Reordenamiento de la región de Asia Occidental

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La reconstrucción de un mapa favorecedor para el estado israelí, es una prioridad del gobierno sionista luego de atravesar diversas insurgencias que comenzaron a deslegitimar sus tratativas ocupacionistas.

La guerra en Gaza ha llegado a un punto de no retorno para la imagen internacional de Tel Aviv: gobiernos del mundo están denunciando públicamente a Israel, a sus líderes. Algunos países como Eslovenia, Italia, Países Bajos y otros miembros de la UE, dejaron de exportarle armas. Incluso su gran aliado Gran Bretaña le ha soltado la mano de forma pública anunciando su posible reconocimiento al Estado Palestino además de vetar su presencia en una próxima feria de armas en Londres (la cual Netanyahu tomó como una “discriminación”).

Por otro lado, el ministro de Asuntos Exteriores de Turkiye, Hakan Fidan, anunció este viernes la decisión de su país de cortar todos los lazos económicos y comerciales, mientras que los representantes otomanos también instaron a suspender a la entidad sionista de la ONU.

Dentro de los territorios ocupados tampoco la situación se encuentra sobre ruedas. La población israelí se encuentra ansiosa por finalizar la situación con Gaza, teme por las represalias de países como Yemen y exigen acciones claves para la liberación de rehenes, hecho que consideran que el gobierno no tiene como prioridad.

Además, la oposición condena diariamente a Netanyahu y a sus tácticas militares desenfrenadas que continúan deteriorando la imagen del estado y de su población, alegando que sus planes son poco contundentes y no consideran las necesidades de sus propias tropas.

Por ello, la acción israelí se sitúa en continuar asentando bases que le aseguren el control regional frente a futuros enfrentamientos.

En Siria

La situación en Damasco ha cambiado completamente desde el derrocamiento de Assad en diciembre de 2024. Siria, que acostumbrada a ser un país antisionista y con un fuerte posicionamiento de no ocupación, cambió su perspectiva con la autoproclamación como presidente de Al Sharaa.

Luego del 8 de diciembre del pasado año, el ejército israelí estableció un control total sobre el Monte Hermón y varias posiciones en el Golán sirio ocupado. Este desplazamiento representa una ocupación más allá de la zona desmilitarizada a lo largo de la frontera entre Israel y Siria que está vigilada por Naciones Unidas desde un acuerdo de alto el fuego firmado en 1974 entre ambos países.

Una carta de jugada que utiliza la entidad sionista es la comunidad drusa, una minoría religiosa que habita los Altos del Golán, y tiene una importante presencia en los territorios ocupados.

Tras las reacciones violentas y sectarias del líder de facto sirio, la comunidad comenzó a sentir amenazada su seguridad, situación que el gobierno judío aprovechó para afianzar sus relaciones a cambio de promesas de seguridad.

Esta semana el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se reunió en Julis (zona de Gaza ocupada) con el líder espiritual de la comunidad drusa en los territorios ocupados, Mowafaq Tarif, y varios líderes de la comunidad. Allí anunció que está preparando un plan para establecer una zona “desmilitarizada” que se extienda desde el Golán sirio ocupado hasta la provincia de Sweida, en el sur de Siria.

Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, reuniéndose con el Jeque Mowafaq Tarif, el líder espiritual de la comunidad drusa. / AP

Según el primer ministro, lo que busca el gobierno es “la protección de la comunidad drusa, el establecimiento de una zona desmilitarizada y la creación de un corredor humanitario que permita la entrega de ayuda”.

Ciertamente, lo que intenta Tel Aviv es debilitar el estado sirio, asegurar la guerra interna para desestabilizar a su población y presentarse como un salvador a los proyectos agitadores que la misma entidad sionista provocó.

Según Charles Lister, responsable de la iniciativa sobre Siria del Middle East Institute, con sede en Washington, Israel ha llevado a cabo algo menos de 1.000 ataques contra Siria y ha ocupado 180 kilómetros cuadrados del país desde diciembre de 2024.

En Yemen

Yemen, a través del movimiento Ansarallah, representa la mayor resistencia activa de la región por fuera de Gaza, en apoyo a Hamas y al genocidio. Su bloqueo marítimo en el Mar Rojo ha logrado contrarrestar el comercio de Israel y Estados Unidos en la zona.
Al mismo tiempo, Estados Unidos atacó desde bases asiáticas diversos puntos de Yemen, lo que llevó a la proclamación de un alto al fuego dispuesto por Trump al ver que la respuesta hutí estaría a la altura de los ataques. Esto le dio ventaja a la imagen yemení como bastión de la resistencia.

Desde el comienzo del apoyo hutí a Gaza, Saná, Hodeidah y otras ciudades yemeníes recibieron ataques israelíes efectuados con la excusa de “detener a los hutíes”, pero lo cierto es que han sido cientas las víctimas civiles que sufrieron las consecuencias.
El ejército yemení ha respondido con importantes ofensivas sobre espacios militares y portuarios en Tel Aviv.

El humo se eleva del aeropuerto de Sana’a tras los ataques aéreos israelíes, en Sana, Yemen. / AHYA ARHAB

En un ataque reciente, el pasado jueves 28 de agosto, el primer ministro, Ghalib al Rahawi, fue asesinado en Saná por el ejército israelí. El primer ministro representaba al movimiento Ansarallah y dirigía el país en los espacios controlados por los hutíes.

El magnicidio apuntado directamente a la cúpula gubernamental, podría tener fuertes repercusiones en las acciones del ejército. Representa un hecho clave en cómo la entidad sionista busca detener los movimientos de antioccidentales, asesinando a los líderes del Eje de la Resistencia como lo ha hecho con Mohammed Sinwar e Ismail Haniya de Hamas y Hassan Nasrallah de Hezbollah.

El líder de Ansarallah, Sayyed Abdul Malik al-Houthi, había denunciado recientemente que el gobierno israelí actúa con brutalidad y tiranía, y acusó a Estados Unidos y a varios gobiernos occidentales de ser cómplices de un genocidio planificado contra el pueblo palestino.

Y resulta que el pueblo yemení no es una comunidad que se someta. En los últimos meses se han realizado importantes marchas en diferentes puntos del país, y este fin de semana se realizó una de más de un millón de personas en su capital, Saná, que se reprodujo en otros distritos.

En el Líbano

Las maniobras occidentales han logrado socavar la política libanesa con mucha soltura. Luego de impulsar la elección de Joseph Aoun como presidente, quien tuvo el poder de designar al mismo tiempo al primer ministro, Washington y Tel Aviv comenzaron a maniobrar las relaciones diplomáticas libanesas a su favor.

Luego de proponer un plan de desarme para Hezbollah y que el gobierno libanés lo aprobara, pudieron concretar una retórica en la que la imagen del estado se viera involucrada a su favor, y le diera de cierta forma, luz verde para controlar la Resistencia.

Sin embargo Hezbollah ha sabido reconstruirse y cuenta con un importante apoyo del pueblo libanés. Aún no se sabe cómo continuará esta cuestión.

Trump y Netanyahu, en su misma misión de control, lograron que la presencia de Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano fuera prorrogada hasta 2026, a pesar de que el presidente libanés asegurara la necesidad de su continuidad.

Estados Unidos presionó en la reunión del Consejo de la ONU para que la misión de los Cascos Azules, grupo organizado por la misma agencia que integra Washington, terminara sus funciones en el sur del Líbano, espacio que, junto con Israel, busca controlar. Si Hezbollah se desarma y desocupa esos territorios, la alianza prosionista necesita vía libre de la ONU para ejercer sus acciones libremente y sin obstáculos.

 

Fuente: PIA Global/Gianna Rosciolesi

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