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Proclama: desde Cali, Co­lombia, para la Patria Grande Latinoamericana y, especial­mente, para nuestra Hermana Venezuela.

Lo que está en juego el próxi­mo 21 de junio, día de la segun­da vuelta electoral para elegir presidencia y vicepresidencia de la República en Colombia, no es poca cosa. No es, ni si­quiera, un asunto interno pro­pio del país, cuyo desenlace podría ocurrir por el camino de la correlación interna de fuerzas en el escenario nodal de las luchas clasistas, a lo que ya está acostumbrada la socie­dad colombiana. No, no es eso. Se trata, simple y llanamente (con todo el cuadro dramático que ello implica), de decidir si Colombia, con una larga y fe­cunda tradición de lucha Anti imperialista, sucumbe ahora ante los embates de la potencia imperial. Así de simple.

El candidato del sionismo Internacional, Abelardo de la Espriella, no tiene la menor tradición ni la más mínima ex­periencia de participación po­lítica en Colombia, a pesar del relativo y transitorio “éxito” que alcanzó en la primera ron­da electoral, este 28 de mayo. Veamos cómo es la cosa.

PRETENDIDOS NUEVOS ADMINISTRADORES MUNDIALES

El momento actual en el conti­nente y el mundo se caracteriza por un lado, por el surgimiento de potencias sur globalistas an­tagónicas, incluyendo en ellas, a los distintos gobiernos alter­nativos que se vienen sucedien­do en el sub continente en los últimos 25 años, lo que condujo a un declive evidente en el Or­den Mundial unipolar; y por el otro lado, en la puesta en esce­na del “proyecto” post huma­no con su “gobierno mundial tecnocratico” y fascista de los 10 conglomerados más grandes del mundo, como se anuncia pomposamente.

En este pretencioso marco decadente y a-histórico, las ins­tituciones surgidas en momen­tos específicos de la historia humana, resultan demasiado amplias en punto a los dere­chos ciudadanos para contener semejante intento de sumisión nunca antes imaginado. El fa­moso Manifiesto de Palantir, así como la “actualizacion” y puesta a tono de la Doctri­na Monroe (América para los Americanos…del norte), simbo­lizan el tipo de superestructura que sería necesaria para esa esclavitud universal de nuevo tipo. Con el quiebre del Orden Mundial y de los distintos mo­delos de Democracia aplicable en cada país, los personajes llamados a “dirigir” ese es­cenario típico de la distopía “1984”, también deben cambiar radicalmente.

Así, las características de los nuevos “administradores” mundiales ya no podrán ser las gentes de la política tradi­cional que, sin importar mucho sus orientaciones ni filiaciones partidistas, han dirigido estos países mal o bien, aunque el re­sultado, antes de la oleada Pro­gresista (Iniciada por Chávez en Venezuela), fuese la pobreza y el atraso de nuestros pueblos, con todas sus secuelas.

Estas personas, con sus in­usitados arrebatos de indepen­dencia, con sus demagógicos llamados (así fuesen fugaces, falsos y electoreros) a la Inde­pendencia, la autonomía y la Libertad Nacionales, ya son piezas de museo, que deben pa­sar al olvido para dar paso al nuevo outsider, arrojado, liber­ticida, dispuesto a entregar a su país al mejor postor, máxime cuando se sabe de antemano quién es tal.

DE ABOGADO DE NARCOS A POLÍTICO

Abelardo de la Espriella no tiene figuración político/so­cial en Colombia, pues nunca ha presidido ninguna Junta Comunal, ni ha estado en un sindicato, ni ha sido candidato a cargo alguno de elección Po­pular. Su fama dimana de otras fuentes, nonc santas como abo­gado pero muy hábil “trepa­dor” que desde siempre supo ir a dónde está “el billete” (su ex­presión favorita), supo codear­se con círculos de Poder legal e ilegal, hasta el punto de que la sociedad entera cuando habla de él se pregunta cómo obtuvo tan abultada fortuna de 40 mil millones de pesos.

Se ha encontrado que sus clientes principales como abo­gado, han sido: a) narcotra­ficantes, con los que intentó hacer aprobar una ley que pro­hibiera su extradición a USA y la legalización de un 10% de su patrimonio ilícito; b)paramili­tares, entroncados con los ante­riores, a quienes trató de hacer pasar como delincuentes políti­cos, cuando las Naciones Uni­das ya los consideraba incursos en delitos de lesa humanidad, y, c) estafadores masivos, como la piramide DMG, que timó a de­cenas de miles de personas con la oferta de ganancias rápidas y fabulosas.

De lo poco que ha dicho este sujeto a la sociedad colombia­na en las tres páginas de su “programa de gobierno”, se destaca: a) dolarizar la econo­mía colombiana; b) reactivar las bases militares gringas existentes en nuestro país (sie­te en total), y, c) aprobar con el dictador un Plan Colombia 2.0, que implica la presencia ilimi­tada de tropas USA en nuestro territorio, a discreción de ellas. Y que más “ofrece”? Las joyas de la Corona, como el fracking “a lo que dé” (es su expresión), la privatización (a favor de las CTN yanquis) de la empresa petrolera, la liquidación de 13 de los 19 Ministerios existentes en el país, el despido de 700 mil empleos estatales, y más y más garantías para el gran capital extranjero.

AMENAZAS BILATERALES

Sería largo enumerar y co­mentar todas las amenazas (eso son sus palabras) que se ciernen sobre Colombia con un “mandatario” de tales cali­dades, pero también contra el vecindario hermano, y princi­palmente contra Venezuela: En el 2016 y ss., cuando Venezuela estuvo a punto de ser invadida por tierra con los auspicios de un auto proclamado, fue la ex­tensa frontera con Colombia el escenario escogido para ello, el Teatro de Guerra ofrecido co­bardemente por el presidente colombiano de turno, el genoci­da Iván Duque, para contribuir al derrocamiento del gobierno Bolivariano y la invasión de Venezuela aprovechando para ello la inestabilidad relativa y transitoria derivada de la situa­ción en la Asamblea Nacional. Duque es hoy uno de los princi­pales apoyos en la campaña de ADLE.

MOVILIZACIÓN MASIVA

Por eso es necesaria la mo­vilización masiva y al unísono para apoyar la candidatura de Iván Cepeda y Aida Quilcúe, cuyo programa es en buena me­dida la continuidad del gobier­no Petro, pero con la corrección de algunos errores en materia de política exterior. Y en este campo, Venezuela es, por ra­zones históricas, por lazos de sangre, aunque también por pragmatismo político, no sólo un aliado, pero mucho más que eso, un país hermano, de cuya suerte estamos y estare­mos pendientes, desde el go­bierno de Cepeda y Aida pero también desde la base social organizada.

Iván, hijo de una gran pareja internacionalista (Yira Castro y Manuel Cepeda), además con la experiencia que nos lega el gobierno de Petro, sabrá mane­jar con tino las relaciones bila­terales, buscando lo mejor para ambos pueblos, y en esta direc­ción tiene en sus manos, desde hace algunos días, el borrador con la propuesta de creación de la Alta Consejería para Vene­zuela, manejada por la base y desde ella, para apoyar en un plano más amplio y diverso la tarea de la cancillería y su Embajada en Caracas.

Fuente: Correo del Orinoco/Manuel Caicedo Paz 

 

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