A medida que resurgen los archivos del Caso Epstein, aumentan las preguntas sobre los vínculos de Trump con el financiero caído en desgracia, y si los israelíes podrían aprovechar las consecuencias.
Dada la gravedad de las nuevas pruebas sobre los vínculos del presidente estadounidense Donald Trump con el infame Jeffrey Epstein, se plantean numerosas preguntas sobre las implicaciones de este caso en la conducta del líder estadounidense. Preocupa especialmente si los israelíes influyen de alguna manera en este asunto en Washington.
Aunque las recientes y trascendentales revelaciones que prueban los tratos de Jeffrey Epstein con el régimen israelí se ignoraron completmente por los medios corporativos occidentales, los hechos son los hechos. Considerados durante mucho tiempo meros «temas de la conspiración», documentos filtrados, obtenidos por el grupo de hackers Handala, prueban que, entre otras afiliaciones, el infame traficante sexual de menores y financista se esforzó por ayudar al ex primer ministro israelí, Ehud Barak, a derrocar al entonces gobierno sirio.
Estos documentos, divulgados únicamente en medios independientes, deberían alertar sobre el alcance de la madriguera israelí. A estas alturas, es evidente que el propio Epstein era un firme partidario del régimen israelí, mantenía estrechos vínculos con él y sus funcionarios, llegó incluso a colaborar en la redacción de artículos de opinión para un ex primer ministro israelí.
Por otro lado, a medida que surge más información sobre la relación de Donald Trump con el infame financista pedófilo,las posibles implicaciones para su papel se vuelven cada vez más graves. Trump, por su parte, decidió restarle importancia a lo largo de este año al asunto de los Archivos Epstein, argumentando que es un «engaño» y atacó a los periodistas cuando se mencionan el tema.
El mandatario también afirmó que los principales culpables en este caso son los demócratas, una acusación que hace cuando no lo califica de «engaño demócrata».
Sin embargo, las habituales maniobras de Trump para culpar a los demócratas no le están dando resultados en este caso, ya que sus bases se oponen a los hechos que siguen saliendo a la luz.
Por ejemplo, en 2024, Trump afirmó que «nunca estuve en el avión de Epstein», aunque esto fue desmentido posteriormente. Más recientemente, se reveló que había estado a bordo del avión del traficante sexual de menores muchas más veces de lo que se creía.
Evidentemente, no hay pruebas suficientes para declarar culpable al presidente estadounidense y encarcelarlo, pero los documentos, como mínimo, plantean nuevas preguntas.
Por ejemplo, recientemente se publicó una carta, escrita a mano por Epstein y dirigida al abusador de menores convicto Larry Nassar, en la que escribió sobre Trump: «Comparte nuestro amor por las jóvenes».
Incluso hubo un documento que alegaba que Trump y Epstein habían violado a una niña. Aunque el Departamento de Justicia (DOJ) restó importancia a la acusación, que se dice data de hace décadas, la imputación se vuelve aún más inquietante ante los informes de que la presunta víctima fue encontrada muerta posteriormente. Si bien no hay forma de fundamentar esta acusación, no pinta bien para el presidente.
Actualmente existen innumerables teorías sobre el caso Trump-Epstein; una de las más populares es que el presidente estadounidense estuvo involucrado en un plan de chantaje. Para esta acusación específica, no existen pruebas documentadas. Sin embargo, es una conclusión lógica.
Como mínimo, seguramente convendría a los intereses israelíes aprovechar la prensa negativa que rodea a los Archivos Epstein para presionar al Presidente a ceder ante más demandas, o incluso utilizar el tema como cobertura mediática para sus propias acciones agresivas.
Aunque esta teoría no está probada actualmente, si la inteligencia israelí, o incluso la estadounidense, tuviera conocimiento de los Archivos Epstein o hubiera logrado recopilar material incriminatorio del traficante sexual de menores proisraelí, sin duda estarían dispuestos a usar esa información en su beneficio.
En el peor de los casos, si las teorías sobre Epstein como agente del Mossad, utilizado para chantajear a personas influyentes, fueran ciertas, significaría que Estados Unidos se encontraría en serios problemas.
Dejando a un lado las teorías sin demostrar, la evidencia es ciertamente impactante y evidente que Epstein sí tenía vínculos con israelíes, mientras que la campaña de Trump fue financiada por una élite de multimillonarios sionistas, incluyendo a la infame Miriam Adelson. En menos de un año, Trump ya había bombardeado Irán, librado una pequeña guerra contra Yemen, reprimido el derecho de su propio pueblo a la Primera Enmienda, al tiempo que implementaba una visión para Gaza que lo convierte en el dictador de facto allí y utiliza a las fuerzas estadounidenses para hacer el trabajo sucio de los israelíes.
En todo caso, Donald Trump ha demostrado ser un presidente extremadamente débil, fácilmente subyugado, por lo que, incluso sin los Archivos Epstein, ha estado dispuesto a desechar la Constitución estadounidense y el derecho internacional. Todo esto plantea la pregunta de si los israelíes podrán instrumentalizar eficazmente la debacle de Epstein a su favor y obtener sus demandas.
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