¡Alemania se rearma! (Y echa la culpa a Rusia)

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El ministro de Defensa alemán declaró recientemente que la Bundeswehr debe convertirse «en el ejército convencional más fuerte de Europa». Según Boris Pistorius, el país está «ante un cambio de paradigma» en el que «la paz ya no puede darse por sentada». Ah, Alemania viéndose a sí misma como nación garante de la paz. Para que después digan que los alemanes no tienen sentido del humor.

Por supuesto, para el Gobierno de Merz, la responsable de este resurgir de los ánimos belicosos en Berlín no podía ser otra que Moscú, y en los documentos relativos a la nueva estrategia defensiva alemana (con perdón del oxímoron) se apunta abiertamente a Rusia como «la mayor y más inmediata amenaza» contra la seguridad de Alemania en particular y de la OTAN en general.

Es decir, otra vez el cuento de «que viene el lobo, que viene el lobo«, pero con un giro de guion: en lugar del joven pastor Pedro gritando la amenazante frase, esta vez el que da la alarma es el propio lobo.

Un propósito caro

Para conseguir convertirse en el ejército más fuerte de Europa, Alemania ha decidido ponerse manos a la guerra, perdón, a la obra. Por lo pronto, se reformó la ley de servicio militar, de cara a elevar las tasas de reclutamiento hasta un ritmo de unos casi 10.000 nuevos reclutas anuales.

Aunque, de momento, los alemanes no utilizan el tan ‘europeísta’ método de sus aliados ucranianos (el de cazar hombres por las calles y movilizarlos por la fuerza), sí se decretó la obligatoriedad de hacerse exámenes médicos, justificar las salidas al exterior por más de tres meses e inscripción en una lista a los hombres en edad militar, además de una serie de incentivos sociales y fiscales de cara a lograr su inscripción voluntaria. De no alcanzar los objetivos de reclutamiento con esa estrategia, se retomaría el servicio militar obligatorio de tiempos pasados. Y pensar que la idea era europeizar Ucrania, no ucrainizar Europa Occidental.

Por supuesto, prepararse para la Tercera Guerra Mundial no es sencillo ni barato. Mucho menos cuando tienes el recuerdo fresco de haber empezado las dos anteriores y, más que todo, además, el de haber perdido ambas.

La experiencia histórica nos demuestra que el hecho de que Alemania tenga graves problemas para transportar tanques es una gran noticia para la paz mundial

Para empezar, de cara a engrasar su maquinaria militar, a Alemania le toca un esfuerzo industrial considerable que, para más colmo, debe hacer con los precios de la energía por las nubes. Un círculo vicioso en el que Berlín se metió renunciando a la accesible energía rusa en 2022, para después tratar de armarse contra la supuesta amenaza rusa, ya para cuando el gas y petróleo, en consecuencia, estaban francamente encarecidos.

Para conseguir su objetivo, por un lado, Alemania está inyectando miles de millones de euros en la industria privada, de momento en grandes empresas de transporte y logística, puesto que el país tiene graves limitaciones en puertos, carreteras y vías férreas para el traslado de equipamiento militar.

La experiencia histórica nos demuestra que el hecho de que Alemania tenga graves problemas para transportar tanques es una gran noticia para la paz mundial, pero en Berlín (y en Bruselas) ahora lo ven de otra forma. Sin embargo, la oxidada locomotora de Europa no está como para ir por ahí repartiendo euros despreocupadamente y la guerra futura no se financia sola, de modo que en Berlín trataron de encontrar una solución a este inconveniente y la encontraron recortando masivamente las pensiones y sanidad de los alemanes. O, dicho en otras palabras, de «Estado del bienestar» Alemania estaría a punto de transicionar a «Estado del bienestuvo«.

Desencuentro con Washington

El repentino fervor armamentístico en Alemania se ve, además, espoleado por la, digamos, relación tóxica entre Friedrich Merz y Donald Trump.

El canciller alemán, quien inicialmente apoyó con devoción la agresión estadounidense-israelí contra Irán, comenzó a cambiar de parecer según subían los precios de petróleo y gas, lo que podía provocar que la ya tocada economía alemana se fuera directamente a pique. En ese sentido, Merz llegó a declarar que Irán estaba humillando a EE.UU.

En respuesta a ese desplante, Donald Trump anunció que recortaría la presencia de militares estadounidenses en Alemania.

Es decir, Berlín apoyó una aventura militar de Washington que disparó el precio de la energía con la que Merz pretendía reindustrializar las capacidades armamentísticas alemanas y, no conforme con eso, cuando protestó por la situación, Trump lo castigó con menor presencia de la OTAN, lo que, en conjunto, hace que su urgencia por rearmarse sea todavía mayor y el precio de hacerlo rápido, aún más elevado.

Respecto a la supuesta retirada de tropas estadounidenses, no está de más resaltar que, incluso suponiendo que Trump finalmente retire los 5.000 militares anunciados, Alemania seguiría siendo, de lejos, la nación europea con mayor ocupación, perdón, presencia militar de Washington. Actualmente, casi 36.000 tropas de EE.UU. están estacionadas en la mitad occidental alemana exclusivamente, repartidas en decenas de bases.

¿Quién es la amenaza?

Todo este nuevo devaneo alemán con el belicismo, lógicamente, no dejó indiferente a Moscú, siendo la Unión Soviética quien más lo sufrió durante la Segunda Guerra Mundial. Desde el Kremlin, con preocupación, denunciaron que, guiados por una línea de «rusofobia total«, en su vecindario occidental están empujando a la región entera a una etapa de «confrontación muy dura».

Donde no parecen estar muy preocupados (y, si prestaran algo de atención a las lecciones históricas, deberían) es en Europa Occidental. La gran mayoría de la prensa hegemónica compró el discurso berlinés de «nuevamente nos embarcamos en el militarismo y otra vez es por culpa de Rusia» de forma acrítica o apenas encogiéndose de hombros.

Mención especial a este encabezado de la BBC que cito textualmente: «Cómo la amenaza de Rusia impulsa a Alemania a romper un tabú tras la era nazi para crear la fuerza militar más poderosa de Europa». Es decir, la culpa del rearme de Alemania la tiene Rusia y la nueva escalada armamentística alemana sería apenas romper un tabú, como quien habla de usar o no bikini. En fin.

Como ven, a poco más de 80 años del final de la Segunda Guerra Mundial, lejos de aprender de los errores de la historia, en Europa Occidental no es ya que parezcan condenados a repetirlos, sino que, más que condenados, pareciera que hasta parecen felices de tener la oportunidad de hacerlo.

Fuente: RT/Mirko Casale

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