En Argentina: Inconsistencias de una inédita agresión. II parte

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En Huele a Azufre ofrecemos la segunda entrega del análisis y proyecciones que hace el economista Claudio Katz sobre las primeras semanas de gobierno de Javier Milei, en Argentina, en donde asegura que Milei “Privilegia al capital financiero, apuntala el agronegocio y afecta parcialmente a los industriales” aunque aún “No logra aún retribuciones por su sometimiento a Estados Unidos”.

 

La primacía de los financistas

 

El capital financiero tiene total preeminencia en un gabinete bendecido por el FMI. Los bancos festejan la desregulación de las tarjetas de crédito y la eliminación del tope a los intereses punitorios que pagan sus clientes.

 

Ese protagonismo financiero quedó explicitado, con la emisión de un nuevo bono para saldar la deuda del Estado con los importadores. Ese título (Bopreal) pretende resarcir a las empresas que adquirieron bienes del exterior, sin contar con las divisas que Massa rehuyó entregarles ante la forzosa carencia de reservas. Para remediar ese impago, los adalides de la austeridad fiscal vuelven a endeudar el Estado, con un bono por 30 mil millones de dólares, que cotiza en divisas y ofrece elevados rendimientos.

 

Pero el pasivo alegado para justificar esta nueva deuda pública no está documentado y su envergadura es un enigma. Los importadores proclaman distintas sumas para compensar operaciones muy dudosas. Es evidente que los montos están inflados e incluyen todo tipo de fraudes (autopréstamos con las casas matrices, sobrefacturación de precios de transferencia). 

 

Por simple petición de los capitalistas, el Estado asume nuevamente un compromiso que pagará toda la población. Aunque la estatización de esas deudas privadas no es aún explícita, se están creando las condiciones para ese traspaso.

 

Caputo no solo busca socorrer a sus amigos. También intenta iniciar la paulatina sustitución de la deuda pública en pesos por otra nominada en dólares. Gran parte del pasivo reclamado por los importadores está reciclado en el sistema bancario y quedó atado a la montaña de títulos públicos que acumulan las entidades (Leliqs). El ministro aspira a reconvertir esos papeles en bonos en dólares para priorizar las transacciones en divisas. Sustituiría los dólares frescos que no consiguió en el exterior por títulos estatales nominados en esa moneda.

 

Hasta ahora, el bono que emitió para los importadores no cuenta garantías significativas y tampoco puede ser objeto de litigio en tribunales internacionales. Su emisión es otra aventura del timbero que hundió al país durante la gestión de Macri.

 

Con esa colocación pretende iniciar un lanzamiento general de títulos en divisas, para contraer la masa total de pesos en circulación y dejar abierto un curso de eventual dolarización. Ese desemboque es concebido como coronación del proyecto neoliberal o como un recurso de emergencia, frente a corridas cambiarias o colapsos bancarios. Las señales de esa intención dolarizadora se verifican también en el desaliento a los depósitos en pesos (tasas de interés decrecientes) y en las nuevas normas de contratos en dólares (alquileres) o en sus equivalentes virtuales (bitcoins).

 

Pero Caputo juega con fuego al coquetear con una dolarización sin respaldo. No consiguió hasta ahora el auxilio externo de los fondos de inversión o del FMI, para atenuar el agujero de 10.000 millones en las reservas. Tan sólo espera inflar una burbuja con sus cómplices de la City, hasta que en abril ingresen las divisas de la cosecha.

 

Lo más insólito es el fundamento de su jugada en el saneamiento de las finanzas públicas. Un gobierno que destruye la economía en nombre de reducir el déficit fiscal, está montando un gigantesco agujero en el erario público. Sus voceros omiten que la mitad de los 5,5 puntos del PBI que pretenden recortar corresponde a intereses de la deuda. Ese pasivo volverá a escalar en forma incontrolable con las nuevas andanzas de un endeudador serial, que promete cuidar el gasto público, mientras despilfarra el dinero de todos los argentinos.

 

“Milei apuntala el agronegocio anulando la ley de fuego que limita el extractivismo. Como descree del cambio climático, fomenta la expansión de la frontera sojera a costa de los bosques.”

 

Guiños del agronegocio y la industria

 

Milei inauguró su mandato con la mega devaluación que exigían los exportadores del agro. Ya tenían el dólar soja que les otorgó Massa y ahora obtuvieron la cotización que ambicionan para sus ventas. Ese beneficio es solventado con el empobrecimiento de la población, que sufrió el inmediato traslado a los precios internos de la duplicada cotización del dólar. Nunca el país soportó un encarecimiento tan descontrolado de la comida para engordar a los terratenientes, los contratistas y los comercializadores de granos.

 

Con ese zarpazo comenzó el alineamiento estratégico de las cotizaciones internas de los alimentos y los combustibles con los promedios internacionales. Un territorio inmensamente rico en nutrientes y energía quedará habitado por pobladores subnutridos, que no pueden refrigerar o calefaccionar sus hogares.

 

Lo más chocante de este ajuste es su implementación en un año de cosecha récord, con novedoso excedente energético. Esos lucros serán embolsados por el puñado de privilegiados, que Milei defiende con elogios a la oligarquía que exterminó a los pueblos originarios. De esa devastación surgieron los latifundios que obstruyeron el desarrollo de Argentina.

 

Milei apuntala el agronegocio anulando la ley de fuego que limita el extractivismo. Como descree del cambio climático, fomenta la expansión de la frontera sojera a costa de los bosques. Auspicia esa primarización, promoviendo, además, el pernicioso acuerdo de libre comercio del Mercosur con la Unión Europea.

 

Ese favoritismo hacia el agro no está exento de conflictos, porque Milei es un servidor del capital financiero. Por eso sugirió un incremento de las retenciones, que la agroexportación eludió con maniobras de evasión (anotaron las ventas antes de la sanción de los nuevos impuestos). Paradójicamente, los entusiastas agrarios del ajuste ajeno, están molestos con el corte de las obras públicas que apuntalan sus negocios. 

 

Con el sector industrial Milei afronta mayores tensiones. Su mega devaluación encareció las importaciones de insumos, sin favorecer las exportaciones fabriles. Introdujo, además, un llamativo incremento de los impuestos a esas ventas.

 

Gran parte de las regulaciones anuladas con el mega decreto presidencial, afectan a los regímenes de promoción industrial de las provincias. El anunciado encarecimiento de la energía erosionará la rentabilidad fabril y la abrupta apertura comercial podría generar una invasión de mercancías baratas. Mientras despotrica contra China, Milei crea las condiciones para esa mortífera llegada de importaciones asiáticas.

 

Pero las cúpulas de las Cámaras Industriales apoyan en forma abierta o silenciosa al gobierno por su fomento de la reforma laboral contra los trabajadores y por su aval a la remarcación de precios. Al igual que otras fracciones de la clase capitalista, los industriales privilegian el atropello contra los asalariados a la propia marcha de sus negocios.

 

“El libertario pretende repetir la trayectoria que siguió Yeltsin para destruir la Unión Soviética. Busca imponer una remodelación total de la sociedad, aprovechando el estupor, la pasividad y el rechazo al sistema político.”

 

Tres endebles pilares

 

Milei intenta reconfigurar la Argentina a puro decreto. Sin explicar cuál es la necesidad y la urgencia de modificar 300 leyes, enunció un paquetazo que usurpa las atribuciones del Congreso, avasalla la división de poderes y concentra la suma del poder público. Ha sido el primer tanteo del presidencialismo autoritario, que el libertario adelantó asumiendo la presidencia a espaldas del Parlamento. Ese simbólico ninguneo de los legisladores anticipó el expeditivo uso de la lapicera presidencial.

 

En su debut mezcla las leyes con los decretos como si fueran normas equivalentes. Apuesta a la docilidad de la justicia, al desconcierto de la oposición y al sostén de gobernadores, que facilitaron su captura de las comisiones del Senado. Espera concertar con la derecha peronista la gestación de un segundo menemato.

 

Milei retoma todos los enjuagues de la casta política para dilatar el tratamiento de su mega decreto. Por eso manipula el envío de ese proyecto al Parlamento y socava la formación de la comisión bicameral que tratará el tema. Busca empantanar el tema hasta marzo para imponer la vigencia del decretazo, recordando que el Congreso nunca rechazó un DNU relevante. Si esa maniobra falla, ya anunció que subirá la apuesta con la convocatoria a un plebiscito.

 

El libertario pretende repetir la trayectoria que siguió Yeltsin para destruir la Unión Soviética. Busca imponer una remodelación total de la sociedad, aprovechando el estupor, la pasividad y el rechazo al sistema político.

 

Pero en sus primeras semanas de gestión afronta múltiples adversidades. Los bloques de la oposición debaten estrategias para rechazar un decreto, que en los primeros sondeos es mayoritariamente objetado por la población.

 

Milei espera contrarrestar esa hostilidad con intimidaciones represivas. Es el segundo pilar de su andanada. Desplegó un gran operativo de amenazas para disuadir la realización de marchas opositoras, con un protocolo antipiquete concebido para prohibir las protestas, vulnerando todos los derechos constitucionales. Esa campaña de criminalización incluyó multas millonarias a los organizadores de las movilizaciones (y a otras agrupaciones que ni siquiera participaron de esos actos).

 

El nuevo mandatario se calzó también un patético disfraz de militar, para anunciar en Bahía Blanca que el Estado no puede socorrer a las víctimas de la tormenta. Olvidó esas carencias, cuando dispuso regalar a Ucrania dos helicópteros que se utilizan para emergencias climáticas.

 

El desbocado presidente no oculta su prioridad represiva. Su decretazo incluye fuertes restricciones al derecho de huelga en múltiples actividades. Espera contar con la cobertura de los medios y el sostén de la justicia para esa agresión. Como opción complementaria, imagina la repetición del modelo fujimorista de autoritarismo presidencial, con presencia callejera de la gendarmería. Pero los primeros tanteos de esa provocación han fallado. El protocolo antipiquete quedó anulado de hecho, en las protestas que ignoraron las directivas de Bullrich.

 

Como el dominio de las calles definirá quién gana la partida, Milei construye su tercer pilar en este último terreno. A diferencia de sus pares de otras latitudes, no cuenta con una fuerza derechista propia para confrontar con los sindicatos, los movimientos sociales, el kirchnerismo y la izquierda. Por eso intenta construir esas legiones con los recursos públicos desde el timón del Estado.

 

Su primer ensayo fue la ceremonia de asunción. La acotada masa de concurrentes entonó cánticos a favor del policía, con poco entusiasmo por el ajuste. Los votantes del libertario siguen imaginando que ese sacrificio lo pagará otro. Otro intento de gestar una marcha oficialista, en respuesta al debut de las protestas fue directamente desactivado, ante los indicios de apatía. Muy poca gente quiere vitorear por ahora a un demoledor del nivel vida.

 

Milei tampoco suma alianzas. Sus socios de la derecha esperan resultados antes de adoptar compromisos. El libertario forjó un gabinete con personajes impresentables, que desconocen el funcionamiento del Estado e improvisan directivas desde insólitos organismos, como el nuevo ministerio de Capital Humano. El presidente acompaña ese cambalache con enunciados místicos y esotéricos mensajes de conversión al judaísmo medieval

27/12/2023

 

Autor: Claudio Katz

 

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