Unificación forzada: cómo se desmanteló el poder kurdo en Siria
Presentadas durante años como la principal herramienta contra el Daesh, las Fuerzas Democráticas Sirias fueron desplazadas cuando el poder en Damasco comenzó a alinearse con Occidente. El acuerdo de integración y la pérdida del control territorial evidencian un reacomodamiento estratégico de Estados Unidos.
Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) se mantuvieron presentes en Siria desde su fundación en el 2015 bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo islámico, contando con el financimiento y protección de Estados Unidos a partir de sus inicios.
Estas fuerzas, que operaron a partir de las Unidades de Protección Popular (YPG), fueron presentadas como las milicias que lograrían eliminar al Daesh de Siria, respondiendo a la formación y mando del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).
Construyendo una ideología anti-Assad, las FDS operaron en el terreno como un grupo que apoyaba el separatismo sirio. Washington utilizó a las fuerzas kurdas como un elemento de desestabilización durante la Guerra Civil, para proporcionar aún mayores tensiones en las minorías sirias y construir un aliado clave que atente contra la autoridad del gobierno.
Pero con el derrocamiento de Bashar Al Assad la escena comenzó a modificarse muy rápidamente. En noviembre y diciembre de 2024, cuando el grupo descendiente de Al Qaeda y el Frente Al Nusra, Hayat Tahrir al-Sham (HTS), tomó Damasco, las FDS asentaron sus posiciones en el noroeste sirio, un espacio rico en petróleo y recursos naturales.
El HTS, bajo la dirección de Ahmed Al Sharaa, realizó el golpe de estado con ayuda turca y estadounidense, dos actores interesados en eliminar la influencia baazista en Siria. A partir de ese momento, el peso de ambos países comenzó a aumentar de manera exponencial en el Palacio de Damasco.
Al Sharaa respondió fervientemente a las indicaciones extendidas por Estados Unidos desde los inicios de su liderazgo, a cambio, Washington aseguró protección, respaldo internacional y flexibilización de las sanciones sobre el país. Además el líder de factor, buscado por la CIA por su pertenencia a Al Qaeda, aceptó unirse a la lucha contra el “Estado Islámico” (Daesh) en Siria, rol que ocupaban las FDS.
En ese sentido, el valor con el que contaban las FDS para la mirada estadounidense comenzó a disminuir, dado que el eje del poder de todo el país viró a responder a los intereses occidentales.
Al mismo tiempo, Türkiye ha presionado históricamente el desarme y desaparición de las fuerzas kurdas y al pensamiento de la autonomía del Kurdistán, en el marco de su proyecto “Türkiye libre de terrorismo”. A mediados de 2025, logró negociar con el líder del PKK, Abdullah Öcalan, su potencial liberación a cambio del cese de las operaciones militares de sus fuerzas.
Con esta nueva directiva, las fuerzas kurdas nacidas para luchar por la autonomía de la nación que defienden, debían abandonar la lucha armada en pos de nuevas perspectivas direccionadas a la difusión de su mensaje por otras vías políticas.
De esta manera, las principales bases que mantenían en pie el funcionamiento de las Fuerzas Democráticas comenzaron a desmoronarse. Las FDS ya no eran el principal proxy estadounidense en Siria, ni acataban los principios del PKK; las fuerzas debían reorganizarse para mantener su presencia en el país.
Un intento de unión
El gobierno de transición de Ahmed Al Sharaa se presentó ante el mundo como el “salvataje” para los sirios luego de las décadas comandadas por Bashar Al Assad. Esta narrativa responde a los esfuerzos occidentales para desmantelar la presencia de gobiernos árabes y musulmanes que no coordinen con sus intereses y no permitan un saqueo deliberado de sus recursos.
El HTS construyó un discurso escénico de unión y reconstrucción de Siria, focalizando en la integración de las diferentes facciones existentes que se habían rebelado contra el gobierno de Assad.
Esta narrativa se desmorona luego de observar la persecución llevada adelante por las nuevas fuerzas gubernamentales hacia las comunidades alauitas, así como a las ex autoridades, comandantes y defensores del anterior gobierno. Además de los ataques contra civiles e infraestructura, el silencio contra la ocupación israelí y la imposición de nuevas normativas para desarrollar al Estado.
Sin embargo, en el marco de las relaciones internacionales los países occidentales compran esta historia. En ese sentido, una de las propuestas iniciadas por el gobierno de facto de Damasco fue la integración de las Fuerzas Democráticas al órgano gubernamental.
Diferente a lo que se propone para Hezbollah —ya que la única opción que se le da el movimiento de la Resistencia libanesa es el desarme—, Siria y Estados Unidos esbozaron un acuerdo de ocho puntos para convencer a las FDS que su rol debería estar constituido dentro de las fuerzas estatales.
Esta movida política fue apoyada por Türkiye, que siempre se ha mostrado arisca a cualquier institución de autonomía kurda.
El 10 de marzo se anunció el tratado, que oficializaba la integración de las fuerzas kurdas al ejército sirio. Sin embargo, su implementación no se hizo efectiva en el 2025.
Las disparidades entre las partes se reprodujeron durante todo el año, Mazloum Abdi, el líder de las FDS proponía un modelo de integración federal o autónomo, intentando preservar sus estructuras de autogobierno y una cadena de mando independiente, a diferencia de lo que esperaba Damasco. La región noroeste, que incluye gobernaciones como Alepo y Hassakah, son la principal fuente de recursos energéticos del país, por ello, para el gobierno sirio permitir la autonomía de las FDS y que los yacimientos más ricos del país continuaran bajo su tutela no era opción.
El acuerdo se mantuvo estancado y la disminución de financiamiento de los dólares estadounidenses que recibían las fuerzas kurdas redujeron sus capacidades de mantenimiento, amplificando una fragilidad utilizada por el ejército sirio a su favor.

El enero en que los kurdos sirios perdieron todo
El 2026 inició con una escalada de tensiones entre el ejército sirio y las Fuerzas Democráticas. El 8 de enero, los soldados gubernamentales lanzaron una operación en los barrios de Ashrafieh y Sheikh Maqsoud de Alepo donde atacaron infraestructura, espacios civiles, efectivos y posiciones de las FDS. Además emitieron órdenes de evacuación para los residentes, permeando la ciudad de caos y descoordinando la concepción de unidad que buscan aparentar.
En tan solo diez días, las fuerzas nacionales lograron tomar la zona ocupada por los kurdos y concretar un acuerdo de alto al fuego que prometía la cesión de poder por parte de las FDS de la región noroeste, además de su integración al órgano estatal como se buscaba con el acuerdo de marzo de 2025.
Tras reuniones entre autoridades sirias, el enviado estadounidense para Damasco y embajador en Türkiye, Tom Barrack, funcionarios turcos como el Ministro de Asuntos Exteriores Hakan Fidan, y representantes de las FDS, se concretó el “Acuerdo de Alto el Fuego e Integración Plena” que incluye una hoja de ruta militar y política.
Algunos de los puntos claves del acuerdo son:
- La cesión de las gobernaciones de Deir Ezzor y Raqqa así como los cruces fronterizos, yacimientos de petróleo y gas al gobierno.
- La transferencia de todas las instituciones estatales en Hasakah y los cruces fronterizos a la autoridad central, conservando las funciones de seguridad interna dentro de la gobernación.
- La aceptación de integración al Ministerio de Defensa e Interior del personal militar de las FDS.
- La expulsión de todos los miembros no sirios de su movimiento.
- La confección de listas de oficiales pro Assad que estén presentes en zonas del noreste de Siria.
- La entrega del control de los prisioneros y campos de Daesh al gobierno sirio.
Objetivo cumplido: control del petróleo
Los sucesos acontecidos en las últimas semanas en Siria reflejan la reorganización de intereses que ha estado llevado adelante Estados Unidos desde su financiación al golpe de estado contra Bashar Al Assad.
Washington abandonó cinco de sus ocho bases principales en el país durante el último año, al mismo tiempo que el estado israelí ocupó terreno y sentó bases al sur sirio, extendiendo su presencia más allá de los Altos del Golán ocupados.
La presencia militar se convirtió de menor prioridad a partir de que el ejército de la autoridad central comenzara a responder a los intereses la Casa Blanca. De esa forma, la toma de los recursos se vuelve más directa y sin necesidad de otros actores de por medio.
La región siria de Jazeera, que abarca las gobernaciones de Hasaka, Raqqa y Deir Ezzor, es una fuente de energía, alimentos y agua para todo el país siendo el mayor centro productivo de materia prima de Siria. Empero, la situación de crisis económica que el gobierno de Sharaa atraviesa no le permite invertir en su explotación. Aquí aparece Estados Unidos, como inversor internacional.

Para tomar la región, la Casa Blanca sabía que debía liberarse de la complicidad que mantenía con las FDS. Ankara y Washington han estado enfrentados en la cuestión de las fuerzas kurdas, por la fuerte posición turca en contra de la concepción del Kurdistán. En ese sentido, Trump sabía que contaría con la ayuda de la potencia asiática si proponía la gestión de su disolución por medio del acuerdo de integración.
Sin embargo, es probable que Estados Unidos aún no se desprenda con totalidad de las Fuerzas Democráticas, ya que le aseguran otro frente en caso de la pérdida de consenso gubernamental, así como un apoyo contra Türkiye en posibles futuras problemáticas regionales.
A pesar de la “gratitud” que los representantes públicos de las FDS expresan por la integración del grupo, las milicias sufren los ataques diarios por parte del ejército sirio.
Las FDS no han sido promulgadoras de la paz ni de la unión, pero la desvinculación que sufrieron por parte de su principal aliado les legó un torbellino de inseguridad para la población civil que protegían, así como un desprestigio de su labor política en el país.
Los verdaderos ganadores de este proceso de unificación son Estados Unidos por un lado, convirtiéndose en el principal inversor de los campos energéticos del área, y por el otro Türkiye, liberando la frontera de la fuerza que atenta contra la entidad soberana.
Fuente: PIA Global/Gianna Rosciolesi

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