Trump busca encubrir su fracaso al no confrontar exitosamente a Irán y su incapacidad incluso para reabrir el estrecho de Ormuz.
El bloqueo económico y político estadounidense contra Cuba ha durado más de sesenta y cinco años. Durante la presidencia de John F. Kennedy, Estados Unidos armó a miles de contrarrevolucionarios y mercenarios cubanos para aplastar la joven Revolución Cubana. Esto condujo a la invasión por Playa Girón (19 de abril de 1961), que resultó en la derrota de los agresores. El bloqueo se aplicó y estalló la Crisis de los Misiles de Cuba entre Estados Unidos y la Unión Soviética, bajo el mandato de Jrushchov.
La Revolución Cubana continuó bajo el liderazgo de Fidel Castro, Che Guevara, Raúl Castro y otros dirigentes jóvenes. Tras más de medio siglo, el presidente estadounidense Barack Obama reconoció el fracaso de la política estadounidense hacia Cuba, tuvo que liberar los cinco héroes cubanos, aliviar algunas medidas coercitivas, y decidió abrirse a la isla. Visitó La Habana y se reunió con el entonces presidente cubano General Raúl Castro.
Cuando Trump llegó a la Casa Blanca, su objetivo era revertir la apertura de Obama hacia Cuba, retractarse del acuerdo nuclear con Irán y de la Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA), conocida comúnmente como «Obamacare». Es bien sabido que Trump detesta la palabra «socialismo», el sistema socialista, los pobres, los trabajadores y la justicia social.
Tras secuestrar al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa la diputada Cilia Flores, y habiendo consolidado su control sobre el petróleo venezolano, Trump ha amenazado a Cuba con la invasión y la ocupación, afirmando que podrían ocupar la isla en cuestión de horas. Y ahora Trump intensificó sus amenazas hasta tal punto que una invasión parece inminente, tras meses de cerco petrolero.
Cuba, por su parte, ha elevado su nivel de preparación ante una posible confrontación, tanto a nivel oficial como popular. Respondió con manifestaciones populares masivas y las firmas por la Patria que superaron los seis millones de ciudadanos listos y dispuestos a defender la Patria, encabezados por el presidente Miguel Díaz-Canel y el líder de la Revolución, Raúl Castro, que igualmente marcharon coreando consignas como «Patria o muerte, Venceremos», «Un pueblo unido jamás será vencido», «Aquí no se rinde nadie» y «Cuba SÍ, yanquis NO», entre otras. Una marcha por el Día Internacional de los Trabajadores, el 1 de mayo, desfiló frente a la embajada de Estados Unidos en La Habana.
Por supuesto, las amenazas de invasión y ocupación de Cuba por parte de Trump deben tomarse en serio. Busca encubrir su fracaso al no confrontar exitosamente a Irán y su incapacidad incluso para reabrir el estrecho de Ormuz. Esta mentalidad está arraigada en la administración estadounidense y entre quienes llegaron al poder gracias al apoyo de las gigantescas petroleras, la Industria armamentísticas y conglomerados mediáticos.
En 1984, la resistencia libanesa se enfrentó a la presencia estadounidense, que había llegado al frente de una fuerza multinacional tras la invasión israelí de Líbano en 1982. Estados Unidos y su flota se retiraron de Líbano, llevándose consigo los cuerpos de 243 oficiales y soldados de los marines. El presidente Ronald Reagan invadió entonces precipitadamente Granada, una de las islas más pequeñas del Caribe, asesinando a su joven presidente, Maurice Bishop, y ocupando la isla, cuyo ejército contaba con apenas mil soldados, en un intento por encubrir su fracaso y derrota en Líbano.
Hoy en día, no es inconcebible que Trump emprenda una acción temeraria contra Cuba para desmantelar su sistema socialista y devolverla a su estado prerrevolucionario —un centro turístico, clubes nocturnos y casinos para estadounidenses adinerados— y saquear sus recursos económicos, tampoco debemos olvidar la persistente mentalidad anexionista hacia Cuba entre los líderes de la Casa Blanca desde la época del presidente John Quincy Adams, quien acuñó la teoría de la «manzana madura» o «Ripe Fruit» theory (1823) sobre Cuba, la cual sostenía que, debido a las «leyes de la gravitación política», una Cuba débil, bajo dominio español, caería inevitablemente en manos de Estados Unidos como una manzana madura, haciendo inevitable la anexión. Adams creía que la proximidad de Cuba la convertía en una incorporación natural a la Unión Americana.
Trump, el empresario narcisista y sin escrúpulos, esclavo del dinero y la riqueza, ni lee la historia de las naciones ni comprende sus culturas, valores y ética. Para él, todo se reduce a cifras financieras y piezas de ajedrez. El presidente estadounidense debe comprender que el pueblo cubano está unido y comparte una misma cultura. Son descendientes de José Martí y Antonio Maceo, hijos de Fidel Castro, Che Guevara, Raúl Castro, Camilo Cienfuegos, Juan Almeida, Frank País, Celia Sánchez, Vilma Espín, Melba Hernández y muchos otros. El pueblo cubano es hijo de la revolución socialista que transformó Cuba, de un casino de entretenimiento para estadounidenses adinerados, en una nación que lideró dos veces el Movimiento de Países No Alineados, resistió y combatió contra el apartheid en Sudáfrica y, a pesar de sus recursos limitados, se ubicó en el puesto 17 a nivel mundial en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas. Cuba se ha convertido en un modelo global para combatir el analfabetismo y fomentar la solidaridad entre las naciones. Mientras Estados Unidos envía su ejército, flotas y armamento avanzado para guerras, intervenciones y genocidio, Cuba envía ejércitos de médicos voluntarios para combatir enfermedades mortales y epidemias, en cualquier país del mundo, incluyendo naciones desarrolladas e incluso a Estados Unidos enviaría sus médicos, si Washington los aceptara.
Este pueblo unido, internacionalista y patriota luchará en legítima defensa contra cualquier agresor que busque invadir y ocupar la isla, y lo hará por su patria, su independencia, su libertad y su lugar en el mundo…
El líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, solía decir: «Será mejor hundirnos en el mar que antes traicionar la gloria que se ha vivido». El lema está listo, y los corazones a su alrededor rebosan de patriotismo, dispuestos a defenderlo.
Cuba no está ni estará sola: Patria o muerte… ¡Venceremos!

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