El doble entreguismo
Estamos ante una creciente militarización del mundo, el informe número 65 de Military Balance realizado por el británico Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) —y publicado en febrero del 2024— deja claro que, una vez más y de manera consecutiva, el gasto militar mundial aumentó en un 9% interanual. En 2023 ya había alcanzado los 2.2 billones de dólares.
El gasto en defensa de los Estados miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) aumentó un 50% del total mundial, sin incluir a Estados Unidos. Una desproporción en términos económicos y un aumento irracional de la capacidad de destrucción concentrada en una alianza militar cuyos Estados tan sólo representan la octava parte de la población mundial.
Rusia gasta ahora un 7,5% de su PIB en el ejército y proyecta seguir ascendiendo. China, por su parte, mantiene una inversión militar del 2%; teniendo en cuenta que ya venía en un plan a largo plazo de modernización militar, diseñado para crear un ejército de “talla mundial” más autónomo, cuyos desarrollos dependieran menos de la tecnología extranjera.
Por su parte, Japón, Corea del Sur también han aumentado considerablemente su gasto militar. Indudablemente EE. UU. sigue siendo de lejos, el país que más gasta en armamento en el mundo.
“Vale decir que EE. UU. mantiene unas 800 bases militares fuera de su territorio, de las cuales 76 operan en Latinoamérica y el Caribe.”
Para leer más sobre el gasto de Corea del Sur, en materia de defensa
Estamos ante una creciente militarización del mundo, el informe número 65 de Military Balance realizado por el británico Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) —y publicado en febrero del 2024— deja claro que, una vez más y de manera consecutiva, el gasto militar mundial aumentó en un 9% interanual. En 2023 ya había alcanzado los 2.2 billones de dólares.
El gasto en defensa de los Estados miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) aumentó un 50% del total mundial, sin incluir a Estados Unidos. Una desproporción en términos económicos y un aumento irracional de la capacidad de destrucción concentrada en una alianza militar cuyos Estados tan sólo representan la octava parte de la población mundial.
Rusia gasta ahora un 7,5% de su PIB en el ejército y proyecta seguir ascendiendo. China, por su parte, mantiene una inversión militar del 2%; teniendo en cuenta que ya venía en un plan a largo plazo de modernización militar, diseñado para crear un ejército de “talla mundial” más autónomo, cuyos desarrollos dependieran menos de la tecnología extranjera.
Por su parte, Japón, Corea del Sur también han aumentado considerablemente su gasto militar. Indudablemente EE. UU. sigue siendo de lejos, el país que más gasta en armamento en el mundo.
“Vale decir que EE. UU. mantiene unas 800 bases militares fuera de su territorio, de las cuales 76 operan en Latinoamérica y el Caribe.”
Para leer más sobre el gasto de Corea del Sur, en materia de defensa
En Latinoamérica se vive una situación similar. El Comando Sur, como es su costumbre, ha afianzado su presencia en lo que consideran “su patio trasero” en las lógicas de la Doctrina Monroe.
En América Latina, Estados Unidos con las visitas en los últimos años del Secretario de Estado Antony Blinken y de las recientes de Laura Richardson, a la cabeza del Comando Sur, busca mantener su debilitada hegemonía.
Vale decir que EE. UU. mantiene unas 800 bases militares fuera de su territorio, de las cuales 76 operan en Latinoamérica y el Caribe.
Con estas visitas y acuerdos con Ecuador se borró, de un plumazo, el principio de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), proclamado en el 2014, de convertir a la región en Zona de Paz.
Colombia, años tras años, ha sido el país receptor de la mayor asistencia militar de EE. UU. en América Latina, en el actual mandato de Biden ha sido superado por Ecuador.
Igual que Colombia, Ecuador ha firmado acuerdos con los Estados Unidos que permiten a la Fuerza Aérea de EE. UU. usar los aeropuertos en territorio ecuatoriano, sobre todo en las islas Galápagos y San Cristóbal con la pretensión de “combatir el narcotráfico”.
Leer acá para recordarla controversia sobre una base militar en Galápagos
Ecuador también retomó los programas de formación de sus militares en los EE.UU. reviviendo lo acontecido en la Escuela de las Américas, y pasando por encima de las recomendaciones de la comisión de la verdad de Ecuador 2010 titulada: “sin verdad, no hay justicia”, donde se señalaba la importancia de no autorizar la formación de sus militares en escuelas que tengan antecedentes en la enseñanza de prácticas contraria a la de los derechos humanos.
Vale recordar que, en tiempos del Gobierno de Correa, en 2009 se decidió no renovar el acuerdo con EE. UU. sobre el uso militar de la Base aérea de Manta; también en 2012 había retirado las tropas del entrenamiento militar en el Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad (WHINSEC, por sus siglas en inglés), antes Escuela de las Américas.
Perú corre la misma suerte. En Colombia, por su entreguismo a EE. UU. desde antes del Plan Colombia, sufre las consecuencias en materia de profundización de la guerra sucia, de la preparación de un ejército base para alimentar el mercenarismo global, de las alianzas y apoyo-conformación del paramilitarismo, de unas Fuerzas Armadas mancilladas por el servicio a los carteles del narcotráfico, de esa relación entre Plan Colombia y aumento de los asesinatos de personas en estado de indefensión, mal llamados «Falsos Positivos», entre múltiples crímenes, no ha sido óbice para que la región caiga en este juego de poder con las nefastas consecuencias para los pueblos, comunidades y la naturaleza misma.
La relación del Estado colombiano con EE. UU. ha condenado a las Fuerzas Armadas a un doble entreguismo: a los intereses de Estados Unidos y a los de las mafias narco-paramilitares. Lógica entreguista que se sigue dando en el actual gobierno, así sea con lenguaje “verde-progresista”.
La Colombia del futuro requiere de unas Fuerzas Armadas que defiendan la nación, al pueblo, los intereses de todos los colombianos, no los de una élite.
Autor: Antonio García

Huele a azufre es una plataforma digital de análisis geopolítico contrahegemónico, que busca visibilizar las voces y los discursos silenciados por el poder mediático.
