tan granulares como un tatuaje o un estatus migratorio.

 

El exsecretario de Trabajo de Estados Unidos, Robert Reich, ha descrito a Palantir como una «amenaza grave» para los estadounidenses, señalando que la empresa vende «una plataforma basada en IA que permite a sus usuarios, entre ellos agencias militares y policiales, analizar datos personales, incluyendo perfiles de redes sociales, información personal y características físicas, para identificar y vigilar individuos».

Lo que Orwell imaginó como el aparato de un partido único, hoy es un negocio lucrativo. Palantir ha ganado más de 2.700 millones de dólares en contratos de defensa desde 2008, incluyendo un contrato de 10.000 millones con el Ejército de Estados Unidos. Su facturación creció un 93% interanual en el segundo trimestre de 2026, alcanzando los 1.940 millones de dólares. El negocio de la vigilancia es, simplemente, extraordinariamente rentable.

 

La máquina de guerra del imperialismo

En 1984, la guerra perpetua servía para mantener el control social y consumir los excedentes productivos. En el mundo de Palantir, la guerra es un campo de pruebas y un motor de negocio. La empresa ha sido el contratista high-tech privilegiado del gobierno de Trump, expandiendo significativamente sus contratos con agencias de espionaje, vigilancia, inteligencia y el ejército estadounidense.

Su trabajo más emblemático es el Proyecto Maven —el sistema de selección de objetivos del Pentágono impulsado por IA—, que se ha utilizado para identificar blancos en conflictos globales. El Maven Smart System, operado a través de Palantir, es descrito como «un arma de guerra para acelerar el proceso de identificar blancos de guerra». No es una herramienta neutral: es un instrumento de muerte al servicio de la supremacía militar estadounidense.

El propio CEO de Palantir, Alex Karp, ha expresado el compromiso de la empresa de «garantizar la supremacía militar de Estados Unidos y sus aliados, utilizando IA para asegurarla». Palantir no solo vende software; vende una visión del mundo en la que el «poder duro» es el horizonte civilizatorio y Silicon Valley debe subordinarse a las necesidades estratégicas del Estado militar norteamericano.

 

El sionismo como eje estratégico

Quizás el aspecto más perturbador del entramado de Palantir es su profunda vinculación con el Estado de Israel y el proyecto sionista. No es una asociación secundaria o casual: es estructural.

En enero de 2024, Palantir anunció una alianza estratégica con el Ministerio de Defensa de Israel para proporcionar tecnología en «misiones relacionadas con la guerra». Desde entonces, su software ha sido utilizado por el ejército israelí para generar listas de blancos militares, combinando comunicaciones interceptadas, imágenes satelitales y otros datos. Organizaciones de derechos humanos han documentado cómo la infraestructura tecnológica de Palantir se ha utilizado en sistemas israelíes de IA como «Lavender» y «Where’s Daddy» para atacar objetivos en Gaza.

Alex Karp, el CEO, es descrito como «abiertamente sionista». Bajo su liderazgo, Palantir ha colaborado con el gobierno de Trump para «amalgamar todos los archivos digitales de los ciudadanos en una sola base de datos para facilitar la vigilancia masiva y un sistema de predicción de comportamiento para la acción policial preventiva». Esta tecnología, según denuncias, está detrás de las deportaciones masivas del ICE, el programa de drones automatizados del Pentágono y los ataques del ejército israelí contra Gaza.

El analista Enrique Chaparro ha señalado que «todas las empresas israelíes derivan del aparato militar, más precisamente de la Unidad 8200 (el área de ciberguerra del Estado de Israel)». Palantir ha reclutado activamente a exmiembros de esta unidad de élite. La conexión entre Silicon Valley, el complejo militar-industrial estadounidense y el sionismo israelí no es un accidente: es el núcleo del modelo de negocio de Palantir.

 

La reescritura de la realidad: más allá de la vigilancia

Orwell entendió que el poder totalitario no se basa solo en la vigilancia, sino en el control del lenguaje, la memoria y la verdad. Palantir va más allá de la mera observación: redefine la realidad.

Como ha señalado Robert Reich, el palantír de Tolkien era «una piedra vidente que puede usarse para distorsionar la verdad y presentar visiones selectivas de la realidad». Palantir Technologies opera de manera similar: su IA no solo analiza datos, sino que construye narrativas, perfiles y «verdades» a partir de ellos. Cuando la empresa trabaja en un «ImmigrationOS» —un sistema operativo que clasifica a los extranjeros— «reescribe el mundo sensible en un lenguaje propietario, donde las trayectorias humanas son reducidas a flujos explotables. Es una verdadera teoría del Estado».

Exempleados de Palantir han advertido que la empresa está «reconfigurando la realidad». La combinación de todos los datos de un individuo en una sola base de datos «crea esencialmente una identificación digital. Y es un poder que la historia dice que eventualmente será abusado», ha advertido el congresista republicano Warren Davidson.

 

El orden de Thiel

Orwell tituló su novela 1984 invirtiendo las cifras del año en que la escribió, 1948, para sugerir que la pesadilla ya estaba en marcha. Setenta y siete años después, la pesadilla no es la de un Gran Hermano estatal, sino la de un orden corporativo-tecnológico que funde los intereses del imperialismo estadounidense, las grandes corporaciones y el sionismo en un solo aparato de vigilancia, control y eliminación de poblaciones consideradas «redundantes».

Peter Thiel, el cofundador de Palantir, ha declarado abiertamente que «la libertad y la democracia ya no son compatibles» y ha sugerido que la tecnología puede reemplazar a la política como mecanismo de transformación social, permitiendo cambios unilaterales sin necesidad de consenso democrático. Esta no es una postura marginal: es la ideología que impulsa a una de las empresas tecnológicas más poderosas del mundo.

Palantir no es un simple contratista. Es la arquitectura de un nuevo orden mundial. Es, en palabras de sus críticos, «un frente digital para el establecimiento militar y de inteligencia estadounidense e israelí». Es la materialización de una pesadilla orwelliana, pero con un giro siniestro: el Gran Hermano ya no es un líder supremo, sino un ecosistema de corporaciones que, al servicio del capital y el imperio, han hecho de la vigilancia el negocio más lucrativo del siglo XXI.

De Orwell a Thiel, de la ficción distópica a la realidad corporativa, el inexorable crecimiento de Palantir nos confronta con una pregunta incómoda: ¿estamos ante el fin de la vigilancia de Big Brother o ante el nacimiento de algo mucho más poderoso y mucho menos controlable?

Fuente: Elkin Mateus

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